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n el argot popular político cubano le llaman “chivatos” a los
delatores de los ciudadanos a favor del gobierno.
La tiranía de Fidel Castro instaló lo que se llamaron “Comités de
Barrio” integrados por delatores y espías para vigilar y denunciar
ante, la tiranía las actividades de la población. Y eso es,
desgraciada y precisamente, lo que está haciendo en estos momentos –
a título de proposición – el Presidente de Ecuador, Rafael Correa,
al inaugurar su segundo período hace muy pocos días. Con respecto a
ese anuncio que es fundamentalmente una amenaza, el gobernante
expresó: “El gran desafío en esta nueva etapa de la revolución es
crear en cada casa un comité revolucionario, en cada barrio un
comité de defensa del gobierno nacional y de la revolución ciudadana
para estar preparados frente a aquello que quieren desestabilizarnos”.
Agregando, “somos vulnerables, podemos ser fácil presa de grupos
pequeñitos pero con gran poder económico, social…” que podrían
buscar desestabilizar al gobierno.
Los conceptos de Rafael Correa son absolutamente claros en el
sentido de estar instalando o consolidando una dictadura
marxista-leninista, tomándose en cuenta la identificación de su
gobierno con Hugo Chávez y con Fidel Castro. Esto forma parte del
cuadro tenebroso que amenaza a la democracia y solidaridad
interamericanas en estos tiempos, cuando varios gobiernos de la
región están respondiendo a las consignas liberticidas de los
regímenes de Cuba y de Venezuela. Y esto, seguramente, es lo que
proyectan instalar en Honduras si Hugo Chávez y sus aliados logran
imponer la restauración de Manuel Zelaya en la presidencia. Se trata
del modelo cubano que se quiere implantar en muchos países del
continente.
En Ecuador se quieren imponer los comités de barrio para
mantener una vigilancia estrecha con respecto a las familias que los
integran. Asimismo siempre copiando a Castro, en Venezuela se
pretende una reforma educativa que es exactamente el camino para
usar las escuelas como centro de adoctrinamiento marxista-leninista
en forma abierta o solapada. Está en marcha, pues, una conspiración
interamericana que puede convertir al continente, si no se sabe
frenar a tiempo, en un escenario donde no haya derechos humanos,
libertades públicas, ni tampoco, por consiguiente, economía de
mercado o libre empresa.
Lo que está ocurriendo en gran parte del continente americano es
de extraordinaria gravedad para la suerte de la solidaridad regional
y de la libertad.
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