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Motonave "Ivory Islands"
MI BARCO (XXI) Motonave “Casablanca”
Esteban Casañas Lostal
Desde
Montreal |

uando ganas dos dólares diarios
y te ofrecen una plaza donde
ganarás ciento cincuenta al mes,
solo
se presenta una pregunta en tu
mente, ¿a quién hay que matar?
No pregunté mucho para aceptar
inmediatamente la proposición
que me hacían, incluso, llegué a
pensar que me encontraba
superando aquellos baches del
pasado y mi carrera
experimentaba un leve ascenso.
Estos idiotas pensamientos
llegaron a mi mente por una sola
razón, eran muy pocos, contados,
los llamados a integrar aquella
flota fantasma con buques
abanderados en diferentes países,
han sido conocidos como buques
con “banderas de conveniencia” a
través de los años. Sacaba
cuentas mientras cumplían todo
ese ritual burocrático que
consumía varias horas, llenarte
toda la documentación exigida
para un formal enrolo. En dos
meses ganaría trescientos
dólares, pensaba, si lo traduces
al sistema de pago en Mambisa,
esa cantidad equivale a cinco
meses de navegación. Pero un
barco no realiza viajes de dos
meses pelados, trataba de
consolarme y buscar más plata en
mi mente. ¿Y si el viaje fuera
de seis meses? ¡Coñóoooo! Hago
el pan, 6X150=900, estamos
hablando de plata en serio,
billetes. Para ganar esa
cantidad en los barcos con el
machete en la chimenea, debía
mantenerme a bordo unos quince
meses, ¡más de un año! ¿Se
imaginan la cantidad de pajas?
Era sumamente feliz y no me
enojaba por las demoras de
aquellos lentos y sumamente
pacientes funcionarios de
nuestra empresa, un poco vagos
también.
Partí en horas de la tarde, casi
en el horario donde cierran
todas las operaciones del día.
Me informaron que el buque
“Casablanca” se encontraba
descargando en uno de los
muelles Sierra Maestra y hacía
él me dirigí a toda la velocidad
que dieron mis piernas.
¡Sorpresa! Desde que enfilé su
proa lo reconocí y sentí deseos
de regresar por el mismo camino,
era un poco tarde para dar
marcha atrás. Subí por la
descuarejingada escala del que
fuera “Jade Islands’ y luego
“Renato Guitart”, ahora se
llamaba “Casablanca”. Un nombre
muy sugestivo que no aclaraba si
se trataba de aquel puerto
marroquí o el humilde caserío
habanero enclavado a orillas de
su bahía. Cualquiera de los dos
me valía un pito, aunque el
primero me devolvía a la figura
de Humphrey Bogart y uno de mis
viajes en el buque Habana. El
segundo solo reflejaba en algo
las miserias que se vivían en
nuestra isla, se mantenía
caprichosamente aferrada al
único trencito eléctrico
existente en el país. Elevo la
mirada por encima de ella y
encuentro un pedazo de mi
infancia en la cima de su loma.
El viejo Vasallo se encontraba
esa tarde de guardia, lo
encontré con los pies desnudos
sobre la mesita del salón y un
vaso de ron encima de ella. El
calor era insoportable y por la
portilla del camarote penetraba
el ruido que producen las
maquinillas, moscas, mal olor y
bastante luz. Nos conocimos en
Ámsterdam cuando él se
encontraba subordinado a Panchín
en el Onyx Islands, estaban
reparando en los astilleros de
la ADM y yo arribé con el N’Gola.
Los visité y compartimos un rato,
Panchín había cambiado mucho,
aquella rebeldía de su juventud
había cedido ante los efectos
del alcohol, ahora garantizado
en cantidades excesivas como
gastos de representación.
Vasallo no había cambiado nada
desde aquel encuentro, borrachín,
dicharachero y bonachón, el
clásico individuo que nunca se
toma la vida en serio, todos
respetan por su edad, nadie cree
en lo que dice y al final todo
se convierte en un serio relajo.
Me senté y le hice algunas
preguntas sobre el cargo, sus
respuestas me convencieron que
no había mucho por decir, el
estado de su camarote hablaba
por él. Documentación totalmente
desorganizada o inexistente,
planos que se correspondían con
los viejos papiros egipcios,
cálculos sin realizar,
inventarios nunca soñados,
anarquía total.
