EL DECEPCIONANTE PROCEDER DE LULA DA SILVA. UN ANÁLISIS


Jorge Hernández Fonseca
Desde Brasil
www.cubalibredigital.com
 

 

14 de mARZO de 2010

 

 


l pifio papel que el actual presidente de Brasil está jugando en la arena internacional,
cosechando sucesivos y desastrosos desaciertos elementales, unido a un torpe manejo de su política doméstica en lo relativo a la designación de su potencial sucesor --en este caso, sería una sucesora-- me llevan de la mano a una profundización de las causas que motivarían semejantes descompases, como observador privilegiado del acontecer político brasileño.

Para un análisis integral de los de “barbarismos” cometidos por Lula en el pasado reciente, es importante dividir el acontecer político brasileño en dos grandes campos: el campo económico por un lado, asociado a los éxitos que la economía brasileña viene cosechando en los últimos años, a partir de lo cual el gobierno de Lula da Silva se ha proyectado --tanto nacional como internacionalmente-- como excepcionalmente positivo; y el campo político por otro lado, tanto interno como externo, desde el cual surge una sucesión errática de decisiones desastrosas.

Remontándonos a la elección que decidió el primer mandato de Lula, es importante decir que para enfrentar la misma, el equipo de asesores de su campaña convenció a Lula a publicar, meses antes de las elecciones presidenciales, una llamada “Carta-manifiesto al Pueblo Brasileño”. Esta “Carta”, se dice en medios informados brasileños, fue pactada previamente en entre Lula y el sector financiero brasileño y mundial. Lula se comprometió a conservar los aspectos macroeconómicos del “sistema” brasileño precedente, si es que resultaba electo.

En el momento de la publicación de la mencionada “Carta”, el jefe de campaña de Lula da Silva a la presidencia era José Dirceu, --también presidente del Partido de los Trabajadores, PT-- se dice que artífice de semejante estrategia. Lula resultó electo y cumplió su promesa nombrando presidente del Banco Central Brasileño a Enrique Mierelles, un brasileño naturalizado norteamericano, que poco tiempo atrás había dejado el cargo de Presidente Mundial, nada menos que del Bank de Boston, es decir, todo un representante de la Banca internacional.

Como si lo anterior fuera poco (Lula nombrar a un banquero norteamericano al frente de su Banco Central) hay que decir que Mierelles, al momento de las negociaciones del equipo de Lula con el sector financiero --que obligó a Lula da Silva a firmar la “Carta”-- era militante del Partido de Fernando Enrique Cardoso --en la época presidente saliente del Brasil-- el Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB. Mierelles se desafilió del partido de Cardoso y pasó a dirigir, sin partido, la política económica del gobierno Lula desde el Banco Central, hasta hoy.

Estas circunstancias poco triviales, han inducido a determinados analistas a efectuar más de un análisis respecto a los pretendidos éxitos del gobierno de Lula, teniendo como base razonamientos como el siguiente: los sucesivos éxitos cosechados por el gobierno Lula, tanto nacional como internacionalmente, han sido principalmente en el área económica, en manos de un banquero, ex presidente del Bank de Boston. En el área política, tanto en el primer mandato, como en su segundo mandato, han existido luces y sombras, con predominio de las sombras.

Para el mundo exterior resultó una agradable sorpresa que Lula da Silva, un izquierdista amigo de Fidel Castro y fundador junto a él del Foro de San Pablo, presidente del mayor partido de la izquierda latinoamericana, hiciera un gobierno --en el área económica-- prácticamente idéntico al gobierno anterior de Cardoso, explicado por tener a Enrique Mierelles en el Banco Central.

