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ía a día se comprueba que la
dictadura del Tte. Coronel Hugo Rafael Chávez Frías avanza en forma
acelerada en contra de las libertades individuales y colectivas en
Venezuela.
Y este avance tiene repercusiones muy graves no solamente en esa
república, que puede llegar a dejar de ser república pronto, sino
también en casi toda la región continental, porque esa dictadura,
con una enorme cantidad de recursos económicos derivados del
petróleo, tiene influencia arrolladora en varios países del
continente. No hay que ir muy lejos con respecto a esta afirmación o
temor, porque hace pocas semanas, con vocabulario desafiante y
gestos de igual naturaleza, dijo Chávez que había que derrocar al
actual gobierno constitucional de Honduras que está ejerciendo el
poder por sucesión prescrita por la Constitución de la república.
En estos momentos, sin exagerar, Venezuela se ha estremecido de
indignación por el asalto de turbas manipuladas por el gobierno
contra la estación de televisión Globovisión, la única independiente
que quedaba, ya que el gobierno de Chávez cerró dos canales de
televisión durante el fin de semana, así como 32 estaciones de
radio. Ese asalto incluye bombas lacrimógenas con las que se penetró
a la planta de esa empresa, de todo lo cual quedó constancia gráfica
y televisada. Nadie puede pensar que eso ocurre al margen de la
voluntad y la coordinación del régimen imperante.
A todo esto hay que agregar que está por aprobarse una ley que
constituye una mordaza para la libertad de expresión,
estableciéndose como delito una serie de supuestas violaciones de la
normalidad democrática según la entiende Chávez. El proyecto es
extraordinariamente subjetivo y subordinado a vagas interpretaciones
sobre lo que puede ser dañino para la población, incluyendo aspectos
de carácter psicológico. En realidad, esa ley está inspirada en una
actitud patológica del gobernante, que tiene el control de todos los
poderes del Estado incluyendo, por supuesto, el Poder Legislativo.
El momento histórico que lamentablemente está viviendo el sistema
interamericano no da margen para que haya esperanzas de que a la luz
de las normas que dan vida a ese sistema se pueda hacer algo, porque
la Organización de los Estados Americanos, de hecho, está controlada
por Chávez y gobiernos en los cuales su régimen ejerce
desproporcionada y peligrosísima influencia. A esto hay que agregar
que el gobierno de Washington no está en condiciones de entender la
terrible magnitud del problema y lo que representa Chávez para las
genuinas conveniencias de los altos ideales e intereses de la nación
estadounidense. Esta deficiencia se observa no solamente en las
altas esferas gubernativas sino también en casi todos los sectores
influyentes del país.
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