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os problemas políticos de los países del Hemisferio Occidental
en estos
momentos son tan graves que es preciso que en cada una de las
naciones haya grupos interesados en la suerte de ellas que se
dediquen a estudiar estos problemas y sepan denunciar y condenar lo
que corresponda y estimular lo que sea justo y necesario. Para eso
es preciso, desde luego, que haya una divulgación adecuada y seria
de todo lo que está ocurriendo, de las corrientes ideológicas en
pugna y de los peligros que están envueltos en estas controversias
que pueden alcanzar proporciones muy grandes en materia de daños.
Pueden ser daños en muchos casos irreparables.
Constituye, por lo tanto, un deber cívico y político, quizás más
cívico que político, preocuparse por seguir de cerca lo que está
ocurriendo en Venezuela, en Cuba y en los países que giran alrededor
de estos dos gobiernos para saber identificar todas y cada una de
las manifestaciones del problema que está representado,
fundamentalmente, como una amenaza para la vigencia de la democracia
seria, de la libertad política, de la libre empresa y, en fin, de
todo lo que informan los derechos humanos. No están estos tiempos
para que haya quienes se den el lujo de mantenerse al margen de lo
que está ocurriendo, especialmente, dándole las espaldas a la
información necesaria para conocer los asuntos que están gravitando
sobre la conciencia, el presente, el porvenir de cada uno de estos
pueblos desde la Patagonia hasta los Estados Unidos de América. No
hay que excluir en modo alguno lo que está pasando en esta gran
nación estadounidense, que siempre ha desempeñado una misión
positiva o negativa, según las circunstancias, en la política
continental. En estos tiempos, esa misión está enfocada en temas
nacionales sumamente graves que pueden conducir a una orientación
socialista o socialistoide.
Hay quienes se declaran totalmente indiferentes al acontecer
político de sus respectivos países y llegan a argumentar que son “apolíticos”.
Y esa característica de apolítico no debe llegar a extremos de una
ignorancia absoluta con respecto a la vida ciudadana que implica
obligaciones básicas de carácter político, no necesariamente
partidista. Hay quienes por comodidad se declaran apolíticos para
disimular su irresponsabilidad de cara a los deberes que la
ciudadanía implica.
Hay momentos en la vida nacional en que, especialmente en el
campo electoral, los ciudadanos deben estar adecuadamente orientados
para ejercer el derecho del sufragio con sentido de responsabilidad
patriótica, dentro de su manera de entender la democracia.
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