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o es posible, a la luz de la
razón y de las experiencias de día a día en los últimos años y
especialmente en las últimas semanas, referirse al caso de
Honduras determinado por la rebelión de Zelaya contra la
Constitución y leyes de la república, sin mencionar al dictador
venezolano, Hugo Rafael Chávez Frías, el mentor de Zelaya y el que
lo mantiene en un avión como gobernante itinerante y delirante de
Honduras.
Chávez es el factor determinante de la situación crítica que
está sufriendo el pueblo de Honduras en su afán de liberarse del
empeño dictatorial de Zelaya, o sea del empeño dictatorial colectivo
determinado por el binomio Zelaya-Chávez. Toda la crisis que hay en
Centroamérica y en varios otros países del Hemisferio Occidental, se
deben fundamentalmente a los petrodólares de Chávez y a su manera de
ejercer el uso de esa gigantesca cantidad dinero en contra de los
derechos individuales, de la libertad democrática y de la libre
empresa, no sólo en Venezuela, sino en el resto de la región.
La lista de las intervenciones de Chávez en estos países, desde
el tristemente célebre “maletín de Buenos Aires” hasta Guatemala,
pasando por Cuba y todas las Antillas, ya es una realidad. Es una
realidad insoslayable que va aumentando, lamentablemente, en
progresión geométrica. Y ahora que lo de Honduras artificialmente se
está confundiendo con una lucha por la libertad y la democracia,
supuestamente personificada en Zelaya, la influencia decisiva de
Chávez, sin precedentes en la historia de América, representa un
gigantesco peligro para la vigencia de la democracia en lo político
y de la libre empresa en lo económico y social.
En este mar de artificiales confusiones, hay que navegar casi
forzadamente, porque son muchas las influencias que impulsan esa
navegación sobre las aguas de la mentira y de la falsificación de
los conceptos jurídicos y políticos. A eso se debe, por ejemplo, la
marcada insistencia de agencias internacionales de prensa y grandes
programas de famosas transmisiones de televisión en llamar a Zelaya
“Presidente constitucional de Honduras” y además “gobierno de facto”
al que le ha reemplazado en Tegucigalpa de acuerdo con las más
severas normas constitucionales de la república y con el respaldo de
todos los poderes del Estado.
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