a incierta sospecha de que el dengue
esté siendo usado como arma en
América Latina después de ser
testado en Cuba me atormenta
mientras busco a Morfeo en la pelea
diaria con mi jergón.
Una epidemia en Bolivia y otra en
Paraguay han desatado todas mis
sospechas, los entendidos en guerra
biológica y bacteriológica no dudan
de la capacidad cubana para diseñar
un virus, bacteria u otros disímiles
gérmenes.
¿Por qué han salido últimamente
informaciones sobre laboratorios
secretos y guerra bacteriológica? ¿Habrá
gente demasiado bien enterada que
quiere mandar un mensaje claro pero
sin advertir del contenido real?
El Aedes y el dengue han sido una
gran preocupación para mí pues he
visto de cerca de lo que son capaces
de hacerle a un cuerpo humano joven,
fuerte y sano, convertirlo en un
fantasma pálido que preludia el paso
a la otra vida.
Reconociendo que existen medios para
realizar una mutación de laboratorio
en el virus del dengue, convendremos
a su vez que sería posible diseñar
una vacuna específica para evitar el
contagio. Esto es lo que más
interesa al desgobierno cubano, una
vacuna efectiva contra las nuevas
acepciones de esta enfermedad.
El asunto no debe ser nada sencillo
pues si el virus mutado
genéticamente fuera capaz de mutar a
voluntad, ante las disímiles
adversidades que enfrentara para
medrar en su transmisión, se
convertiría en un caballo desbocado
imposible de parar.
Si los científicos cubanos hubieran
sido capaces de enfrentar estos
desafíos con éxito, no tardaríamos
mucho en comprobar que el dengue se
convierte en un problema de primera
magnitud en toda América y en Europa,
luego como un gran salvador,
aparecería la conquista cubana de
haber sido capaz de sintetizar con
éxito una vacuna que resultara
indispensable para enfrentar la
amenaza. Todavía más allá resultaría
si los Institutos Cubanos fueran
capaces de prever la mutación anual
del virus y modificar oportunamente
la vacuna todos los años, quizás
después de haber creado antes la
mutación.
Las posibilidades de viajar en el
siglo XXI harían el resto y la
epidemia resultaría fácil de ser
convertida en pandemia por los
disímiles fenómenos migratorios de
cada zona y por el inocente turismo
de negocios o placer.
La comercialización de la vacuna se
convertiría en una fuente de
ingresos tan importante para el
desgobierno cubano que sería
equiparable a la explotación de
varios pozos petrolíferos y
contribuiría decisivamente al
mantenimiento de la revolución.
Ustedes
saben que se reportaron el año
pasado diversos artículos en los que
se hacía patente que algo había
cambiado en el Aedes Aegypti, el
mosquito transmisor del dengue, el
insigne animalito que solo medraba
en aguas turbias o albañales había
conseguido germinar en aguas limpias,
este factor contribuyó decisivamente
a que la batalla contra el mismo
fuera casi imposible de ganar.
El brote de dengue comenzó el año
pasado en las proximidades de
Santiago de Cuba, el mes pasado se
pudieron conocer noticias de que
había comenzado de nuevo.
¿Se
estará ensayando con la indefensa
población cubana?
¿Estarán las instalaciones secretas
de investigación próximas a la zona?
¿Serán los brotes de la enfermedad
fallos en los laboratorios o será
todo una maniobra de desinformación
de la inteligencia cubana para hacer
creer una situación del laboratorio
secreto muy distinta de la real?
Las colaboraciones sanitarias del
régimen cubano con sus aliados son
un pretexto para mantener la buena
imagen de la revolución castrista en
el exterior, pero ¿que pensarían los
países, que son presuntamente
ayudados por los sanitarios
internacionalistas cubanos, si
supieran que estos son empleados
para transmitir el virus de una
enfermedad para que esta resultara
endémica en esa zona con el único
objetivo de vender a posteriori
vacunas al por mayor?
¿Son los asesores militares
inoculados con algo más que vacunas
para viajar al exterior como
asesores de seguridad u otros
disímiles desempeños?
¿Están los sanitarios cubanos
desempeñando irrestrictamente su
labor o a la par que curan están
transmitiendo una nueva enfermedad?
