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IN LUGAR A DUDAS, DESDE HACE MUCHO TIEMPO EL AHORA EX PRESIDENTE DE
HONDURAS, MANUEL ZELAYA, ha desafiado la sensibilidad democrática de
su pueblo y de los otros pueblos de América, manifestándose en forma
abierta y solidaria como admirador del máximo tirano que registra la
historia de América, Fidel Castro. Recientemente, cuando visitó al
tirano en La Habana, habiendo sido recibido por él cuando otro de
Centroamérica, el presidente de Guatemala, no lo fue, el pintoresco
y enorme sombrero que cubre la cabeza de Zelaya, apareció sobre la
cabeza de Castro en una fotografía de los dos. La identificación
llegó al extremo de darle Zelaya su peculiar sombrero de ancha ala
al que hace más de cincuenta años ha secuestrado no sólo un poder
del Estado sino a toda la República de Cuba.
Por otra parte, lógicamente y de acuerdo con esa solidaridad con
Castro, Zelaya ha estado plenamente identificado con otros gobiernos
dictatoriales del Hemisferio, manifestándoles su apoyo y
señalándolos como ejemplos en el sentido de imitarlos en sus
procedimientos liberticidas. Todo esto, desde luego, lo ha
desacreditado ante los que en América, de un extremo al otro,
rechazan las tiranías que ha aplaudido Zelaya y consideran como un
inmenso peligro que otro gobierno más de la región, aliado de Chávez
y de los que junto con él están en la misma línea marxista, se sume
al movimiento antidemocrático con pretensiones institucionales.
En la actualidad, como se ha divulgado por las agencias
internacionales de prensa y por los órganos informativos de
Honduras, el Congreso de la República designó a su Presidente,
Roberto Micheletti, como reemplazo hasta que termine el período para
el cual fue elegido Zelaya. Asimismo, manifestó claramente que en
noviembre de este año, cual corresponde, se llevarán a cabo las
elecciones para la sustitución presidencial.
Muy lamentable es que haya llegado a la presidencia de la República
un gobernante que se identificó con los líderes de la corriente
antidemocrática del continente, al extremo de determinar los hechos
que acaban de tener lugar en Honduras para impedir un referéndum que,
dentro de una serie de componendas y de engaños, cambiaría la
Constitución de la república a favor de Zelaya y de sus solidarios
en América.
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