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¡Y
POR FIN DESPERTAMOS!
Esteban Casañas Lostal
Desde
Montreal |

a
caída de uno de los peores regímenes
conocidos del desaparecido “campo socialista”
y me refiero específicamente al de Rumanía,
tuvo como detonador principal la
asfixiante situación económica sufrida por
su población, copia fiel a la existente en
la isla actualmente. Luego, aquella oportuna
intervención de un grupo de jóvenes
estudiantes, quienes aportaron las primeras
cuotas de sangre en lo que después se
convirtiera en un levantamiento popular,
trajo como consecuencias la suma total de su
población y parte de las fuerzas armadas en
ese hecho histórico que derrumbó el poderío
de quien o quienes, se consideraron hasta
esos momentos “invencibles”.
Cuba va siguiendo esos pasos, medio
siglo de hambruna y calamidades encubiertas
siempre en la promesa de un futuro que nunca
acaba de aparecer, resulta agobiador y
frustrante a varias generaciones de sus
nacionales. Parapetados en la indiferencia y
complicidad mundial, el régimen de La Habana
ha actuado a su antojo destruyendo todo el
patrimonio heredado de nuestros antepasados
y conduciendo a la isla al mismo nivel de
miseria del peor de los países
subdesarrollados del planeta. La gente
comienza a cansarse y de paso comienzan a
abrir los ojos una parte de nuestros vecinos.
Todo parece indicar que en la isla el
papel asumido por los estudiantes rumanos
será interpretado por un grupo de mujeres,
no hay dudas. Ellas, las esposas y madres de
los prisioneros políticos negados por el
régimen y convertidos por el poder de sus
medios de información en simples
“delincuentes” o, “mercenarios” al servicio
del imperialismo, no se rinden y continúan
diariamente sus justos y humanos reclamos.
Llevan varios años desarrollando esa
lucha pacífica tan temida, contra la cual se
rinden cohetes y todo el poderío militar de
cualquier nación, los Castros lo saben. Hoy,
finalmente el mundo comienza a despertar
ante las imágenes recibidas desde La Habana.
Mujeres que desfilan incansablemente por las
calles de la capital cubana y portan como
armamento una flor, son reprimidas
brutalmente ante los ojos del mundo y se
desmorona toda la muralla de mentiras
construida en medio siglo de existencia.
El mayor mérito de “las Damas de
Blanco”, no solo consiste en atraer la
mirada siempre indiferente de este mundo
sobre el caso cubano. Su victoria principal
ha sido sacarnos de ese infinito letargo en
el cual se encontraba sumido el exilio
cubano desde hace muchos años, y no solo eso,
sumarle también el apoyo de miles de
hermanos latinoamericanos que se mantuvieron
engañados hasta hoy.
El papel desarrollado por la mujer
cubana en su lucha cotidiana por subsistir,
solo era conocido por los nacionales hasta
hace muy pocos momentos. Ese derroche de
valentía y su constante desafío a las
autoridades en su afán por alimentar a su
familia, es algo que cada cubano conoce de
muy cerca, ellas nunca se callaron. Pero el
reto de hoy es diferente al reclamo por unas
libras de alimentos, las mujeres han tomado
la vanguardia en esa lucha por liberar a los
suyos de injustas cárceles y sin darse
cuenta de su epopeya, escriben nuevas
páginas a la historia de nuestra nación. Su
valentía transpira esa invitación a
seguirlas, viejas, indefensas, sacrificadas,
soportando todo tipo de humillaciones y
atropellos, Las Damas de Blanco no se
detienen en su empeño. Nos obligan a
detenernos y mirarnos por dentro, ¿dónde
estamos los hombres de ese país? ¿Los
hombres, los verdaderamente machos? Esos
están presos y nos regalan sus vidas en
huelgas de hambre con tal de despertar al
mundo, y lo logran, el mundo comienza a
despertarse.
Vi el desfile celebrado en Miami y no
puedo ocultar mi orgullo, allí estaba mi
gente y sus amigos. Allí se encontraban codo
a codo todos aquellos que una vez se vieron
obligados a abandonar su tierra, gente de
diferentes generaciones que fueron
despertados por un grupo de mujeres, cubanos
todos. ¡El momento ha llegado! Gritan como
consigna aquellos que se cansaron de
mantenerse en silencio, los que pagan
humillantes visas para regresar a su tierra,
los balseros, las jineteras, los pingueros,
el artista que emigró, el viejo batistiano,
el antiguo fidelista y hasta el paria, todos
se cansaron.
Le ruego a Dios porque esta ola llegue a
cualquier costa y se repitan esas
manifestaciones de cansancio y solidaridad
con ese grupo de mujeres y presos que hoy lo
dejan todo por algo tan sagrado por lo que
lucharon nuestros abuelos, la libertad. ¡Quiera
Dios que esa brisa llegue hasta Canadá!
Necesitamos despertar en estas tierras.
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.
Esteban
Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-03-30
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