Demagogia y Disparates en la ONU



Ciudad de Miami
22 de septiembre de 2009
 




a Asamblea General de las Naciones Unidas desde hace ya algún tiempo,
y especialmente ahora, está integrada por una inmensa cantidad de gobiernos que no responden no sólo a las normas democráticas sino también a las normas generales de la cortesía diplomática, de la seriedad política, independientemente de la tesis que se sustente. Ahora, se pueden ver casos como los del miércoles y jueves de esta semana, cuando pronunciaron discursos desde esa, que debería ser la más alta tribuna internacional, dos gobernantes que pusieren de relieve su falta de concepto serio de lo que es la Organización de las Naciones Unidas y del respeto que se debe al Derecho Internacional, a la cortesía diplomática, a la lógica y a la urbanidad en general. Se trata de los dictadores Hugo Rafael Chávez Frías de Venezuela y Muammar Gadafi de Libia. La forma en que ellos utilizaron sus turnos pareciera que se trataba de una ficción, de dos personas que imitaban a los representantes de esos países en plan de burla no sólo contra la ONU sino especialmente contra el prestigio personal de los dos gobernantes.

En algunos pasajes de esos discursos no solamente se produjeron insultos contra la democracia representativa y, esencialmente contra los Estados Unidos de América, sino que también se usaron palabras y frases mal concebidas que constituyeron una especie de apología del disparate. Como demostración de que una gran cantidad de delegaciones se identificaban con esa actitud, estuvieron los aplausos que antes se prodigaban para discursos de estadistas eminentes cuando expresaban conceptos sobresalientes. Hay más, siempre había los aplausos de cortesía cuando los oradores no habían incurrido, desde luego, en desplantes desprestigiantes. Todo lo dicho no significa, que todavía no haya delegaciones integradas por hombres de estado o diplomáticos serios que representan a sus países, aunque no son muchos, con la dignidad correspondiente.

Lo que está ocurriendo es la consecuencia del desprestigio de la clase política del mundo, desprestigio que no incluye a todos los que se desenvuelven en ese campo, entre los cuales hay figuras de gran importancia que no han desprestigiado ni a sus países ni a sus propios nombres. Pero es lamentable que ahora, a la sombra de una demagogia desenfrenada, casi siempre insultante, se produzcan ascensos en la escala política de politiqueros, que no es lo mismo que un buen político y mucho menos que un estadista.