uera
del agua se nada muy bien, dirán muchos y no
me preocupa. Tienen mucha razón,
siempre existirá uno que nade alrededor de
las sardinas y no necesariamente debe ser un
tiburón, solo un buen observador. Miami es
el escenario del que me nutro a falta de
otra “Patria”, tampoco me mata la ausencia
de aquella, ya lo he manifestado en varias
oportunidades, soy muy mal patriota y poco
patriotero, soy así, con muchos defectos. La
visito cada año como el hijo adoptivo que se
encuentra ausente y llega a visitar a su
madre para ser amamantado. La disfruto
enormemente y mis ojos tratan de captar cada
una de sus simpáticas imágenes para luego
guardarlas en el disco duro de mi mente,
así, desde 1994, puedo sentir los cambios
que ocurren en esa adorable ciudad. Me
ocurre algo similar al tiempo que vivía en
Cuba, la gente no se percataba de los
fenómenos ocurridos a su alrededor, la
monotonía de sus vidas los cegaba un poco.
Hoy pasaban por una pared que perdió el
repello y no les llamó la atención, el
proyecto inmediato era tomar la guagua, tal
vez prenderse del estribo para poder llegar
al trabajo. Luego, esa lucha constante por
llenar espacios vacíos en unas tripas
dolorosas que producen ansiedad y causan
desvelos. Al regreso por ese mismo camino
trillado por la suela de los viejos zapatos,
la persona anduvo indiferente al lado de
aquella pared que ahora había perdido varios
ladrillos. Semanas más tarde se derrumbó y
él o ella, se bajaron de la acera con la
mirada fija en la parada de la guagua, ese
era su horizonte. ¡Coño, esto está de madre!
Era mi primera expresión cuando regresaba de
un viaje superior a los seis meses,
realmente no era necesario que el viaje
fuera tan largo para percibir el gradual
deterioro de nuestra ciudad y su gente, el
poder destructivo de ese sistema es
ilimitado.
A Miami la
encuentro más bella, algo nuevo han
construido, pero no hablemos de lo que acaba
de nacer, existe una inmensa capacidad e
interés por mantener lo que ya existe y casi
todo lo encuentras como nuevo, acabado de
parir. Este es uno de los detalles que los
distinguen de los cubanos de la isla, la
indiferencia experimentada allá no los ha
afectado aún, pero viene en camino. Algunos
amigos se interesan por mi opinión cada vez
que viajo a esa ciudad, saben perfectamente
que soy observador y en extremo bastante
criticón. Me hacen esas preguntas porque
saben también que, mejor se ve desde afuera,
o sea, cuando se nada alrededor de la mancha
de peces.
En Miami
están viviendo con los ojos abiertos y sin
ver, como el pescado en tarima. No es el
mismo que encontré en mi primera visita y
posteriores, la ciudad continúa siendo
cautivadora y pepilla, pero la gente, no.
Todos los males y vicios inherentes a una
sociedad que habita noventa millas al sur se
ha ido trasladando para allá, invadiéndola y
nublando poco a poco todo su esplendor.
Chocas de frente con esos males desde que
penetras en su aeropuerto, luego, te
envuelves en recuerdos del pasado cuando
recorres sus interioridades. Mal servicio,
poca calidad de las comidas en sus
restaurantes, lentitud, falta de educación
en términos generales, indiferencia por la
labor que se realiza, etc. y esos etcéteras
pudieran resultar ofensivos, porque no
existe un ser más susceptible que el cubano
a la hora de escuchar una crítica. Nada de
esto es importante si no te detienes a
conversar con algunos jóvenes y otros que no
lo son tanto. Les molesta hablar de Cuba y
le recuerden su pasado, algo que ha sido
olvidado con la misma velocidad de un rayo.
Su mentalidad y forma de pensar con relación
al presente y futuro es nula, eso sí,
háblenle de un concierto donde puedan mover
el culo, poco importa que esos artistas sean
representantes del régimen que los condujo a
unas tierras prestadas. Ellos irán a
menearse y luego justificarán, hasta los
mencionarán como víctimas, me refiero a esos
artistas embajadores de todo el odio y
desconfianza sembrada entre nosotros. No hay
mucho que hacer o lo que nos queda por
delante es tarea de titanes, no resultará
sencillo convertir en seres humanos a una
manada semisalvaje, espero me disculpen los
excelentísimos cubanos que puedan ser
excluidos de esta apreciación.
