
esde hace tres días, Francia vive en medio de una huelga de transportes públicos: trenes, autobuses, metros, tranvías, etc., brillan por sus ausencias.
Ir a trabajar se convierte en una verdadera expedición, hay que caminar kilómetros, entre un tráfico caótico digno de El Cairo o Nápoles. Decenas de miles de motocicletas y de bicicletas avanzan como pueden. La indisciplina es generalizada. Ayer demoré tres horas y medias en llegar a mi trabajo y tres horas para regresar a casa. Normalmente cada trayecto me lleva 50 minutos. Todo debido a que el Estado propone la abolición de los privilegios en cuanto a los años de cotización para poder obtener la jubilación : 40 años para todo el mundo. El derecho al retiro será a partir de los 60 años y no a los 50, como tienen aún hoy como privilegio los empleados de los transportes públicos.
Y en medio este caos parisino, ha aparecido un cartel de publicidad del ron Havana Club en los pasillos de los metros, en las estaciones de tranvías y autobuses, en los costados de los pocos autobuses y tranvías que circulan. Se pueden ver también colgando en gigantescos carteles desde los techos de las grandes estaciones de trenes, sobre las muchedumbres de miles de personas que esperan durante horas la salida hipotética de un tren, que les lleve de regreso a casa después de una penosa jornada de trabajo.
Se trata de una foto nocturna tomada desde el último piso del Hotel Habana Libre, aquel que se inauguró como Havana Hilton cuando La Habana era Libre. La ciudad es roja y yo me pregunto por qué: ¿Será por el comunismo? ¿Será por la sangre derramada por tantos dramas pasados o por venir? ¿A lo mejor por el calor intenso, que según la publicidad provoca el tomar ese ron?
Como estuve más de una hora frente a uno de esos carteles en la estación de metro Gare Saint Lazare, me dio tiempo a llevar mi mirada desde la Iglesia de Nuestra Sra. del Carmen de Neptuno e Infanta ( donde me casé y bauticé a mi hijo), bajar por la calle Neptuno hasta el inmueble donde estaba la farmacia en la esquina de la calle Hospital, llegar al parque de Trillo, subir por la calle Aramburu y doblar a la derecha en la esquina de San José, hasta el inmueble del Oso Blanco, de allí a la derecha y frente al inmueble de Las Dos Niñas de la calle Soledad , ver las ventanas del primer piso de mi casa iluminadas. ¿Quién vivirá allí ahora? A continuación decidí, como pasatiempo, encontrar en la enorme foto a muchos lugares de mi adolescencia: los inmuebles donde vivieron: Susi, Isolina, Conchita y Mimi, Sonia, Maguy, Pepito el Rubio, Celita y Juan, Tayde y Sabina, Cuca y Ñico, los cines Astral, Strand e Infanta, Lámparas Quesada, El Colmao Club, El Toky Ona, etc.
Aquí te mando la foto. Quizás tú encuentres algunos lugares que te traigan buenos recuerdos de nuestra San Cristóbal de La Habana. Claro que en la capital de la Isla del Dr. Castro el transporte público aparentemente está en huelga desde hace casi medio siglo. Pero como los habaneros no tienen los cientos de miles de coches o motos para ir al trabajo, la situación no es la misma. Además no creo que a alguien se le ocurra pasar una hora observando un cartel con el Coma-Andante en Jefe o con Chávez.
A propósito, ¿Cómo se llamará el próximo país: Cubazuela o Venecuba? ¿Tendremos un nuevo Líder Máximo por treinta o cuarenta años más, para vivir en "el mar de la felicidad"? Pero bueno, esa es otra historia.
Te quiere siempre,