El sombrero de Zelaya en la cabeza de Castro

Ciudad de Miami
28 de junio de  2009
 




IN LUGAR A DUDAS, DESDE HACE MUCHO TIEMPO EL AHORA EX PRESIDENTE DE HONDURAS, MANUEL ZELAYA, ha desafiado la sensibilidad democrática de su pueblo y de los otros pueblos de América, manifestándose en forma abierta y solidaria como admirador del máximo tirano que registra la historia de América, Fidel Castro. Recientemente, cuando visitó al tirano en La Habana, habiendo sido recibido por él cuando otro de Centroamérica, el presidente de Guatemala, no lo fue, el pintoresco y enorme sombrero que cubre la cabeza de Zelaya, apareció sobre la cabeza de Castro en una fotografía de los dos. La identificación llegó al extremo de darle Zelaya su peculiar sombrero de ancha ala al que hace más de cincuenta años ha secuestrado no sólo un poder del Estado sino a toda la República de Cuba.

Por otra parte, lógicamente y de acuerdo con esa solidaridad con Castro, Zelaya ha estado plenamente identificado con otros gobiernos dictatoriales del Hemisferio, manifestándoles su apoyo y señalándolos como ejemplos en el sentido de imitarlos en sus procedimientos liberticidas. Todo esto, desde luego, lo ha desacreditado ante los que en América, de un extremo al otro, rechazan las tiranías que ha aplaudido Zelaya y consideran como un inmenso peligro que otro gobierno más de la región, aliado de Chávez y de los que junto con él están en la misma línea marxista, se sume al movimiento antidemocrático con pretensiones institucionales.

En la actualidad, como se ha divulgado por las agencias internacionales de prensa y por los órganos informativos de Honduras, el Congreso de la República designó a su Presidente, Roberto Micheletti, como reemplazo hasta que termine el período para el cual fue elegido Zelaya. Asimismo, manifestó claramente que en noviembre de este año, cual corresponde, se llevarán a cabo las elecciones para la sustitución presidencial.

Muy lamentable es que haya llegado a la presidencia de la República un gobernante que se identificó con los líderes de la corriente antidemocrática del continente, al extremo de determinar los hechos que acaban de tener lugar en Honduras para impedir un referéndum que, dentro de una serie de componendas y de engaños, cambiaría la Constitución de la república a favor de Zelaya y de sus solidarios en América.