Un breve recorrido por la
cubierta andada tantas veces me
demostraron lo que sospechaba,
el buque estaba hecho mierdas y
levantar aquel muerto exigiría
demasiados sacrificios. No
caminaba junto a un tonto, él lo
supo o sospechó, tantos años de
experiencia como timonel,
pañolero y oficial de cubierta,
me conducían por el buque con
los ojos bien abiertos. De nada
sirvieron sus explicaciones, yo
no las escuchaba en la medida
que observaba y aquella
contemplación no pudo abarcar
toda mi curiosidad. Contraostas
guarnidas con cables de trincaje,
ostas con cabos de una mena
inferior al requerido, patecas
que no giraban, cadenas de las
tapas de bodega con tramos de
diferentes longitudes y grueso
de sus eslabones. Trancaniles
alrededor de bodegas y
superestructura con orificios
que permitirían el paso del agua
hacia esos compartimentos.
Mierda de ratas a lo largo de
todo el buque, sistema de
ventilación de bodegas fuera de
servicio, posiblemente desde que
transportáramos las tropas para
Angola en el año 75. No quise
ver más y perder el tiempo en
algo que conocía al dedillo, tal
vez mejor que Vasallo. Nos
despedimos y acordamos
encontrarnos a la mañana
siguiente para continuar el rito
de la entrega. No lo volví a ver,
todavía lo estoy esperando para
que me entregue formalmente el
cargo.

Motonave "Gonzalez Lines"
Ese viaje el buque había
arribado con serios problemas y
la empresa decidió relevar a
toda su tripulación, una
historia muy parecida a mi
primer enrolo en aquella nave.
Esta vez se encontraba bajo el
mando del Capitán Juanito
Quintanar, hace unos años que
vive exiliado en Holanda. El
buque tuvo una colisión y estuvo
a punto de hundirse en Singapur,
eso nos contaron, no funcionaba
el sistema de achique en las
bodegas. Durante el viaje de
regreso, el timonel apodado “Tarzán”,
un jabao muy fuerte del barrio
Alamar, golpeó a otro timonel
llamado Fermín cuando lo
sorprendió espiando tras la
puerta del camarote del Capitán.
El golpe fue bastante fuerte y
requirió una arribada forzosa a
las islas Hawaii, allí lograron
salvarlo.
Los antecedentes que me llegaron
por terceras personas eran
terribles, Juanito y Vasallo
eran buenas gentes, mal presagio
para los tiempos que corrían y
la calidad humana que tripulaban
nuestros barcos. La vida en esas
condiciones se convierte en una
descontrolada anarquía, donde la
tripulación tiende a seguir a
los líderes espontáneos y le
pierde el respeto al mando.
Generalmente esos líderes
inoportunos suelen ser los
secretarios de las
organizaciones políticas, gente
sin conocimientos técnicos en la
mayoría de los casos, reina el
caos y la vida toma un carisma
muy peligroso cuando no se logra
someter a la tripulación. Para
garantizar la seguridad de las
vidas a bordo de los barcos, el
mando debe hacerse respetar en
todo momento. Poco importa los
métodos aplicados para lograr
ese respeto, el subordinado debe
sentir en todo momento la voz y
presencia de su superior. Cuando
eso no existe y una voz se eleva
por encima del mando, el peligro
se encuentra al doblar de la
esquina. Un hombre con mando a
bordo de una nave no puede
sentir temor cuando imparte una
orden, un jefe con miedo es lo
peor que se puede encontrar en
altamar. La vida del resto de la
tripulación depende de sus
acertadas decisiones y eso es
algo que debe tener presente en
todo momento un buen Capitán y
Primer Oficial. En aquellos
casos donde el Capitán asuma por
su temperamento el papel de
bonachón, debe existir un Primer
Oficial que imponga la voluntad
y respeto del mando aunque sea
tildado de hijoputa por los
tripulantes. Todas las veces que
nuestras naves arribaron a La
Habana con problemas graves, se
debieron a debilidades de sus
jefes a la hora de aplicar, sin
extremismos, las regulaciones
establecidas por el reglamento
de la marina mercante. Nadie
sabe cuántas veces se
encontraron en peligro nuestros
buques y sus tripulaciones por
pendejadas de ese tipo. Estoy
convencido de que el naufragio
del buque Guantánamo tuvo sus
orígenes en esas situaciones,
poco poder de mando y miedo a
tomar decisiones acertadas para
el caso de peligro.

Motonave "El Jigue"
Francisco Demares Navarro relevó
a Juanito Quintanar, poco me
importa que se encuentre en el
exilio en estos momentos, ya le
he dedicado bastantes líneas y
pueden ser halladas en mi
trabajo titulado “La vuelta al
mundo en una cafetera”, no me
abstengo o arrepiento de nada
escrito. La historia de nuestra
marina debe ser escrita tal y
como sucedió, ¿fuiste un
hijoputa e hiciste daño?, así
debes aparecer aunque luego te
revindiques.
