Montreal.Canadá.-
Abril 01 del 2010-04-01
De.- Esteban Casañas Lostal.
Al.- Embajador de México en Canadá.
Excelentísimo señor Francisco J. Barrios
Terrazas.-
Puede Ud. estar convencido de que si mi
familia no se encontrara atravesando por
momentos de angustia, incertidumbre y
demasiado dolor, no ocuparía un solo minuto
de su preciado tiempo. Sin embargo, la
indiferencia e insensibilidad humana
encontrada a mi paso por parte de
funcionarios de su país desde hace
exactamente dieciséis días, me obligan a
acudir a Ud. Como último recurso ante las
autoridades mexicanas.
Mi nombre aparece en el encabezamiento de
estas líneas, soy ciudadano canadiense de
origen cubano. Le escribo como representante
de las familias de Yusimil Casañas Casneiro
(25 años de edad) de la cual soy tío. Soy
portavoz también de la familia de su esposo,
Michel Rojas (32 años de edad). Ambos se
encuentran desaparecidos en México desde el
pasado día 17 de Marzo a las 09:30 AM del
presente.
En cada una de las gestiones realizadas con
el propósito de obtener alguna noticia sobre
el paradero de estos jóvenes, me he visto
obligado a repetir la misma historia que ya
es de suficiente dominio público. He contado
con el apoyo de importantes medios de prensa
en diferentes partes del mundo, incluidos
algunos de amplia difusión en México. El
comportamiento de todos los periodistas ha
sido admirable ante los ojos de nuestras
familias, poco nos importa el
sensacionalismo de la que se nutre la prensa
en el mundo, ellos han respondido
positivamente a nuestras demandas y ese
gesto se agradece de todo corazón.
Sin embargo, cuando hemos tocado las puertas
de quienes representan al pueblo mexicano,
los resultados no han sido nada halagadores
y me reservo la opinión, pero puede
confiadamente interpretar mis palabras. Si
le resultara difícil comprenderlo, imagine
por un solo instante que tiene desaparecido
a uno solo de sus parientes.
No soy quién para juzgar a los funcionarios
del gobierno que Ud. representa en este
país, pero si de algo estoy muy claro, es en
los sentimientos de ese pueblo al que
conozco desde hace muchos años. Lo he
visitado, comparto mi vida con una familia
mexicana y por las venas de mi nieta corre
sangre de su país. ¿Sabe una cosa? Nunca me
he sentido más orgulloso porque esa niña
haya nacido en Canadá, ya habrá tiempo para
contarle cuando sea una adulta.
Todo intento personal o de la prensa por
obtener alguna información de su gobierno,
ha chocado con una muralla que se extiende
hasta el exterior de sus fronteras. No solo
es el silencio ante un evento ocurrido en su
tierra, deberíamos sumarle cierta cuota de
cinismo. No sé si Ud. se ha visto alguna vez
necesitado de un mínimo de atención por
parte de quienes están obligados
“oficialmente”, porque demás está decir que
viven y se alimentan del erario público. No
sé qué sentiría al repetir incansablemente
la misma historia y que le tomen el número
de teléfono con la promesa de una llamada
que nunca llegará. ¿No se siente burlado?
La actitud demostrada por el gobierno de
México ha sido la de lavarse las manos.
–“No hemos recibido ninguna información de
la embajada de Cuba”. Declaró la señora
Patricia Espinosa de la Secretaría de
Relaciones Exteriores de México ante la
prensa. ¡Muy bien! Pero a partir de ese
instante ya se encuentra con pleno
conocimiento de la situación, ¿es que aquí
terminó su responsabilidad? Todo lo
contrario, pienso yo, su deber tuvo que
haber sido exigirle una explicación
inmediata al embajador cubano y luego
hacerla pública. ¿Por qué no se hizo?
Estamos en presencia de un evento ocurrido
en su tierra, donde se reporta la
desaparición de dos personas y un auto
propiedad de la embajada. ¿Es que la
inmunidad diplomática también lleva el
timbre de “impunidad”? ¿Tienen derecho los
representantes diplomáticos de cualquier
país en México a ocultar lo que puede
derivarse en un delito o crimen ocurrido en
sus territorios?
