Nicaragua Ante una Crisis Institucional
 



Ciudad de Miami
25 de octubre de 2009
 



odo
lo que se identifica como fuerzas vivas de la nación nicaragüense y los partidos políticos de oposición al gobierno del Presidente Daniel Ortega, están oponiéndose frontalmente, razonadamente, a la arbitraria decisión de la Sala Constitucional de la Corte Suprema que declaró “inaplicable” el Artículo 147 de la Constitución de Nicaragua que prohíbe la reelección consecutiva. La nulidad de esta decisión descansa sobre el hecho de que la Sala fue integrada con la ausencia de tres magistrados liberales de los seis que la integran, los cuales fueron reemplazados, arbitrariamente, por sustitutos sandinistas. Los magistrados que estuvieron ausentes alegaron que no fueron convocados en forma adecuada con el tiempo necesario para integrar la Sala. Y uno de ellos estaba fuera del país. Lo cierto es que hubo una maniobra contraria al espíritu y la letra de la Constitución y de las normas democráticas para que la Sala Constitucional produjera una sentencia a velocidad vertiginosa, declarando que un artículo de la Constitución, el mencionado 147, es inaplicable.

La decisión de que es inaplicable un artículo de la Constitución no responde en modo alguno a la técnica que regula el derecho constitucional en materia de interpretación. Si fuese legítimo lo ocurrido en Nicaragua ahora, en cualquier momento la Constitución, sin una Asamblea Constituyente debidamente convocada, podría ser modificada a través de una sentencia de una Sala de la Corte, sin la participación de todo el Poder Judicial.

Aunque es sumamente lamentable la maniobra, que constituye una violación del Estado de Derecho, tiene quizás como ventaja el hecho de que ha despertado la conciencia nacional en el sentido de movilizar valiosos recursos cívicos del país a favor de la reivindicación de su vida institucional entendida en términos de democracia y de república. Además, en el campo internacional, ante la irritante situación provocada por los jueces sandinistas, se ha producido una condena con el propósito de frenar la carrera antidemocrática que están llevando a cabo varios gobiernos dentro del sistema interamericano, incluyendo la agresión contra la soberanía de Honduras de parte de esos gobiernos y también de la misma Organización de Estados Americanos. Es decir, se considera que este caso nicaragüense forma parte de una gran conspiración de varios gobiernos de la región contra las instituciones democráticas.

Los partidos políticos de oposición y la sociedad civil están sometidos en Nicaragua, en estos momentos, a una trascendental prueba para mantener en alto el valor de las instituciones auténticas de
la república.