Ese fue mi mundo, muy diferente al de Luís Ortega,
donde la acción improvisada y
oportuna, contrasta con la palabra
bien escrita y refinada. Hablo de un
mundo independiente, una nación
aislada y poblada por un grupo de
gente. Hablo de un mundo donde la
palabra testículo no se conoce, pero
hay que tenerlos bien puestos a la
hora de imponer una orden. En esas
circunstancias tan opuestas, y me
refiero a la existente entre la
palabra culta y la decisión oportuna
cargada de vulgaridades, comprobé
que unos cojones expresados con
energía podían salvar vidas. En esas
oportunidades no existe espacio a la
prosa exquisita o poética, te
impones y te salvas, recitas y
pereces. Ese es el mundo que
desconocen muchos periodistas,
escritores, compositores y poetas
que desvelados. Se han sentado en el
muro del malecón buscando una
inspiración, yo me senté allí con
una vara de pescar para tratar de
llevar algo a la olla. La diferencia
es muy grande. ¡Oh, rayo de luna!,
dijo el poeta embriagado por el
plenilunio mientras a su espalda la
ciudad dormía. ¡Oh, rayo de luna! Me
duelen las nalgas, tengo hambre y
nada pica. Dijo el ciudadano que
nada sabe de poseía, el que siempre
desconoció Ortega en cada uno de sus
artículos.
Resulta asombroso, Luis Ortega, y perdonen la
redundancia, pero suponiendo que
escribo para cubanos, y que gozamos
de muy mala memoria, ha sido hasta
ayer, y me refiero al doblar de la
esquina, una de las plumas más
ácidas y corrosivas en contra del
exilio cubano. Bueno, aún no se ha
desprendido totalmente de ese vicio
y deja escapar de una manera sutil e
inteligente su odio por la comunidad
cubana en el exterior. Esas bilis se
derraman cuando hace referencia a
los de su generación, luego, el
estiércol es desparramado con saña
en contra de aquellos marielitos, y
ahora.
Tengo que hacer punto y aparte, resulta que el viejo
Ortega ha ido cambiando su discurso
como buen camaleón que es, ya no es
tan venenoso, su agresividad
decrece, deja de ser tan ácido y se
le escapan verdades que una vez
expresaron sus enemigos, los mismos
que él atacó con saña. ¡Cómo cambian
los tiempos! Llama entelequia a su
revolución, ¿pretende tomarnos por
idiotas u obligarnos al uso del
diccionario en medio de su chochez?
Me inclino por lo último, su
chochera es paralela a la de su
último amo.
Su último artículo, ¿Cómo fue que se arruinó Cuba? (http://www.cubaenelmundo.com/Articulos/ortega2.htm)
Suena tan falso, tan vacío, tan
hipócrita, tan cobarde y tan
estúpido. Que las verdades
expresadas en el mencionado
artículo, resultan falsas cuando son
manifestadas por una culebra como
Luís Ortega. Digo culebra en el
sentido peyorativo de la palabra, y
espero me disculpen ofidios y
serpientes, animales que contribuyen
a la estabilidad del reino animal.
Ha cambiado radicalmente su odioso discurso de la
noche a la mañana, lo imagino
escribiendo su artículo epistolar
confiado en que el tiempo lo
ayudará. Se equivoca una vez más, no
todos somos tan viejos como usted y
su admirado comandante. No todos
olvidamos sus visitas a La Habana y
las publicaciones de sus trabajos en
la prensa cubana (homenaje que no
reciben periodistas radicados en la
isla, no menciono sus tendencias
políticas) No todos olvidamos que su
pluma ha sido embajadora del odio y
desprecio por aquellos cubanos que
renunciaron una vez a vivir
encadenados. Nada de eso puede
olvidarse Luís Ortega, por mucho que
insista desde ahora hasta el minuto
de su muerte.
Cuba no se ha arruinado por las
causas tan estúpidas que usted
pretende vendernos, hoy se atreve a
llamar tiranía al régimen tan
oprobioso que lo ha recibido en su
seno. Palabra combatida por usted
cuando fue pronunciada por otro
cubano, ¿de qué le ha servido su
cultura, su prosa, su sintaxis, sus
conocimientos de historia,
filosofía, ortografía, su desprecio,
odio e hipocresía? Se lo resumo en
pocas palabras, ¡de nada!
Las desgracias de Cuba no comenzaron antes ni después del
retorno del gallego Ángel Castro
como usted pretende demostrarnos.
Esa desgracia tal vez fue culpa de
una comadrona, poco importa, pudo
haber sido la misma que trajo al
mundo a Batista cumpliendo su
trabajo, ellas no tienen la culpa.
Las desgracias de Cuba comenzaron
con usted y cientos de personas de
su misma calaña. Los mismos que hoy
se apresuran a cambiar su discurso,
un poco tarde, ¿no cree?
Desafortunadamente, no todos han cambiado el discurso
en la misma dirección, solo que
usted lo hizo en el sentido
equivocado, como buen arrivista y
oportunista que ha sido durante toda
la vida. No creo que le sirva de
mucho, aunque su chochera, similar a
la de su amo, no le permita
comprender en medio de su senilidad,
existimos cubanos sobrevivientes que
disfrutamos de buena memoria.
Usted lo ha dicho, varias generaciones de cubanos han
muerto y se encuentran enterrados en
los cementerios de La Florida con
los sueños de regresar a Cuba algún
día. Afortunadamente, me encuentro
entre los vivos que no se desesperan
por ese regreso, ni se dejan matar
por la nostalgia. Para nosotros,
Cuba dejó de ser una isla hace mucho
tiempo, Cuba se encuentra en
cualquier continente, Cuba pertenece
a cualquier universo. ¿Sabe por qué,
don Luís? Porque muchos de esos
cubanos a los que tanto usted atacó
y vilipendió con su exquisita pluma,
continuamos siendo los mismos
cubanos y no necesitamos cambiar el
discurso o cambiarnos de careta, el
tiempo nos ha dado la razón.
Las desgracias de Cuba usted nunca las conoció, y si las
supo, hizo lo imposible por
ocultarlas. Continúe escribiendo
así, los tiempos cambian, lo salado
es dulce, lo negro es blanco, y el
odio será amor algún día. Solo
cuando gente como tú dejen de
existir.