El mundo democrático ante el fraude en Irán

Ciudad de Miami
18 de junio de  2009
 






ON EL CORRER DE LAS ÚLTIMAS HORAS, después de las elecciones celebradas en Irán el domingo 14 de junio, se ha venido intensificando la indignación de una mayoría del pueblo iraní denunciando el fraude electoral perpetrado por el régimen, violando el espíritu democrático de las elecciones, y su razón de ser desde el punto de vista institucional. Desde el primer momento que las autoridades dieron a conocer los datos que una inmensa cantidad del pueblo considera fraudulentos, tuvieron lugar concentraciones masivas en las plazas y calles de Teherán y de otras ciudades importantes protestando vigorosamente por la arbitrariedad gubernativa en el sentido de violar la voluntad popular a través de un escandaloso fraude.

Como queda dicho, con el correr de las horas las concentraciones populares han ido adquiriendo gigantescas proporciones de las cuales queda constancia en impresionantes fotografías que se publican en los periódicos y que al momento transmiten los programas noticiosos de televisión. Aun cuando no se ha dicho de cantidades importantes de muertos, por el hecho de que sólo hubiese unos pocos ya se tiene una prueba de que el gobierno está decidido a imponer a sangre y fuego su capricho electoral. La reacción contra esa consulta electoral está determinada por el empeño reeleccionista de Mahmoud Ahmadinejad. Esa reelección, desde luego, cuenta con el respaldo de todos los que en el mundo están alineados contra la democracia auténtica. Por consiguiente, es una reelección que cuenta en el Hemisferio Occidental, por ejemplo, con el entusiasta respaldo de Chávez en Venezuela y de sus adláteres en la región. Por supuesto, el apoyo de la tiranía bicéfala totalitaria marxista-leninista de los Castro es evidente, es normal dentro de esa anormalidad.

Lógicamente, hay expectación mundial con respecto a los acontecimientos de Irán, porque es muy posible que se multipliquen las gigantescas manifestaciones populares contra el fraude, no sólo en la histórica capital Teherán, sino también en otras ciudades de ese milenario país. En cualquier momento puede haber desmanes adicionales que determinen más muertos que den margen a una violencia muy grave que envuelva a todo Irán con repercusiones en países vecinos y también lejanos, como los hay en Iberoamérica. Son países que comparten las ideas de ese régimen.

Hay que tener en cuenta que en Irán, institucionalmente, el presidente no tiene el mando del Estado sino que es una figura inmediatamente inferior al Ayatollah Ali Khamenei que en realidad es el que gobierna dentro de este régimen teocrático.