La mala
memoria es fatal a cualquier pueblo, el
nuestro es el ejemplo más cercano, no es
solamente que olvidemos, nos esforzamos por
no recordar, es como si sintiéramos miedo o
vergüenza al hacerlo. Esta debilidad es
oportunamente aprovechada desde el sur y por
otros pícaros que viven desde acá y tratan
de endulzarnos ese terrible olvido con un
poco de música, creo que nos toman por
tontos y son demasiados los que caen en la
trampa. No solo se han sumado aquellos,
cuyas labores proselitistas han sido
desarrolladas en la oscuridad durante medio
siglo. Para más desgracias, los medios de
información en Miami se unen a los intereses
del régimen cubano. ¿Es el rating o están
corriendo muchos billetes a nuestras
espaldas? Incondicionales y privilegiados
del sistema, son mostrados en nuestras
pantallas con un discurso que solo un
verdadero idiota podrá dar crédito. Por
lograr penetrar son capaces de cualquier
cosa, hasta cambiarle la letra a una canción
ofensiva para que sea escuchada como un
mensaje de amor. Nadie ha dicho nada,
ninguno de ellos ha provocado al exilio en
viajes anteriores y el Estrecho de la
Florida se encuentra limpio de cadáveres,
nos los presentan como unos santurrones cuya
labor es unir a los cubanos, ¿quién nos
dividió? Los muertos de Mazorra, aún en
estado de descomposición, pasan
inmediatamente al olvido al son de la música
tan necesaria para mover el fondillo. En La
Habana, un grupo de cucarachas les hacen
coro a sus amos, dicen que nos representan,
no sé a quién.
¿Y nosotros?
Bien y tú, tan pasivos y timoratos como
siempre, dejándonos arrebatar nuevamente las
calles. No se asombren si un día escuchan
gritar en plena Calle 8; ¡Esta calle es de
Fidel! Poco falta para ello. ¿Y nosotros?
Aplicando la solución vigente a la cubana,
huyendo como siempre y justificando nuestras
acciones con decenas de estupideces que solo
buscan ocultar nuestros miedos. ¡Y este mal
no es propiedad de Miami solamente! Pasen
por la calle Bergenline en New Jersey y
averigüen cuantos comercios cubanos quedan
con vida. Sin darnos cuenta vamos cediendo
terreno al enemigo y Miami se ha llenado de
ellos. La culpa no es de Fidel, somos
nosotros, un pueblo al que con mucha razón
otros miran y nos califican de pendejos.
¿Hasta dónde huiremos? He manifestado en
varias oportunidades que hasta el Polo no me
detengo, pero ha sido una expresión
metafórica o parodiando con nuestras
realidades. Yo no me tengo que marchar de
aquí, los que se tienen que ir son ellos.
Miami va cediendo y las nuevas generaciones
la van entregando a cambio de meneos de
culos, gran parte de esa culpa la tienen las
viejas generaciones. Cuba ha mantenido la
misma retórica durante medio siglo, el
exilio ha mantenido la misma retórica
durante medio siglo, pero allá los han
superado en inteligencia, mientras nos han
dormido con batallitas de café con leche,
sus hijos han salido al exterior a
prepararse. Acá, somos tan dictadores como
ellos, pero no nos preocupamos por preparar
a los nuestros y en algunos casos las
sucesiones hereditarias, las que tanto
criticamos al régimen, se experimentaron del
lado de acá con resultados fatales. Si
tienen dudas pueden remitirse a la Fundación
Cubano Americana, toda una gran institución
derrumbada por esta razón.
En fin, no
hago un llamado a la guerra, pero me asquea
ver como ponemos las nalgas desde el lado de
acá sin ver un solo gesto desde allá. Hoy
por hoy y cuando veo a todas esas marionetas
del régimen por televisión, termino
confundido, no sé si soy víctima o
victimario, pero al paso que vamos, todos
terminaremos por aceptar que el exilio es el
verdugo de Cuba. El exilio debe acabar de
comprender que se debe defender a toda costa
a Miami, el día que la perdamos no tendremos
otro rincón que nos acoja. No podemos darle
el gusto de que la destruyan como hicieron
con toda Cuba.
Esteban
Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-01-30
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.