A muchos jóvenes de su generación debió
ocurrirles lo mismo que a los de la mía,
me refiero a todos aquellos que se
embarcaron en su carroza, ballesta en
mano y con los sueños de tirarle alguna
vez a la manzana. Pero el Guillermo Tell
caribeño se las sabe todas y pudo haber
aplicado las mismas tácticas con las que
aplastó a generaciones anteriores. De
poco sirvieron los carruajes donde
Silvio, Pablo y los inconformes o
protestones de los setenta transportaron
a millones de jóvenes como ellos.
Guillermo Tell conocía perfectamente las
miserias humanas, no solo por los
estudios profundos sobre esta materia
que consumió de esos grandes maestros
como Maquiavelo, supo superarlos
ampliamente y los convirtió en enanos.
No es lo mismo viajar en guagua que
tener un Lada en la puerta de la casa,
se dijo un día y pudo comprobar que no
solo el cuerpo, el alma humana cede
cuando su vida se encuentra condenada a
la miseria. Se acabaron las protestas,
los melenudos y hasta podemos limpiar
las calles de mariquitas. Y si aparte
del Lada les doy una casita en algunos
de los barrios exclusivos (o congelados),
como se dice en nuestra lengua cubana.
Ya verán como cambia el ritmo de la
música que componen, las letras se
convertirán en himnos de guerra, llanto,
dolor de los desposeídos, pero apuntarán
hacia otro lado. No se equivocó en sus
deducciones.
Carlos Varela fue el relevo de aquellos
protestones acomodados y aburguesados,
el sueño de muchos jóvenes, la esperanza
de quienes vieron apagadas las llamas de
esa rebeldía dormida desde hacía varios
años. La canción Guillermo Tell se
disfrutaba desde las profundidades de
una compleja clandestinidad y fue muy
aplaudida en su tiempo, no solo por los
jóvenes de turno, supo sumar a muchos de
los que se sintieron traicionados por
aquellos intérpretes que, solo en
apariencias, representaron el sentir de
la juventud cubana. Aplausos.
Con esta gente del mundillo cultural
cubano uno debe aprender, esas
relaciones pueblo-artista se parecen a
la que existe entre el toro y el torero.
Uno no puede descuidarse porque al menor
gesto en falso, ahí mismo viene la
cornada, y no son pocos los que han
actuado así en estos cincuenta años.
Hasta hace muy poco venían aquí, al
territorio del enemigo y manifestaban
que ellos eran apolíticos. Hoy no,
parece que se sienten como en casa en
presencia de la nueva administración
norteamericana, no solo se muestran
abiertamente tal y cual son, se van un
poco más allá y tratan de acumular algún
mérito político para su regreso. ¿Ejemplos?
Ustedes los tienen a mano.
Carlos Varela usa como pasaporte que sus
canciones recogen el “desencanto de los
jóvenes” en la isla y valdría la pena
hacerle algunas preguntas. ¿Por qué
están desencantados esos jóvenes? ¿Quiénes
son los autores de ese desencanto? Claro
está, esta carta de presentación tiene
su origen en un sitio gubernamental.
¡Qué raro! Se pretende vender al
cantautor con la imagen de un embajador
de esa juventud a la que el representa
en sus canciones, sin embargo, todo lo
que ha manifestado en las cortas
entrevistas que aparecen por el
ciberespacio, nos muestran a un Varela
con su ballesta apuntando en la
dirección equivocada, o sea, en contra
de los desencantados que él pretende
representar.
Llega con un disco bastante rayado por
un gobierno que no ha escatimado
recursos en promoverlo, “Los Cinco”, que
no son los Latinos o los 5U4 de Osvaldo
Rodríguez. Varela se convierte en
portavoz de todos aquellos que
justifican las acciones de esos espías
confesos infiltrados en territorio
norteamericano. Los llama héroes (como
sus amos), y dice, dicen ellos, estaban
luchando en contra del terrorismo. Tal
vez Varela desconozca que la red
“Avispa” era más numerosa y que solo
estos cinco se la quisieron dar de
guapos.
Para profundizar aún más en sus
meteduras de pata, porque no creo se le
deba dar otro nombre, Varela ataca a la
bloguera cubana Yoani Sánchez ante las
preguntas de un periodista, dijo él: 'Yoani
es la que más discos vende en este
momento fuera de Cuba, pero en Cuba hay
muchos artistas. Muchas Yoanis…
Demasiadas, agregaría yo, solo que no
todas escriben como ella, no todas
poseen tampoco su valor, entonces, solo
hay una por el momento. Y sí, es muy
cierto que sea una buena vendedora de
discos en el extranjero, como lo es
Pedro Juan Gutiérrez con sus libros,
pero al parecer, a Carlos Varela poco le
importan las razones, ?no sentirá un
poco de envidia también? Lo suyo es
poder viajar y garantizar otra salida al
precio que se deba pagar. ¿Es una pena?
No, no lo es, nada debe apenarnos cuando
se trata de estas aves que pertenecen a
la cultura cubana, una cornada más en
esa relación que existe entre el toro y
el torero. Varela pretende engañarnos
tirándole manzanas a las flechas, cuando
debe hacerse lo contrario. ¡Pobres
muchachos de su tiempo! Les pasó lo
mismo que a nosotros.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2009-12-08
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.