
e voy a contar nuestro último viaje a los Países Bajos, que concluyó hace sólo dos días. Sé que tengo siete viajes anteriores pendientes por contarte, pero no te preocupes, cuando encuentre el tiempo necesario te prometo que lo haré. En las carpetas respectivas están los apuntes, billetes de transportes, de entradas a museos y monumentos, fotos, postales y souvenirs que me permitirán recordar lo máximo posible de lo más interesante.
A sólo tres horas de tren de la Ciudad Luz, Rótterdam fue una sorpresa muy agradable. Cuando salimos de la estación de trenes, nos pareció que estábamos en una ciudad del futuro; vimos enormes rascacielos en forma de cilindros, T, o pirámides, en acero y cristal, por todas partes. Nuestro hotel Rótterdam Hilton, estaba a solamente cuatro manzanas, por lo que fuimos a pie. Los arquitectos se han dado gusto en dar rienda suelta a sus imaginaciones en esta gran ciudad.
Las avenidas son muy amplias, con vías especiales a ambos lados para los millares de ciclistas. Al mismo tiempo por el centro van los numerosos y cómodos tranvías y como los automovilistas no claxonan, hay que tener mucho cuidado al cruzar una calle, pues te encuentras de pronto entre automóviles, autobuses, tranvías y bicicletas, cada cual por su senda y...en absoluto silencio. Le puedes agregar a todo esto, un excelente servicio de metro, inmaculadamente limpio, como todo en la ciudad. Enseguida comprendes que estás en una ciudad muy civilizada. Las escaleras del metro poseen semáforos, unas veces suben y otras bajan; además de los numerosos ascensores que permiten a los minusválidos en sillas de ruedas eléctricas desplazarse por toda la ciudad. Todos los edificios públicos están preparados para ellos.
Muchos canales cruzan la ciudad bordeados por sauces llorones. Por ellos nadan patos y cisnes tranquilamente. Abundan los bancos de madera para poder sentarse a leer o a admirar la calma de esos lugares, a lo largo de los cuales hay bellas mansiones. Las avenidas están también repletas de árboles, que como en los parques ofrecían una verdadera paleta de espléndidos colores otoñales.

Los billetes del transporte consisten en unas tiras de 15 rectángulos, en el tranvía debes marcar dos, mientras que en el metro se marcan tres. Cuestan 6,80 euros. En todas las estaciones de trenes, paradas de tranvías y autobuses, hay personas uniformadas que están allí para informar al público sobre itinerarios, visitas turísticas, horarios, etc. Una chica me ayudó el primer día a comprar el billete y fui depositando en la ranura del aparato las monedas, pero me faltaban 10 céntimos, que ella gentilmente me ofreció de su bolsillo. ¡Algo inimaginable en París! Otro día, marcamos las tiras en el aparato de un tranvía y nos equivocamos. Cuando pasó la inspectora nos dijo que habíamos marcado tres veces en lugar de cuatro, le dije que lo sentía mucho, que no lo había hecho a propósito, ella con una gran sonrisa lo perforó y me lo devolvió. ¡En París me hubieran puesto una multa de varias decenas de euros!
Subimos a la Torre Euromast ( 9 euros) por un ascensor en forma de platillo de cristal que va girando desde el restaurante que se encuentra a 96 metros de altura, hasta llegar a los 185 metros. Desde allí se puede admirar hasta los 30 kms. de distancia, toda la ciudad con sus rascacielos, parques, canales y sobre todo el puerto más grande del mundo. Fue inaugurada por la princesa Beatriz el 25 de marzo de 1960.
Tomamos el modernísimo yate Spido, de líneas aerodinámicas y cubierto por cristales azules, para visitar el puerto. Durante casi dos horas fue impresionante recorrer el Rin en cuyos bordes se levanta un verdadero bosque de gigantescas gruas, kilómetros de canales, pirámides de containers, astilleros, diques flotantes, etc., todo es superlativo.
Varios puentes ultramoderons y túneles, comunican ambas orillas del Rín al centro de la ciudad y del puerto.
El 14 de mayo de 1940 el bombardeo alemán destruyó casi completamente el centro histórico de la ciudad. Sólo se salvaron el Ayuntamiento, La Bolsa del Comercio y el monumento a Erasmo situado frente a la iglesia de San Lorenzo. En marzo de 1943, el bombardeo aliado acabó con el resto de la ciudad y casi todo el puerto. Más de 30,000 incendios destruyeron lo que quedaba en pie de la que fuera la floreciente ciudad de Rótterdam . Se perdieron construcciones de gran valor histórico y artístico, innumerables obras de arte, libros valiosos, bibliotecas completas fueron pasto de las llamas y... ¡tantas decenas miles de víctimas inocentes!
Hogaño el centro ciudad es peatonal y gigantesca zona comercial modernísima, donde se alzan enormes almacenes de lujo y tiendas por departamentos, entre cientos de boutiques. Frente al Ayuntamiento, un monumento de bronce de Mari Andriessen representa a una familia de tres generaciones, dedicado a las víctimas de la guerra. El abuelo con su bastón mira al nieto y éste al cielo. Fueron necesarias tres generaciones para que la ciudad recobrara su opulencia.
Al lado de él, la fachada de un inmueble moderno está cubierta por un mosaico que representa a un joven Erasmo a caballo camino de la ciudad de Basilea.
Durante toda su vida, el gran humanista Geert Geertsz, firmó como Erasmus Roterodamus. Nació en Rótterdam el 1469. Huérfano y pobre, se convirtió en monje en 1488 en el convento de Steyn y allí comenzó sus estudios sobre la antigüedad. A partir de 1493, comenzó a viajar como secretario del obispo de Cambrai. Logró una beca para estudiar teología en la parisina Sorbonne, mientras seguía escribiendo incansablemente. Durante una estancia en Gran Bretaña en 1499 conoció al que sería su mejor amigo, Thomas More, autor de La Utopía. En 1505, huyó de la peste que se extendía por Europa y consiguió una cátedra en la universidad de Louvain.
Incansable viajero, en 1506 durante una estancia en Italia, logró editar Les Adages. En Londres publicó en 1509 Elogio a la Locura.
Cuando Lutero publicó en 1517 sus 95 tesis que marcaron el inicio de La Reforma, Erasmo se encontraba en Louvain. Se negó a tomar parte en las rencillas religiosas y optó por mantenerse neutral, lo que le provocó problemas con la Facultad de Teología de Louvain, la cual condenaba las tesis de Lutero. En 1521 tuvo que refugiarse en Anderlecht, cerca de Bruselas y de allí continuar hacia la más tolerante Suiza. En la calma de ese país pudo continuar su obra literaria y publicar en 1521 una nueva edición aumentada de sus Coloquios, escenas dialogadas satíricas, que tuvieron un gran éxito entre los lectores de aquella época. Fue llamado por Dios en la ciudad de Basilea en 1536.

