Los espías de barrio en Ecuador

Ciudad de Miami
16 de agosto de 2009
 

 


n el argot popular político cubano le llaman “chivatos” a los delatores de los ciudadanos a favor del gobierno.
La tiranía de Fidel Castro instaló lo que se llamaron “Comités de Barrio” integrados por delatores y espías para vigilar y denunciar ante, la tiranía las actividades de la población. Y eso es, desgraciada y precisamente, lo que está haciendo en estos momentos – a título de proposición – el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, al inaugurar su segundo período hace muy pocos días. Con respecto a ese anuncio que es fundamentalmente una amenaza, el gobernante expresó: “El gran desafío en esta nueva etapa de la revolución es crear en cada casa un comité revolucionario, en cada barrio un comité de defensa del gobierno nacional y de la revolución ciudadana para estar preparados frente a aquello que quieren desestabilizarnos”. Agregando, “somos vulnerables, podemos ser fácil presa de grupos pequeñitos pero con gran poder económico, social…” que podrían buscar desestabilizar al gobierno.

    Los conceptos de Rafael Correa son absolutamente claros en el sentido de estar instalando o consolidando una dictadura marxista-leninista, tomándose en cuenta la identificación de su gobierno con Hugo Chávez y con Fidel Castro. Esto forma parte del cuadro tenebroso que amenaza a la democracia y solidaridad interamericanas en estos tiempos, cuando varios gobiernos de la región están respondiendo a las consignas liberticidas de los regímenes de Cuba y de Venezuela. Y esto, seguramente, es lo que proyectan instalar en Honduras si Hugo Chávez y sus aliados logran imponer la restauración de Manuel Zelaya en la presidencia. Se trata del modelo cubano que se quiere implantar en muchos países del continente.

    En Ecuador se quieren imponer los comités de barrio para mantener una vigilancia estrecha con respecto a las familias que los integran. Asimismo siempre copiando a Castro, en Venezuela se pretende una reforma educativa que es exactamente el camino para usar las escuelas como centro de adoctrinamiento marxista-leninista en forma abierta o solapada. Está en marcha, pues, una conspiración interamericana que puede convertir al continente, si no se sabe frenar a tiempo, en un escenario donde no haya derechos humanos, libertades públicas, ni tampoco, por consiguiente, economía de mercado o libre empresa.

    Lo que está ocurriendo en gran parte del continente americano es de extraordinaria gravedad para la suerte de la solidaridad regional y de la libertad.