
e
toda la comedia anterior, durante y
posterior al concierto organizado por Juanes
en La Habana, solo me llamó la atención uno
de los videos disponibles en Internet, me
refiero a la conguita de los jóvenes cuando
abandonaban la plaza al ritmo de un número
pegajoso interpretado por La Charanga
Habanera.
De esta
última guerra no queda nada, solo el
recuerdo se sus cruentas batallas en ambas
orillas del estrecho. Aburrido, agotador,
empalagoso, frustrante, pocas estrellas con
verdadero brillo en el firmamento universal,
esa es mi visión de los pocos fragmentos
consumidos. Asfixiante, torturador,
angustioso, caluroso, tuvo que haber pensado
en algún momento miles de los participantes
vencidos por la sed o con las vejigas
soportando una dolorosa sobrecarga.
Ni el
plumífero llanto pre-concierto de Bosé, ni
los huevos de la Tañón, ni la arrebatada
Cucú con su excéntrico discursillo, ni el
pullover negro de Varela como nota
discordante para llamar la atención, ni el
inoportuno ¡Ojalá! Con el que Silvio
traicionara de millones de cubanos, ni la
quijá extravagante de un gallo ronco como
Amaury, pudieron despertar mi curiosidad aún
cuando me considero un ferviente y
empedernido consumidor de música de casi
todos los géneros. Digo casi todos, porque
esa rumbita de los raperos con el cuello
jorobado de tantas cadenitas y las manitos
haciendo decenas de muecas como si fueran
bailarinas hindúes de barrios bajos, se lo
dejo a los jóvenes como buenos entendedores.
Solo un detalle me ha impulsado a molestarme
y gastar unos minutos frente al teclado, la
conguita de los jóvenes cuando se retiraban
de la plaza una vez finalizado el concierto.
¡Cuéntame!,
¿cómo te ha ido?, si has conocido la
felicidad. Bueno, me aparto un poco del
video donde aparece el rebaño de muchachitos
arroyando como mansos corderos y trato de
documentarme sobre la canción adoptada como
un himno nacional, y por supuesto,
gratamente recibida y promovida dentro de la
isla por los órganos del gobierno. ¿No es
que todo allí le pertenece al gobierno? Es
de suponer que un numerito como este, donde
se logre mover al mismo tiempo millones de
culitos allí, donde supuestamente no existen
razones para hacerlo, debe ser una razón
brillante para promover el otorgamiento de
cualquier “orden” patriótica a su autor.
Llego entonces hasta David Calzado y su
Charanga Habanera.
Retrocedo
unos minutos y coloco en el display de mi
ordenador el video donde aparece la conocida
orquesta. No sé, siento necesidad de
retroceder en el tiempo y me encuentro con
una copia fotostática del luck utilizado
hace un millón de años por el grupo Menudo y
más reciente por RBD, etc. Un viejo truco
usado para atrapar a las Pepillas y que
David Calzado no quiso dejar pasar por alto
dentro de un mundo donde se impone las
exigencias del mercado. Varios chamacos muy
jóvenes, casi todos bien parecidos y que se
mueven con agilidad en el escenario
respondiendo a un programa mil veces
ensayado. ¡No digo, yo! Las Pepillas se
orinan ante el impacto visual recibido, no
solo las de aquella playa que ‘luchan” por
disputarse un buen partido, las de acá
también.
