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s sumamente significativo el hecho de que se haya anunciado
oficialmente, con fotografías y todo, que el Ministro de
Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, cumpliendo
órdenes de su jefe, el dictador venezolano Hugo Rafael Chávez Frías,
salió de Managua para la frontera con Honduras acompañando en forma
calculadamente espectacular al depuesto presidente Zelaya en su
intento de regresar a Honduras. Independientemente del hecho
relacionado exclusivamente con Zelaya, cabe la pregunta de qué hace
la figura máxima de la diplomacia venezolana acompañando a un
derrocado Presidente hondureño en un propósito contrario a la
normalidad jurídica de su país. El hecho de que el actual gobierno
constitucional de Honduras no sea reconocido por el gobierno de
Venezuela y otros gobiernos del mundo, no autoriza en modo alguno a
esos gobiernos a participar en un acto contrario al orden público en
Honduras. Por el contrario, se trataría de una actitud de hostilidad,
en este caso contra la soberanía del Estado hondureño. De acuerdo
con el Derecho Internacional, la existencia de un Estado es
independiente del reconocimiento por gobiernos de otros Estados.
Que Zelaya entre o no entre a Honduras es una posibilidad que en
este momento no se puede confirmar. Sin embargo, el propósito de
cruzar la frontera en un vehículo que salió con protección policial
del gobierno nicaragüense desde Managua, obligaría al gobierno de
Venezuela a no participar en ese intento aun cuando el gobierno de
Chávez prácticamente ha conspirado contra la normalidad jurídica de
Honduras al apoyar, desde antes de su derrocamiento, los propósitos
dictatoriales del entonces Presidente Zelaya. Por supuesto, ya se
sabe que el gobierno de Chávez no tiene frenos de ninguna naturaleza
en lo que respecta a las normas diplomáticas, a la urbanidad normal
y a las normas que el Derecho Internacional informa.
Aun cuando agencias internacionales de noticias, periodistas
extranjeros y líderes políticos de extrema izquierda del continente
americano desconozcan intencionalmente la realidad del inmenso
respaldo popular que tiene el actual gobierno constitucional de
Honduras, es un hecho comprobable que en Honduras, cuyo gobierno
preside por sucesión constitucional Roberto Micheletti, no está
ocurriendo lo que se dice en muchos países en el sentido de que “las
cárceles están llenas y hay abusos de toda naturaleza de parte del
gobierno”. Es fácil comprobar esto para los que visiten Honduras en
estos momentos o para los que tengan acceso a información correcta
de lo que está pasando en la hoy sufrida y noble patria hondureña,
que no merece los vejámenes provenientes de gobiernos
antidemocráticos del mundo, gobiernos que si no son antidemocráticos,
están influidos por la antidemocracia.
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