Cancio ocupaba la plaza de
Segundo Oficial, muy buen
muchacho y bien preparado
técnicamente. Hubo química entre
nosotros y fui testigo de su
boda al regreso. Creo deba
agradecerme haberlo arrebatado
de los brazos de una prostituta
en Etiopía cuando se encontraba
totalmente borracho. Estaba en
víspera de su boda y las
enfermedades en ese país las
hallabas a la orden del día.
“El Musi” se encontraba de
Tercer Oficial, fue alumno mío
en la academia naval de el
Mariel durante la promoción
XVII. No lo conocí esa vez,
perteneció al grupo más rebelde
en toda la historia de esa
escuela y sin embargo, no era
masticado por ninguno de los
tripulantes que dieron ese viaje.
Calixto Piedras era el Jefe de
Máquinas, buena gente, chévere,
compartidor, pero con dos caras.
Me encontré con él por los años
noventa en Montreal en casa de
un marinero de cubierta, no
había insistido por encontrarse
conmigo sabiendo que yo vivía a
media cuadra de distancia.
El enfermero-sobrecargo era un
desastre de Santa Cruz del
Norte, no puedo recordar el
nombre de aquel idiota y cobarde.
“Si no aparece mi dinero te
descojono”, creo fueran las
últimas palabras cruzadas con él
en la acera frente a la entrada
de la empresa un mes después de
haberme desenrolado de aquel
buque.
Henry, el prototipo del
contramaestre buena gente y
sonriente, no recuerdo si era de
Isabela de Sagua o Caibarién,
poco confiable y nadador de dos
aguas. Hacía lo imposible por
quedar bien con todo el mundo.
No podemos dejar de mencionar al
secretario del partido,
combatiente de la Sierra, bueno,
tal vez no disparó un solo tiro,
estuvo entre esa gente. Hijoputa
como pocos, rancio comunista,
extremista e ignorante como
todos ellos. Ocupaba la plaza de
ayudante de máquinas y fue la
nota más desagradable durante
ese infinito viaje, se llamaba o
llama “Rondón”, Cuba le
agradecería se pusiera el traje
de palo si no lo ha hecho.
Algo muy importante no
explicaron cuando me iluminaron
con la cifra de $150 dólares
mensuales, la tripulación era
reducida, reducidísima, diría yo.
En cubierta tenía solamente a
cuatro hombres, el contramaestre,
dos timoneles y un marinero. Ese
personal debe dividirlo entre
tres brigadas de guardia, las
maniobras en proa y popa, además
de atender un barco que disponía
de siete bodegas de carga. ¡Imposible!
Gritarán todos los que dominen
esta profesión y debo darles la
razón. ¿Cómo se resolvía la
situación? Los oficiales
teníamos que hacer guardias de
bodegas como un marinero más,
agarrar cabos en las maniobras y
no les cuento sobre las labores
de limpieza de bodegas. Para las
maniobras debía completar con el
cocinero y el único camarero a
bordo, el resto del personal
necesario era completado por la
gente de máquina.

Motonave "Agate Islands"
El barco no se encontraba en
condiciones de navegabilidad, ya
eso lo he mencionado en otros
trabajos y he hablado sobre el
triste papel de los inspectores
cubanos que trabajan para el
Lloyd Register, Buró Veritas y
Registro Cubano de Buques. Por
encima de las decisiones que
ellos tomen, la última palabra
es la que ofrecen los organismos
de inteligencia cubano. Siempre
existió una frase muy temida y
que nadie se atrevería a cruzar:
“Esto es un problema del Estado
cubano”. Después de escucharlas,
todos esos funcionarios
extendían prolongaciones de los
certificados aún sabiendo que el
buque podía hundirse. No dudo
que en igualdad de condiciones
haya partido el buque Guantánamo
y todos conocemos el final de su
tragedia.
El sistema de achique de bodegas
no funcionaba y cuando
destapamos las sentinas, que en
el caso de aquellos viejos
buques llegaban a superan en
profundidad la altura de un
hombre, nos vimos enfrascados en
la tarea de extraer incontables
barriles de porquería acumulada.
Fue una tarea que nos tomó
varios días de duro trabajar,
aún después de destupidas, el
sistema no funcionaba
correctamente. Los botes
salvavidas no arriaban por
gravedad, ya lo he señalado en
otros trabajos. Medio día a
golpe de mandarrias y calor
aplicado con antorchas de
acetileno para destrabarlos.
