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IN DUDA ALGUNA, los estrategas y estadistas estadounidenses, lo
mismo que los de las grandes naciones occidentales, deben estar
preocupados y, más que preocupados, interesados en seguir de cerca,
con el propósito de vigilar y de actuar, los graves acontecimientos
determinados por Corea del Norte, que está desafiando al mundo libre.
Es un desafío que puede llegar a los extremos de colocar al mundo en
una crisis de índole termonuclear.
Corea del Norte, desde hace muchos decenios, ha determinado
gravísimas crisis en el campo de la seguridad mundial amenazando la
causa de la libertad y de la independencia de muchas naciones del
mundo. No se trata, pues, de algo nuevo, de algo en lo que los
norcoreanos no tienen experiencia, porque eso les abunda, habiendo
determinado hechos militares muy graves que incluyen la existencia
del ya histórico Paralelo 38 donde permanecen, desde entonces, unos
treinta mil soldados estadounidenses encargados de mantener una
relativa neutralidad norcoreana en esa zona fronteriza con Corea del
Sur. Por cierto, que hay que reconocer y aplaudir que Corea del Sur,
destacándose sobresalientemente en el campo de la libre empresa y la
democracia, es en la actualidad una nación sumamente próspera que
sorprende a sus visitantes procedentes de cualquier parte del mundo,
especialmente de la parte más desarrollada.
La dictadura totalitaria comunista de Corea del Norte tiene todos
los recursos imaginables para saber lo que está haciendo el mundo
libre en materia de defenderse de lo que puede llegar a ser, en
cualquier momento, según un capricho totalitario, una agresión de
Corea del Norte. Es de suponerse que también el Pentágono y el
Departamento de Estado de Washington deben estar siguiendo paso a
paso, momento a momento todas las maniobras militares, más allá de
las intenciones políticas, de la tiranía comunista de Corea del
Norte. Y si, desgraciadamente, ocurriese un ataque alevoso de
cohetes transcontinentales, la respuesta debe estar preparada para
hacerle frente a semejante desmán que, si lo piensan bien los
norcoreanos, deberían de desistir de cualquier intento de semejante
naturaleza. En casos como estos, no solamente hay que pensar en lo
que deliberadamente decida el imperialismo norcoreano sino también
en lo que puede ocurrir como una contingencia, como un error de
cálculo cuando se está jugando con fuego, como se dice en lenguaje
popular.
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