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s tristemente interesante, tristemente indignante, todo lo
que ha ocurrido desde el 28 de junio del 2009 en relación con
Honduras, cuya soberanía ha sido ultrajada por organismos y
gobiernos interamericanos y por gobiernos extranjeros de Europa.
Desde el punto de vista jurídico y político se está cometiendo un
grave delito contra esa soberanía, contra el gobierno que en
sucesión constitucional está ejerciendo el poder público en la
mencionada nación. Honduras es víctima de una agresión e
intervención internacionales que constituyen un precedente peligroso,
por decir lo menos, para la vida institucional y democrática del
sistema interamericano.
La agresión a Honduras ha llegado a los extremos de que en una
abierta violación de la Convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas entre estados, el gobierno del Brasil ha prácticamente
convertido su embajada en Tegucigalpa en un bastión de subversión
interna, acogiendo como “huésped” al derrocado presidente Zelaya
acompañado de partidarios cuyas fotografías reflejan que la sede
diplomática se ha convertido en un desordenado cuartel. Desde la
azotea y balcón del edificio Zelaya, con su sombrero en la cabeza y
el micrófono en la mano, alienta a sus partidarios para que al
terminar sus arengas salgan a las calles a alterar el orden público
y a destruir comercios y vehículos. La otrora prestigiosa
cancillería de Itamaratí, como históricamente se conoce la sede del
Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, se ha burlado
abiertamente, desenfrenadamente, de la Convención de Viena que
categóricamente prohíbe lo que se está llevando a cabo desde hace
más de un mes en la residencia de la Embajada de Brasil en
Tegucigalpa, a la cual llegó Zelaya, procedente del extranjero,
subrepticiamente, lógicamente en forma coordinada. Ha habido
tolerancia del gobierno constitucional hondureño, aun cuando éste ha
reclamado que se identifique el status de Zelaya, quien no puede
estar como “huésped”, porque en todo caso debería ser considerado
como asilado, en cuyo caso hay que cumplir los trámites
correspondientes de acuerdo con las convenciones pertinentes.
Por otra parte, la Organización de los Estados Americanos, OEA
, ha establecido un precedente sumamente peligroso en este caso, aun
cuando se quiera disfrazar de defensa de la democracia en Honduras y
en contra de lo que llama “golpe de estado”, ignorando la
sustitución constitucional de Zelaya por el actual Presidente
interino Roberto Micheletti.
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