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s notorio el hecho de que en la reunión de Presidentes convocada por
lo que se llama Unasur en el atractivo y famoso Bariloche de la
República Argentina, el Presidente Uribe, a quien trataron de
colocar en el banquillo de los acusados y vencerlo con invectivas
impropias, antijurídicas y condenarlo, resultó haber sido un
expositor acertado y firme en su defensa y dando, si se quiere,
cátedra de lo que es la soberanía que tanto se invocó y se manoseó
en esa reunión con el propósito de condenar a los Estados Unidos de
América y al gobierno de Colombia por haber suscrito un acuerdo para
el uso de bases militares colombianas existentes por personal
militar de los EE.UU. en función de la lucha contra el narcotráfico.
El Presidente Uribe, abogado y, sin duda alguna, estadista,
orador y patriota defendió la tesis de Colombia y la de su gobierno
en forma que, en último análisis, resultó victoriosa en ese debate
donde la hostilidad fue el signo principal de la primera etapa de la
conferencia. La hostilidad de los que lo acusaban se estrelló contra
la solidez de sus argumentos y la firmeza para expresarlos. Fue una
victoria para Colombia y, a través de sus argumentos, también para
los Estados Unidos de América a los cuales se pretendía acusar de
estar instalando bases militares supuestamente agresivas contra los
gobiernos del Cono Sur que son, en gran parte, enemigos de los
Estados Unidos y aliados de Fidel Castro y Hugo Chávez.
Por supuesto, es preciso observar y hasta condenar que exista
esa conspiración de varios gobernantes de orientación
marxista-leninista que se está desarrollando en la región, ya con
bases en el Caribe, en Centroamérica y en Sudamérica. Lo lógico es
que hayan aprendido algo de esta lección que tuvo como maestro a
Álvaro Uribe.
El curso de los próximos meses indicará cuáles son los
resultados de esta victoria – aunque tal vez haya quienes no la
consideren así – del Presidente de Colombia en esa conferencia en el
lujoso Bariloche argentino. Ojalá que no se siga abusando del
concepto de soberanía para amparar conspiraciones marxistas en el
actual escenario regional, como se está intentando, indebidamente,
en el caso de Honduras cuyo gobierno constitucionalmente organizado
es objeto de agresiones de parte de otros gobiernos que, a su antojo,
invocan soberanía, democracia y autonomía para decidir los destinos
hondureños en circunstancias de emergencia que han sido resueltas a
la luz de las normas constitucionales de esa república.
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