Tampoco se encontraban
avituallados. Cuando ordenaba
lastrar el Peak de proa, esa
agua iba recorriendo todos los
tanques hasta inundar el cuarto
de máquinas y el problema grave
venía después, ¿cómo
deslastrarla? Técnicamente
salíamos a jugarnos la vida en
aquel tareco y lo hacíamos por
la divisa que nos pagaban, un
poco más del doble de la
recibida en los buques cubanos.
Si a las pésimas condiciones
técnicas le sumas el factor
humano, entonces debes llegar a
la conclusión de que fuiste
enrolado en el mismísimo
infierno. Demares fue uno de los
capitanes más ruines con los que
me tocó la desgracia de navegar,
no era militante del partido y
su servilismo hacia esa
organización provocó que el cojo
Rondón se hiciera dueño del
escenario. Oportunidad muy bien
aprovechada por algunos
subordinados para ignorar al
mando del buque, fatal para su
normal funcionamiento.
Cuando pasamos por el Canal de
Panamá se negó a completar el
avituallamiento de la nave, aún
cuando el presupuesto asignado
para nosotros era superior al de
cualquier buque cubano. Teníamos
también un Bond Store a bordo
donde podíamos adquirir rones,
cervezas y refrescos al precio
de compra, o sea, nunca se le
agregaba impuesto alguno y era
un fondo fijo que no reportaba
pérdidas o ganancias. Demares
eran tan sumamente miserable,
que se negaba comprar artículos
para ese negocio que no afectaba
los intereses o presupuestos del
buque, lo hizo casi hasta
finalizar el viaje.
Salimos de Cuba a finales de
Diciembre y recuerdo que
celebramos el día 31 antes de
arribar a Panamá.

Motonave "Las Coloradas"
La navegación nos tomó unos
cuarenta y cinco días hasta
Singapur, puerto al que llegué
de guardia y no pude bajar a
tierra las pocas horas tomadas
para hacer agua, combustible y
víveres. Durante el viaje
tuvimos unas veinticinco paradas
por averías en máquinas y la
velocidad promedio fue de unos
once nudos en todo el recorrido.
La derrota seleccionada fue
cercana a la zona del Ecuador,
donde las temperaturas eran
elevadísimas y como es de
suponer, insufribles en un barco
carente de aire acondicionado.
Si le sumamos a eso el ejército
de ratas existentes en el barco,
el hambre padecida y la ausencia
total de alimentos frescos desde
una semana posterior a nuestra
salida de Cuba. Puedo afirmar
sin temor a equivocarme que, ese
viaje estaba comprendido entre
los peores realizados en barco
cubano alguno. De Singapur
continuamos viaje para Malasia y
allí no nos permitieron bajar a
tierra, formábamos parte de una
lista de gente considerada
peligrosa y compartíamos la
misma suerte de israelitas y
rusos. La descarga se realizaría
fondeados y con los medios del
buque, siempre con el temor de
que faltara algún amantillo o
amante y provocara un accidente.
Casi un mes nos tomó descargar
aquellas trece mil toneladas de
azúcar a granel, o sea, corría
el mes de Marzo y yo no había
tenido contacto con tierra.
Nos destinaron a cargar arroz en
sacos en el puerto de Wampoa,
China. Eso representaba que
debíamos baldear las bodegas en
las condiciones antes
mencionadas, poco personal y
sistema de achique prácticamente
fuera de servicio. Operación que
nos tomaría otras dos semanas
fondeados en aquel país, donde
fueron rechazadas las bodegas
para recibir ese cargamento.
Después de decenas de horas
baldeando las bodegas y otro
centenar de ellas sacando el
agua con barriles de las
sentinas, logramos acercarnos al
puerto y comenzar las
operaciones de carga fondeados,
corría el mes de Abril. ¡Ño! Al
fin logro bajar a tierra.
Quedaban vacíos un entrepuente y
la bodeguita número siete para
completar carga en Etiopía, país
en el que Cuba se vio
involucrada en otra de sus
guerras extraordinarias.
Permanecimos fondeados varios
días en el puerto de Asaab
esperando por la carga y cuando
finalmente pudimos atracar, las
autoridades etíopes no nos
permitían salir a la calle. Tuvo
que viajar hasta el puerto la
esposa del embajador cubano
Humberto Pérez Herrero para
resolver nuestra situación ante
los hermanitos de Etiopía. ¿Y
aquí no fue donde murieron
algunos cubanos para defenderlos
contra Somalia? ¡Vaya hermanitos
que nos echamos!

