
iempre que se escriba o hable sobre
“disidencia” cubana en la isla,
debe hacerse midiendo muy
bien cada palabra, ya lo he señalado
en otras oportunidades. Las hojas
donde se escriba deben estar
compuestas por pétalos de rosas y
tienes que estar muy atento a que no
se te escape una sola espina. Se
corre el alto riesgo de ser acusado
de extremista y en el peor de los
casos de agente encubierto del
régimen. Razón por la que muchos
compatriotas dispersos en todo el
mundo, se limitan a leer lo que les
llega, callan y tragan bilis. Con el
paso del tiempo, se ha construido
una especie de burbuja blindada
alrededor de ellos y se ha logrado
formar un amplio reino de intocables.
No pocas son las veces donde se nos
recuerda que ellos se encuentran
allá y nosotros del lado de acá,
estableciendo de esa forma ciertos
límites que no deben violarse y
fijando derechos o propiedades
tomando como referencia el código
postal. Tan importante ha sido esa
línea de conducta, que algunos
proyectos concebidos dentro de la
isla, no han dejado de tener un
fondo peligrosamente excluyente para
los compatriotas que una vez
decidieron abandonar aquel fatal
paraíso. Situación que provoca
cierta desconfianza, apatía y
bastante desinterés hacia la causa
cubana por un amplio sector del
exilio. Escenario del que solo sale
beneficiado el régimen que lleva más
de cincuenta años en el poder
riéndose de nosotros.
Durante medio siglo hemos disfrutado
el amargo sabor de la complicidad,
silencio y traición a todo un
pueblo. Cuando después de tantos
muertos y presos se logra despertar
en algo a la opinión pública
internacional, aparece alguna acción
“casual” que echa por tierra todo el
sacrificio invertido. Unas veces,
esas acciones son desarrolladas por
el propio pueblo y otras, son
realizadas por un grupo de hombres
que se llaman “disidentes”. Lo
cierto es que solo provocan los
deseos de colgar los teléfonos y
apagar las computadoras. Creo que la
generosidad y resistencia del exilio
cubano no deja lugar a duda alguna.
Mientras exista un solo hombre preso
por sus ideas, no renunciarán al
papel que vienen desarrollando desde
hace media centuria, dignos de
admirar si se tiene en cuenta que
resulta más sencillo olvidarse de
aquel infierno con todos sus
habitantes incluidos, ¿no salen a
marchar y a votar en falsas
elecciones?
Hoy nos ocupa uno de esos
contratiempos a los que deberíamos
estar acostumbrados, una carta
escrita por un grupo de esos
llamados “disidentes” a los
congresistas norteamericanos, donde
piden mediante infantiles análisis,
la apertura de los viajes de
ciudadanos de este país como
turistas a la isla. Me llama mucho
la atención la utilización de una
palabra en franco desuso en el
idioma español e inexistente en
nuestro lenguaje criollo, me refiero
a “empoderar”. ¿Quién habrá
confeccionado el mamotreto? Eso no
tiene importancia, es solo un
detalle superfluo.
Digo que el análisis resulta
infantil, porque al parecer, los
“disidentes” que firmaron esa carta
desconocen a fondo al régimen que
los oprime y su comportamiento
durante este largo tiempo de
pesadillas. Lo cierto es que la
misma coincide “accidentalmente” con
sus intereses, los de abrir otra
brecha que los ayude a soportar uno
de los peores momentos por los que
atraviesa su maltrecha economía. ¿Quién
les dijo a esos firmantes que un
simple turista se va a encargar de
visitar presos, familiares,
disidentes, etc.? No sé cuál será el
límite de la estupidez humana, al
parecer en nuestra isla no acaba de
tocar fondo. Olvidaron que fue
precisamente Castro quien cerró la
entrada de esos turistas a la isla
para evitar los vicios que conforman
esta industria. Olvidaron que la
apertura a la comunidad cubana se
produce en medio de otra grave
crisis económica, tampoco recuerdan
que se le abrió las puertas a ese
turismo precisamente cuando se
iniciaba la caía del bloque
socialista. Muy desmemoriada esa
“disidencia” que acude a argumentos
puramente humanistas y que responden
plenamente a los intereses de su
gobierno. Desde esos años han
viajado millones de canadienses,
franceses, españoles, italianos y
otros países, sin que se reporte un
solo beneficio para nuestra
población. Los niveles de
prostitución, tráficos de drogas y
humanos, provocaron escándalos nunca
antes experimentados en nuestra
tierra. ¿Piensan estos “disidentes”
que con el público norteamericano
será diferente? La ingenuidad,
inocencia, infantilismo, candidez,
¿y por qué no?, la manipulación y
hasta mala fe, tienen un precio
altísimo cuando se trata de luchar
por la libertad de su país.
La muerte de Tamayo disparó todos
los resortes publicitarios
internacional y el gobierno quedó
muy mal parado ante los ojos del
mundo. Muy poco después, varias
maniobras se han realizado para
neutralizar los efectos de esa
oposición casi muda en la isla y con
eco en este exilio inagotable. Son
lógicas las manifestaciones de
rechazo por un amplio sector de la
diáspora que cada día va perdiendo
la confianza en quienes han adoptado
su “disidencia” como una profesión o
modo de ganarse la vida. Las
reacciones del gobierno no se
hicieron esperar y su experiencia en
este terreno es meritoria.
Ocurrieron maniobras que asombró a
todos los que de una u otra manera
sirven de soporte o eco a ese
supuesto movimiento, siempre
esperando por un gesto que nunca ha
llegado y al parecer no llegará por
parte de sus verdugos.
Varios hombres se pudren en nuestras
cárceles, no ha existido piedad con
ellos y eso lo saben todos los
firmantes de esa cartica. Piden la
apertura de una inversión que solo
servirá para comprar sogas que
apretarán sus pescuezos,
lamentablemente el dinero de esa
industria alcanzará también para
ahorcar a hombres con dignidad y
vergüenza que no ceden en sus
posiciones. Es una verdadera pena,
no pidan que nos callemos.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-06-16
Y si
tenéis por rey a un déspota,
deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que
erigiera en vuestro interior ha
sido antes destruido.
Jalil Gibrán.