No está muy clara la estrategia de Lula y sus asesores a la hora de pactar con el sector financiero. Un punto evidente fue la necesidad de “tomar el poder” en elecciones democráticas, que sin la publicación de la “Carta” jamás se hubiera producido. Lula había perdido tres elecciones presidenciales sucesivas con un programa de izquierda, al que renunció en su “Carta”. Hay que decir que José Dirceu, principal asesor de Lula entonces, fue nombrado como Ministro de la Casa Civil del presidente Lula, un equivalente a Primer Ministro, pues de hecho era el jefe de los ministros del primer gobierno de Lula da Silva, donde acumuló ‘todo’ el poder.

Dirceu se había exiliado en Cuba durante la dictadura militar brasileña y en la isla estableció lazos importantes con los servicios secretos cubanos, al extremo de estos hacerle en la Habana una operación de cambio de rostro, para regresar clandestinamente e infiltrase en Brasil, en la etapa final de la dictadura militar. Esta relación lo hace sospechoso de responder, más a los intereses cubanos en Latinoamérica, que a los propios intereses brasileños a los que se debe.

Fue precisamente Dirceu el causante del primer gran desastre político del gobierno de Lula en su primer mandato. Acusado de ser el jefe de un esquema de soborno contra el poder legislativo, en un escándalo conocido como el “mensualón” (porque la pandilla de Dirceu repasaba jugosas mensualidades a los diputados federales y senadores) para que estos votaran a favor del gobierno en las decisiones de la legislatura brasileña. Dirceu fue depuesto de su alto cargo de Primer Ministro y actualmente es procesado por el Tribunal Supremo.

En la época del escándalo del “mensualón” Dirceu, desde su cargo, fungía como vínculo del gobierno Lula con los ideólogos del “Socialismo del Siglo XXI”, Hugo Chávez, Evo Morales y su mentor y soporte Fidel Castro, al extremo de “llegar a las lágrimas” al encontrarse con Fidel Castro en la Habana, durante la primera visita de Lula a la isla como presidente electo.

Hay conjeturas de que la estrategia de Lula --y de la extrema izquierda del PT-- era cumplir con la promesa escrita en la “Carta-manifiesto al Pueblo Brasileño” manteniendo la política económica brasileña dentro de los causes ortodoxos convencionales, pero al final del segundo mandato de Lula (ahora) postularía para la presidencia a José Dirceu, que podría ya comenzar a trazar políticas más a la izquierda, llevando a Brasil a la órbita castro-chavista directamente.

De hecho, la candidata propuesta ahora por el partido de Lula como sucesora de Lula en la presidencia de Brasil es la ministra Dilma Rousseff, precisamente la actual ocupante del cargo que dejó vacante Dirceu. Rousseff ya se perfila como potencial artífice del cambio de política de Brasil, llevándolo más a la izquierda. No están claras todavía las intenciones de voto ni los candidatos contrarios, pero se puede inferir que el Partido de los Trabajadores quiere hacer ahora lo que no pudo hacer en los 2 mandatos de Lula: llevar a Brasil al castro-chavismo.

Es en este complejo contexto que Lula se ha movido con una política oportunista: permite una política económica interna de corte liberal (según los estándares latinoamericanos) que ha cosechado triunfos nacionales e internacionales (en su comercio exterior), mientras que en la política externa se alía a decisiones que convienen al bloque castro-chavista, llegando incluso a abrir camino para el apoyo brasileño al Irán de Ahmadinejad. Lula maneja su política exterior de manera ideologizada, mediante un asesor que el PT le impuso, Marco Aurelio García, y alienta el ala izquierda de Itamaraty, encabezada por Celso Amorín, su actual ministro del exterior.

La política externa de Lula da Silva ha tenido altos y bajos. Las partes altas de su política exterior --todas-- son decurrentes de su desarrollo económico interno, en manos de Mierelles. Las partes bajas de esta política, no ha podido ser más desastrosa. Por un lado, se alió desde su primer mandato al dueto Hugo Chávez-Fidel Castro, permitiendo que militantes de esa causa como Evo Morales --contra los intereses nacionales brasileños-- confiscara sus inversiones en Bolivia sin enfrentar adecuadamente semejantes desmanes. Esta política se ha repetido ahora con Paraguay y los contratos con la hidroeléctrica de Itaipú, perjudicando a Brasil.