La verdad es que resultaría ideal
como manera de transmitir el virus
que el vector resultara ser
completamente insospechado,
prácticamente nadie creería que los
asesores, militares, médicos y
sanitarios que van al continente
están inoculando a sus congéneres.
Pero todavía resultaría más
aterrador que el vector fuera
inocente e insospechado incluso para
él mismo, pues si tras las oportunas
sesiones de vacunación hay quien
enferma, nadie piensa más allá de
algún efecto secundario de los
pinchazos y si necesita tratamiento
es medicado inmediatamente en el
destino, por lo que ningún vacunado
sospecharía que en realidad ha sido
inoculado con un virus.
Una vez en el exterior de Cuba solo
hay que dejar que la naturaleza
actúe, más pronto que tarde las
picaduras de algún inopinado
mosquito de la familia Aedes llegará
a sorber el veneno por su minúscula
trompa consiguiendo que el siguiente
individuo, objeto de su punzante
atención, sea ya un futuro nuevo
vector y transmisor de la enfermedad,
y así sin rienda alguna hasta
alcanzar proporciones incalculables.
¿Hay en
Cuba elementos capaces de urdir una
estrategia como esta o similar y
llevarla a la práctica en presunto
beneficio de la revolución cubana?
Mi respuesta a esta pregunta es un
rotundo, “por supuesto”, todavía
más, incluso para su solo beneficio
o el de un grupo afín.
La educación revolucionaria es capaz
de engendrar monstruos de este
calado e incluso peores; la moral y
la ética son presa fácil en las
universidades castristas de las
alimañas en busca de talentos en
bruto para que la revolución
continúe ejerciendo la tiranía del
terror, todo individuo que deba ser
doblegado lo será o perecerá, física
o psicológicamente hablando, en el
intento de evitar ser dominado por
su adoctrinado instructor.
Si las sospechas de operaciones como
estas o similares llegaran a
convertirse en certidumbre, acaso la
comunidad internacional dejaría de
echar esas miradas, mezcla de
nostalgia y admiración, hacia la
Mayor de las Antillas y verían al
Uno como lo que realmente significa
para los cubanos, el causante de
todas sus desdichas.
El otro día un palestino comentó que
radio bemba dice que van a enterrar
a Castro boca abajo... para que si
despierta y empieza a escarbar acabe
en China...
Este es
el amor que a los castristas se les
profesa, sin el equipo de seguridad
más numeroso de iberoamérica y unas
organizaciones nacidas para reprimir
a su propio pueblo, hace ya tiempo
que los auténticos cubanos hubieran
tomado el poder.
Espero que esta reflexión les haga
ver, muy en serio, a los americanos
y europeos que son partidarios de
apaciguar a la bestia para poder
dominarla, a la revolución cubana
como cualquier animal salvaje,
podría ser falsamente domada a costa
de seguir alimentándola con la
sangre de sus hijos...
Pero, ¿Se atrevería alguno de estos
domadores de pulgas a darle la
espalda a la bestia dentro de la
jaula? Lo dudo, estos defensores de
la negociación son muy buenos
planteando soluciones a miles de
millas pero ninguna les afectan a
ellos en absoluto, si pensaran por
un momento en la represión a la que
se somete a los injustamente
encarcelados o a los disidentes
pacíficos su opinión sería bien
distinta.
Los partidarios del apaciguamiento y
la negociación olvidan que es la
libertad para poder opinar lo que se
le hurta al pueblo cubano por lo que
la única manera válida de intentar
paliar las necesidades que se
arrostran en el devenir diario
consiste en hacer ver a la
nomenclatura cubana que no hay otro
camino tras la muerte de Castro que
la democracia.
Desde aquí mando un mensaje de
aliento a todos los presos que, como
Antúnez por citar a uno, plantan
cara como buenamente pueden a sus
carceleros que atropellan sus
derechos a voluntad. Un mensaje de
ánimo a todos los activistas,
disidentes, miembros de ONG no
reconocidas, partidos políticos y
particulares que siguen librando una
batalla completamente
desproporcionada con el aparato
represor de la tiranía castrista,
hoy nos queda un día menos para
vivir en libertad...
Delenda
Cartago.
Es
preciso destruir Cartago.
Catón el
Viejo.