La información ofrecida por el MINREX de
Cuba en La Habana a la familia fue muy
parca, “desertaron”. ¿Dónde están las
pruebas de que haya ocurrido así? Para el
gobierno de la isla con el cual usted está
obligado a compartir en banquetes,
recepciones, brindis, cócteles y otras
celebraciones afines a su oficio, todo ser
humano en la isla se encuentra comprendido
en el inventario de sus propiedades. Un solo
minuto de ausencia de su feudo puede ser
considerada una deserción, ejemplos y
experiencias sobran, yo también fui uno de
esos desertores. Pero imaginemos por un solo
segundo de que no haya ocurrido así y que
tratáramos de personas que han sido
secuestradas o en el peor de los casos
asesinadas en México. ¿Cómo es posible que
la embajada de Cuba no haya realizado una
denuncia formal ante las autoridades de
México?
¿Sabe una cosa? Nos resulta muy difícil
digerir este silencio de las autoridades
mexicanas y como es de suponer, queda mucho
espacio disponible a las especulaciones.
Investigando sobre la vida de mi sobrina,
encuentro algunos peldaños de esa escalera
que me conducen hasta el equipo de trabajo
del defenestrado ministro de relaciones
exteriores Pérez Roque. ¿No cree su gobierno
nos encontramos ante una persona que pudo
haber tenido guardada cierta información de
valor? Estoy totalmente convencido de que
los servicios de inteligencia mexicanos
tenían pleno dominio de esta información.
Entonces, debemos buscar por este lado el
fundado propósito de sepultar la noticia en
el silencio.
Como solo poseemos disponibilidad a las
especulaciones, digamos o pensemos que el
gobierno de México, como en anteriores
oportunidades, tiene conocimiento pleno de
este caso y actúa como el amigo fiel de esa
tiranía que disfruta de tanta complicidad en
este continente.
Ya ha pasado demasiado tiempo y comenzamos a
pensar lo peor, todo tiene espacio en este
territorio dispuesto a la especulación.
Podemos pensar que los muchachos fueron
secuestrados por sicarios o testaferros que
trabajan para el gobierno cubano en su país
y devueltos a la isla. ¿Por qué, no? Una
operación similar fue ejecutada en el año 92
en Montreal y en este país no existe la
corrupción que hay en México.
Tengo en mi poder copia del email enviado al
Cónsul en Montreal, al día siguiente llamé
por teléfono y luego de contar la historia
se comprometieron en llamarme. Ayer repetí
la llamada y hablé con otra secretaria del
mencionado Cónsul, otra vez la narración de
la historia y comprobación de que no se
habían molestado en leer el email dirigido
al funcionario. Nuevamente la promesa de
llamar y hasta el sol de hoy, el
comportamiento ha sido similar al encontrado
en mis gestiones directas con Ciudad México.
Veo diariamente las noticias que tratan
sobre su país y me conmuevo ante la epidemia
de crímenes, corrupción y secuestros que
viven los mexicanos. Veo a la gente de su
país desfilando por ciudades de EU, reclaman
humanamente por una revisión de las leyes
emigratorias estadounidenses que les
garanticen la vida en el lugar donde
entraron ilegalmente. Los comprendo y
simpatizo con ellos, todo ser humano tiene
derecho a buscar en otras tierras la
felicidad negada en la suya. Considero, sin
embargo, los funcionarios de México con su
comportamiento ante otros extraños en su
tierra, le hacen un favor muy flaco a esas
demandas de sus nacionales en otros
territorios.
Lamento profundamente haber ocupado parte de
su preciado tiempo, someto a su voluntad
cualquier tipo de respuesta. Le sugiero que
le ahorre a su consulado en Montreal todo
tipo de justificación tardía, vivimos en una
época donde las comunicaciones satelitales e
Internet se realizan en solo segundos.
En el momento que Ud. reciba este email, el
mismo será de dominio público y haré un
envío a diferentes medios de prensa. Lo
lamento, pero no han dejado otra opción.
Cordialmente.
Esteban Casañas Lostal
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.