Los generales norteamericanos y Fidel

(Por: General de Brigada Rafael del Pino)


 

     Cuando ví a uno de aquellos generales norteamericanos retirados declarando como testigo de la defensa en el juicio contra la red de espías cubanos conocida como "Avispas" lo primero que me vino a la mente fue la imagen que Fidel Castro siempre nos proyecto del poco cerebro de los generales norteamericanos mascando chicklets y creyéndose las más inverosímiles idioteses.  Independientemente de que este sea uno de los tantos recursos que utilizan algunos estadistas como Fidel Castro para elevar el espíritu de sus jefes, no es menos cierto que declarar en favor de enemigos de su propio país, afirmando que Cuba no representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos es algo que pueda considerarse muy racional e inteligente. Desafortunadamente para estos altos oficiales en retiro, poco tiempo después de haber hecho aquellas afirmaciones, es arrestada por el FBI la señora Ana Belén Montes importante funcionaria de la Agencia de Inteligencia del Pentágono  nada menos que por espiar para el régimen de La Habana.

    Cuando se hace pública esta noticia pensé en el bochorno que estos generales retirados debieron haber pasado por haber hecho un papelazo tan ridículo. Sin embargo siempre me han quedado algunas interrogantes a las cuales sigo tratando de hallarle respuesta:

    ¿Porqué estos señores se prestan a declarar en favor de los espías cuando el servir de testigo en un juicio es opcional de la persona que declara? Pudo acaso  Fidel Castro con sus agasajos, honores, halagos y mulatas, lavarles el cerebro y convencerlos de lo injusto que Estados Unidos ha sido con él y su régimen? ¿Pudo Fidel venderles la imagen de que él es el policía perfecto para las futuras inversiones, el nuevo Trujillo, capataz preferido de las transnacionales? ¿Pueden generales tan capaces e inteligentes como Charles Wilhelm, que fuera Jefe del Comando Sur y al cual conocí en una de mis visitas a dicha institución, calcular el peligro relativo de Cuba para Estados Unidos basado solamente en la considerable reducción de las fuerzas armadas cubanas y su armamento como resultado de la bancarrota economica en que está inmersa la isla? ¿Podrán estos experimentados altos oficiales ignorar que el régimen de Fidel Castro sea un peligro permanente para la seguridad de los Estados Unidos no por la cantidad de hombres o armas que posean sus fuerzas armadas sino por las innumerables vías y métodos que posee para dañar a la nación que tanto odia? ¿Desconocerán estos generales que las ventas millonarias de información de inteligencia a cuanto extremista islámico se le presenta a Castro con una libreta de cheques significan una amenaza permanente para la seguridad de Estados Unidos? ¿No se enteraron estos oficiales que hace menos de un año en gira por los países islámicos más extremistas Castro declaró en Irán que "juntos pondrían al imperialismo de rodillas".

   Es dudoso que personas tan inteligentes y experimentadas puedan desconocer o ignorar estas realidades. Entonces,
¿a qué puede obedecer la toma de partido con el enemigo asérrimo de tu pais?

    Un comportamiento tan anormal y extraño lógicamente ha generado múltiples expeculaciones. La más expandida es que estos señores ya tienen la vista puesta en las jugosas comisiones que pagarían las grandes coorporaciones por los contratos que sus representantes logren en el reequipamiento tecnológico y militar de la era post-Castro. A quienes mejor para darles la representación que a los que se han anticipado a contactar a los futuros sucesores del dictador cubano. Parece que habrá que esperar a los funerales de Fidel para ver a quien la General Motor le da la representacion para el reequipamiento de los vehículos y automóbiles de las FAR o a quien la McDonald Douglas le propone que la represente para la compra de las futuras aeronaves para la lucha anti-drogas.

    A pesar de todas las especulaciones que rondan los círculos políticos interesados en Cuba con respecto a este incomprensible proceder, cuesta mucho trabajo entender que haya intereses personales tan fuertes que puedan poner en tela de juicio el prestigio ganado en largos años de servicio.