Sin embargo, el fiasco de política externa más sonado de Lula vino con su alianza al castro-chavismo en el caso de Honduras, donde no solamente el Brasil de Lula condenó el golpe de estado contra Zelaya, sino que llegó a rendirse a los pies de Chávez, concediendo a Zelaya el abrigo en su embajada en Tegucigalpa, en un fallido intento de retomar la presidencia, para desde la misma ensayar el asalto a poder total que el golpe de estado cercenó meses antes.

Es en estas circunstancias que Lula da Silva realiza su deplorable visita a los hermanos Castro, precisamente el día que murió el patriota Zapata Tamayo. Si fuera real que el partido de Lula pretende ahora imponer el castro-chavismo mediante su sucesora (que haría en el gobierno lo que le fue prohibido a Dirceu); si fuera cierto que hubo una estrategia a medio plazo para imponer el castro-chavismo en Brasil, cuando en la primera elección de Lula se dejó establecer un área económica liberal ortodoxa (y no izquierdista) para posteriormente hacer elegir a un sucesor (sucesora) de Lula, que hiciera lo que Lula se comprometió a no hacer. Entonces --sólo así-- pudiéramos explicar las frases de Lula alabando y riendo junto a los hermanos Castro, en medio del luto nacional por la muerte de Zapata Tamayo, comparando además a los disidentes cubanos en huelga de hambre por la defensa de sus derechos, a los “bandidos” de San Pablo.

 Si todas las inferencias anteriores fueran reales, estaríamos frente a un Lula da Silva diferente a la imagen que siempre se ha proyectado. Sabríamos así que estableció una estrategia a medio plazo para la implantación en Brasil de un régimen como el de Hugo Chávez en Venezuela, o el de Fidel Castro en Cuba (o una variante brasileña de estos), que incluyó dos primeros mandatos ortodoxos en la economía, para ganarse la confianza de empresarios y banqueros, de manera a poder, por las urnas, elegir a un sucesor sin compromisos con la “Carta”, que implantaría en suelo brasileño lo que él entiende como sistema ideal: el castro-chavismo.

En cualquier caso, la actual candidata de Lula a la presidencia, Dilma Rousseff, no es José Dirceu. A pesar que Rousseff fue guerrillera y participó de la lucha armada contra la dictadura militar desde los grupos “revolucionarios” de la extrema izquierda, no parece probable su triunfo en la actual campaña electoral, por dos razones básicas: primero, Dilma Rousseff jamás fue electa a un cargo público en elecciones, ya que se proyecta como una persona autoritaria e impopular; y segundo, porque su selección fue hecha “a dedo” por Lula, para estar en el control de las decisiones presidenciales si es electa. Eso, por suerte, lo sabe todo el pueblo brasileño.

Los planes originales de moverse más a la izquierda en un potencial gobierno de José Dirceu, contaban con el conocimiento y la complicidad de Fidel Castro y Hugo Chávez, lo que ahora no sucede de la misma manera con Dilma Rousseff. De cualquier manera y como ya hicieron antes en las todas las elecciones de Lula, Fidel Castro y Hugo Chávez financiarían --si fuera preciso, pues Lula cuenta con el presupuesto brasileño-- la campaña presidencial de Rousseff.

    Lo antes expuesto no justifica las estupideces de Lula da Silva relacionadas con la sociedad cubana y mucho menos explica las imperdonables barrabasadas contra los luchadores y mártires cubanos por la merecida libertad para su pueblo. Pero sabiendo que no es que Lula da Silva haya cometido “errores de enfoque” con la disidencia cubana, sino que es un castrista convencido, comprenderíamos mejor la esencia en los procedimientos de estos mandatarios idiotizados --como son Lula y Chávez-- por la ideología y el carisma de un dictador que oprime a su pueblo, mientras pretende expandir su dominio a toda Latinoamérica usándolos a su favor.