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ndependientemente de razones ideológicas a favor o en contra
de la democracia que impliquen la determinación de gobernantes del
Hemisferio Occidental, es contrario a las normas del derecho
internacional y de la no intervención lo que se pretende – según se
ha anunciado – de que el derrocado presidente hondureño Manuel
Zelaya regrese a Tegucigalpa en un avión con dos o tres presidentes
y primeros ministros extranjeros, junto con el Secretario General de
la OEA. Se trata de un hecho sin precedentes en la historia política
de América, aún en medio de las irregularidades que pueda haber
habido en materia internacional. Es evidente que se estaría en
presencia de un hecho que representa una especie de invasión oficial
de gobiernos extranjeros en la República de Honduras, con el
pretexto de restablecer la democracia en ese país centroamericano.
Este es un pretexto sin base jurídica, porque hay un nuevo
Presidente en Honduras que fue elegido por el Poder Legislativo en
pleno y con la aprobación de la Corte Suprema de Justicia, del Poder
Electoral.
Como es sabido, el actual gobierno de Honduras, junto con los
otros poderes del Estado, ha afirmado que el ex Presidente Zelaya
será acusado y encarcelado al regresar al país para ser juzgado por
las autoridades competentes, de acuerdo con los cargos presentados
por la Fiscalía General de la República. Es decir, se pretende crear
un conflicto internacional al llegar a Tegucigalpa el derrocado
gobernante con jefes de estado, primeros ministros y el Secretario
General de la OEA. Los gobiernos extranjeros pueden estar a favor o
en contra de lo ocurrido en Honduras. Pueden condenar los hechos,
retirar sus misiones diplomáticas en Tegucigalpa, y suspender
negociaciones de crédito internacional o de la índole que fuesen con
el gobierno hondureño. Lo que no pueden hacer los jefes de gobierno
aludidos es ir, aunque sin armas en la mano, en una especie de “son
de guerra”. Eso implica crear un conflicto arbitrariamente
artificial que sentaría un precedente gravísimo en la historia del
derecho internacional en general y particularmente del derecho
internacional americano. Y eso no lo deben permitir los que en
América están interesados en mantener el orden público internacional.
Hasta el momento se ha dicho que Zelaya regresará a Tegucigalpa
durante el fin de semana acompañado por la Presidenta de Argentina,
Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente de Ecuador, Rafael
Correa y del Secretario General de la OEA, José Miguel
Insulza. Todavía hay tiempo de que estos personajes reflexionen
sobre la arbitrariedad peligrosa que parece que intentarán.
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