Nos sentamos a contemplar el monumento a Erasmo con la foto en las manos de como todo quedó destruido alrededor de él durante los bombardeos alemanes. Él allí, con un gran libro en sus manos, ha visto crecer y reconstruirse todo a su alrededor a lo largo de sesenta años. Frente a él se alza la bella iglesia gótica de San Lorenzo (del 1646). Sus puertas de bronce, vitrales, lámparas de bronce, etc., todo fue reconstruido tal y como era antes del horror de la guerra. Fue un verdadero regalo sentarse en su interior y escuchar el magnífico órgano rojo que interpretaba una sonata del gran Bach.
En la avenida Coolsingle, frente a la gran tienda De Bjenforf, se levanta un monumento en forma de un árbol cuyas ramas se alzan al cielo enredadas con fibras de acero. El escultor Naum Gabo quiso rendir homenaje a la reconstrucción de la ciudad.
A orillas del Rin, un hombre de bronce con las manos alzadas al cielo, grita, mientras cae hacia atrás. En su pecho abierto se puede constatar que falta el corazón. Es el monumento del escultor francés de origen ruso Zadkine (1953) que simboliza el martirio de la ciudad.

Una nota simpática fue el poster de publicidad de la obra de teatro The King Lear, de William Shakespeare. Representaba a un hombre grueso, desnudo, aparentemente en un estanque. Te enviaré la foto con otras que pueden darte una idea de este interesantísimo viaje.
En una esquina, frente a la heladería Ben & Jerry’s, dos niños se divertían con la escultura de los ositos, obra de Anne Grimdalen.
Fue emocionante recorrer el barrio de Delfshaven. Estuvimos en la Iglesia de los Padres Peregrinos, desde donde partieron esas personas en 1620 hacia Inglaterra, para seguir viaje hacia el Nuevo Mundo en el celebérrimo Mayflower. Se estaba celebrando en ese momento un bautismo. Está en el pintoresco canal Voorhaven, rodeado de bellísimas construcciones medievales, con bancos de madera bajo los árboles otoñales. Algunas parejas paseaban en bicicletas, mientras varios cisnes blancos nadaban entre las viejas lanchas ancladas. Entramos al molino y vimos hacer la harina y a la fábrica de soldaditos de plomo, donde aún hoy día se aplican las técnicas antiguas. En el Museo de Historia de la Ciudad, están reproducidas las habitaciones de las casas con sus muebles de los distintos siglos. Fue un bello baño de pasado holandés.
Mi recordada Ofelia, mañana te escribiré la segunda parte de este viaje, me faltan muchas cosas curiosas e interesantes por contarte.
Un gran abrazo de quien te quiere siempre,