Invasión de gobernantes extranjeros a Honduras

Ciudad de Miami
02 de julio de  2009
 





ndependientemente de razones ideológicas
a favor o en contra de la democracia que impliquen la determinación de gobernantes del Hemisferio Occidental, es contrario a las normas del derecho internacional y de la no intervención lo que se pretende – según se ha anunciado – de que el derrocado presidente hondureño Manuel Zelaya regrese a Tegucigalpa en un avión con dos o tres presidentes y primeros ministros extranjeros, junto con el Secretario General de la OEA. Se trata de un hecho sin precedentes en la historia política de América, aún en medio de las irregularidades que pueda haber habido en materia internacional. Es evidente que se estaría en presencia de un hecho que representa una especie de invasión oficial de gobiernos extranjeros en la República de Honduras, con el pretexto de restablecer la democracia en ese país centroamericano. Este es un pretexto sin base jurídica, porque hay un nuevo Presidente en Honduras que fue elegido por el Poder Legislativo en pleno y con la aprobación de la Corte Suprema de Justicia, del Poder Electoral.

     Como es sabido, el actual gobierno de Honduras, junto con los otros poderes del Estado, ha afirmado que el ex Presidente Zelaya será acusado y encarcelado al regresar al país para ser juzgado por las autoridades competentes, de acuerdo con los cargos presentados por la Fiscalía General de la República. Es decir, se pretende crear un conflicto internacional al llegar a Tegucigalpa el derrocado gobernante con jefes de estado, primeros ministros y el Secretario General de la OEA. Los gobiernos extranjeros pueden estar a favor o en contra de lo ocurrido en Honduras. Pueden condenar los hechos, retirar sus misiones diplomáticas en Tegucigalpa, y suspender negociaciones de crédito internacional o de la índole que fuesen con el gobierno hondureño. Lo que no pueden hacer los jefes de gobierno aludidos es ir, aunque sin armas en la mano, en una especie de “son de guerra”. Eso implica crear un conflicto arbitrariamente artificial que sentaría un precedente gravísimo en la historia del derecho internacional en general y particularmente del derecho internacional americano. Y eso no lo deben permitir los que en América están interesados en mantener el orden público internacional.

    Hasta el momento se ha dicho que Zelaya regresará a Tegucigalpa durante el fin de semana acompañado por la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa y del Secretario General de la OEA, José Miguel

    Insulza. Todavía hay tiempo de que estos personajes reflexionen sobre la arbitrariedad peligrosa que parece que intentarán.