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duda alguna los diplomáticos de carrera del Brasil, donde ha
funcionado la cancillería más técnica y más seria de Iberoamérica,
deben estar abochornados de saber que en la actualidad esa
cancillería está estimulando u organizando una violación del derecho
internacional, de parte de la Embajada del Brasil en Honduras
teniendo como huésped, en plan de agitador político, al ex
Presidente Manuel Zelaya, quien llegó procedente de Nicaragua, quién
sabe por qué vía y con qué protección a la capital de Honduras para
alojarse subrepticiamente en la Embajada brasilera. Desde un balcón
o desde la azotea del edificio de la Embajada, con su típico
sombrero, Zelaya se dirigió a sus partidarios que rodeaban el
edificio para exhortarlos a la rebelión como si él fuese un huésped
normal de esa Embajada, lo cual viola el derecho internacional en lo
que se refiere a asilo político diplomático. El no puede estar allí
en otra condición que no sea la de asilo diplomático como político.
Con el nombre de Itamaratí se conoce un histórico palacio de Río de
Janeiro donde funcionó la cancillería. Y en Brasilia, el nuevo
edificio lleva el mismo nombre.
La Convención sobre Asilo Diplomático que es la que rige un caso
como el de Zelaya dice claramente que el estado asilante es el que
califica el delito. Es decir, es derecho de Brasil decir que se
trata de un delito político aun cuando el gobierno constitucional de
Honduras dice que Zelaya es sujeto de una acción judicial por
violaciones a la ley y la constitución. Ahora bien, el estado
asilante se compromete a que el asilado no viole las normas que
regulan el orden público interno ni mantenga actividades subversivas
o de otra índole mientras dura el asilo que debe tramitarse
adecuadamente de acuerdo con la Convención y con las normas
tradicionales que rigen la materia.
La complicidad del gobierno del Brasil en este caso se une a la
complicidad de otros gobiernos de la región que están conspirando
abiertamente, arbitrariamente, contra la seguridad de la nación
hondureña y, especialmente, contra la soberanía de ese Estado que es
objeto de una agresión internacional de varios gobiernos de Europa y
de América.
Todos los que en América no son comunistas están viendo con gran
preocupación e indignación lo que está ocurriendo en contra del
actual gobierno hondureño que ejerce el poder con el respaldo de
todos los poderes del estado y de las fuerzas vivas de la nación
incluyendo las dos religiones más importantes del país. Los
hondureños de todos los partidos políticos serios están trabajando
en las campañas electorales para las elecciones democráticas del 29
de noviembre.
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