En toda América se está viviendo una crisis política


16 de julio de  2009
 





os problemas políticos de los países del Hemisferio Occidental
en estos momentos son tan graves que es preciso que en cada una de las naciones haya grupos interesados en la suerte de ellas que se dediquen a estudiar estos problemas y sepan denunciar y condenar lo que corresponda y estimular lo que sea justo y necesario. Para eso es preciso, desde luego, que haya una divulgación adecuada y seria de todo lo que está ocurriendo, de las corrientes ideológicas en pugna y de los peligros que están envueltos en estas controversias que pueden alcanzar proporciones muy grandes en materia de daños. Pueden ser daños en muchos casos irreparables.

    Constituye, por lo tanto, un deber cívico y político, quizás más cívico que político, preocuparse por seguir de cerca lo que está ocurriendo en Venezuela, en Cuba y en los países que giran alrededor de estos dos gobiernos para saber identificar todas y cada una de las manifestaciones del problema que está representado, fundamentalmente, como una amenaza para la vigencia de la democracia seria, de la libertad política, de la libre empresa y, en fin, de todo lo que informan los derechos humanos. No están estos tiempos para que haya quienes se den el lujo de mantenerse al margen de lo que está ocurriendo, especialmente, dándole las espaldas a la información necesaria para conocer los asuntos que están gravitando sobre la conciencia, el presente, el porvenir de cada uno de estos pueblos desde la Patagonia hasta los Estados Unidos de América. No hay que excluir en modo alguno lo que está pasando en esta gran nación estadounidense, que siempre ha desempeñado una misión positiva o negativa, según las circunstancias, en la política continental. En estos tiempos, esa misión está enfocada en temas nacionales sumamente graves que pueden conducir a una orientación socialista o socialistoide.

    Hay quienes se declaran totalmente indiferentes al acontecer político de sus respectivos países y llegan a argumentar que son “apolíticos”. Y esa característica de apolítico no debe llegar a extremos de una ignorancia absoluta con respecto a la vida ciudadana que implica obligaciones básicas de carácter político, no necesariamente partidista. Hay quienes por comodidad se declaran apolíticos para disimular su irresponsabilidad de cara a los deberes que la ciudadanía implica.

    Hay momentos en la vida nacional en que, especialmente en el campo electoral, los ciudadanos deben estar adecuadamente orientados para ejercer el derecho del sufragio con sentido de responsabilidad patriótica, dentro de su manera de entender la democracia.