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ON EL CORRER DE LAS ÚLTIMAS HORAS, después de las elecciones
celebradas en Irán el domingo 14 de junio, se ha venido
intensificando la indignación de una mayoría del pueblo iraní
denunciando el fraude electoral perpetrado por el régimen, violando
el espíritu democrático de las elecciones, y su razón de ser desde
el punto de vista institucional. Desde el primer momento que las
autoridades dieron a conocer los datos que una inmensa cantidad del
pueblo considera fraudulentos, tuvieron lugar concentraciones
masivas en las plazas y calles de Teherán y de otras ciudades
importantes protestando vigorosamente por la arbitrariedad
gubernativa en el sentido de violar la voluntad popular a través de
un escandaloso fraude.
Como queda dicho, con el correr de las horas las concentraciones
populares han ido adquiriendo gigantescas proporciones de las cuales
queda constancia en impresionantes fotografías que se publican en
los periódicos y que al momento transmiten los programas noticiosos
de televisión. Aun cuando no se ha dicho de cantidades importantes
de muertos, por el hecho de que sólo hubiese unos pocos ya se tiene
una prueba de que el gobierno está decidido a imponer a sangre y
fuego su capricho electoral. La reacción contra esa consulta
electoral está determinada por el empeño reeleccionista de Mahmoud
Ahmadinejad. Esa reelección, desde luego, cuenta con el respaldo de
todos los que en el mundo están alineados contra la democracia
auténtica. Por consiguiente, es una reelección que cuenta en el
Hemisferio Occidental, por ejemplo, con el entusiasta respaldo de
Chávez en Venezuela y de sus adláteres en la región. Por supuesto,
el apoyo de la tiranía bicéfala totalitaria marxista-leninista de
los Castro es evidente, es normal dentro de esa anormalidad.
Lógicamente, hay expectación mundial con respecto a los
acontecimientos de Irán, porque es muy posible que se multipliquen
las gigantescas manifestaciones populares contra el fraude, no sólo
en la histórica capital Teherán, sino también en otras ciudades de
ese milenario país. En cualquier momento puede haber desmanes
adicionales que determinen más muertos que den margen a una
violencia muy grave que envuelva a todo Irán con repercusiones en
países vecinos y también lejanos, como los hay en Iberoamérica. Son
países que comparten las ideas de ese régimen.
Hay que tener en cuenta que en Irán, institucionalmente, el
presidente no tiene el mando del Estado sino que es una figura
inmediatamente inferior al Ayatollah Ali Khamenei que en realidad es
el que gobierna dentro de este régimen teocrático.
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