Buque refrigerado "La Lima"
Partimos y nos detuvimos en
Ceuta para hacer combustible, ya
les dije que era malísimo para
las fechas y apelaba a eventos
ocurridos para situar en
contexto muchos de mis pasos y
escritos. Recuerdo que estando
allí y sin salir a la calle por
encontrarme de guardia,
conversaba con uno de los
trabajadores del puerto y me
dijo, ¿te enteraste?, ya se
declaró el primer caso de SIDA
en Cuba, era un homosexual.
No solo le dimos la vuelta al
mundo navegando por loxodrómicas
solamente, Demares tomó como
punto de recalada a la isla de
Puerto Rico para dirigirse a
Cuba. Cualquiera de nuestros
navegantes comprendería que eso
es una idiotez por dos razones
principales, debe bajarse en
latitud y la tierra de Puerto
Rico es muy baja, vienes a
observarla por radar
prácticamente cuando te
encuentras muy cerca de ella. O
sea, se incurre en navegar
millas de más innecesariamente y
eso se traduce a gasto de
combustible, pero nada de eso
era controlado por nuestra
Empresa y todo se dejaba a las
decisiones tomadas por los
capitanes, muchas veces
desafortunadas. Si Demares
hubiera sido un individuo
incapacitado como Gabriel
Sánchez o Remigio Aras entre
muchos otros, yo lo comprendería,
pero su caso era totalmente
diferente, yo considero que era
un individuo bien preparado
técnicamente. ¿Por qué lo hacía?
Sabe Dios, porque como ya
expresé antes, tampoco era
militante del partido y se
comportaba como el más miserable
de todos ellos. Entre las
locuras realizadas ese viaje, se
encuentra haber mandado a pintar
sobre el óxido toda la banda de
estribor del buque, solo esa. ¿Saben
por qué? Porque esa era la banda
que se mostraba al malecón a la
entrada de la bahía de La Habana
y precisamente donde radicaban
las oficinas de los Prácticos,
allí mismo estaba localizada el
comité del partido de la marina
mercante.
Atracamos para descargar algo de
arroz en la capital y dio la
orden de sacar de la carga
algunos sacos para la gambuza
del buque. Yo di la orden de
regresar todos aquellos sacos
robados a las bodegas y esperé a
que se cumpliera mi orden. Si
hubiera existido necesidad,
estoy convencido de ser el
primero en robar y alimentar a
la tripulación, pero en nuestro
caso esa situación no existía.
Demares no quería gastar el
dinero asignado a esos
menesteres, sometía a sus
tripulantes a sacrificios
innecesarios, y luego, se
aparecería con un informe ante
el director de la empresa y el
partido mencionando que había
ahorrado tanta cantidad de
divisas. Durante todo el viaje
me convertí en su pesadilla y la
de Rondón.
Me presenté inmediatamente ante
Fidelito en el departamento de
Cuadros y le pedí que me buscara
un relevo inmediatamente, quedó
pendiente el compromiso de
enviarlo, no sería muy difícil
encontrarlo cuando le
mencionaran que ganaría $150
dólares mensuales. Partimos para
Isabela de Sagua a continuar
nuestra descarga y allí
permanecimos fondeados varios
días sin operaciones. Mi estado
de rebeldía iba en aumento e
intolerable. Uno de esos días,
Demares, por tal de librarse de
mi presencia, me dice que si
deseo le entregue el cargo al
Musi hasta que llegara mi relevo.
El acta de entrega se encontraba
lista desde antes de arribar a
Cuba y no me detuve en
explicarle nada, solo exigirle
que firmara y lo hizo. Ya se
había enrolado a bordo otro
muchacho como relevo de Cancio,
se llama Víctor Urquiola y
desertó hace varios años en
Canadá, creo que vive en Puerto
Rico. Cuando me dirigía para
Isabela en una lancha, nos
cruzamos a mitad de camino con
otra que se dirigía al barco. En
ella viajaba un negro uniformado
con charreteras de Primer
Oficial y supuse fuera mi relevo.
Entregué los documentos en la
Empresa y tomé unos días de
descanso, habían transcurrido
más de ocho meses desde que
fuera enrolado en aquella
cafetera. Fue la primera vez que
le diera la vuelta al mundo a
once nudos de velocidad y por el
Canal de Suez. Atrás quedaba
otra de mis grandes pesadillas,
Cancio se casó y yo fui el
testigo de su boda.
Esteban
Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-05-30
PD.- No existe constancia
fotográfica del "Jade Islands",
"Renato Guitart" o "Casablanca",
se han insertado fotos de otros
buques de su época.
Y si tenéis por rey a un déspota,
deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que
erigiera en vuestro interior ha
sido antes destruido.
Jalil Gibrán.
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