¡Cuéntame!,
¿cómo te ha ido?, si has conocido la
felicidad. ¡Coño! Esto lo cantaban los
Fórmula V, ¿Qué se propuso David Calzado al
utilizarlo? Bueno, no voy a detenerme a
especular mucho sobre sus intenciones,
buenas o malas, ¿quién pudiera saberlo? Lo
cierto es que el efecto logrado se refleja
en las notas de prensa que he consumido
desde diferentes continentes, todas se
refieren a un problema existente dentro de
la emigración cubana con un solo punto
cardinal, Miami. ¡Aquí sí me detengo, señor
Calzado! El hecho de que una noviecita suya,
una amiguita, una vecinita, una compañerita
o, una simple jineterita de las que tanto
han emigrado, sienta un día nostalgia,
añoranza, ¿y por qué, no?, hasta
arrepentimiento por abandonar la isla. No
justifica para nada las ansias y desesperos
de millones de jóvenes y viejos por
abandonar ese supuesto “paraíso” donde se
goza tanto. Por cada una de esas
“arrepentidas”, existe una inmensa e
infinita cola de jóvenes dispuestos a
marchar y olvidar definitivamente sus
supuestas y ficticias gozaderas. Usted se
merece no una, yo inventaría varias medallas
más para premiar los favores que le ha hecho
al gobierno, y que por supuesto, es muy bien
visto por la prensa fosforescente de este
continente idiotizado con las ideas del
enfermo permanente con complejos de
mostrarse a su pueblo tal y como es y las
del asesino asmático y asqueroso de
Argentina. ¡Hummmm! Se me salió la veta de
vertical e intransigente, la del que no
goza, ni quiere gozar al ritmo de esa
música.
¡Cuéntame!,
¿cómo te ha ido?, si has conocido la
felicidad. ¡Uffff! Se me calentaron los
pistones y prefiero apagar un rato el motor
para pasar como tolerante. Regreso
nuevamente al video donde se observa al
manso rebaño de ovejas abandonando la plaza
al ritmo de la canción compuesta por David
Calzado. ¿Los observaron bien? Si fue así,
les será fácil llegar a la conclusión de que
cada uno de ellos fueron paridos durante el
fatal “Período Especial”. ¿Me equivoco?
Saquen sus propias cuentas. ¿Podrán saber
esos infelices lo que es verdaderamente
“gozar”? No lo creo, no han tenido la
oportunidad de hacerlo. ¡Ahí, van! Muertos
de sed y la mayoría de ellos orinándose,
algunos cagándose también por la falta de
servicios sanitarios en esa plaza, pero solo
en la oportunidad del concierto, como si los
hubieran castigado. ¡Y aún así, son capaces
de cantar esa canción de David! Bueno, no
tengo la menor idea de encontrarme en
presencia de un monstruo, “el hombre nuevo”
soñado por el asmático argentino y la
revolución cubana. Si no es así, estamos en
presencia de un pueblo sumamente estúpido.
¿Gozar? ¿Será tomar leche hasta los siete
años?, ¿y si fuera leche? ¿Será estar
condenado a limpiarse el culo con un
periódico? ¿Cuántas veces se han comido un
bistec desde que nacieron? Eso no importa,
no cuenta, ya lo dice la canción, siguen
comiendo “picadillo”, pero contento. Imagino
que David no se refiera al apestoso
“picadillo texturizado”, ¡vaya nombrecito
que le pusieron!
Resumen.- Lo
siento mucho, yo diría que muchísimo por
todos esos patriotas que se desgastan, de
buena fe o mala, haciendo llamados a la
gente que vive del lado de allá. Yo no
pierdo, ni perderé, un solo minuto de mi
existencia en hacerlo. Todo lo contrario,
invitaría a David, Formell, Silvio, la
distrófica Cucú y todos esos payasos
complacientes del régimen para que continúen
componiendo himnos que muevan culos y
mantenga entretenida a esa manada semi
salvaje que para nada identifica al pueblo
cubano. Hace falta que se mantengan felices
y gocen a cualquier precio dentro de la
isla, porque el día que decidan o encuentren
la posibilidad de emigrar, solo nos queda el
Polo Norte como territorio limpio de todas
estas porquerías.
¿Los
interpretes? Solo me queda mandarle un
mensaje personal a David Calzado. ¿Sabes
quién es el autor de este artículo? Ni lo
imaginas, la persona que era propietario del
único restaurante cubano en Montreal y donde
comió la orquesta en una de las estancias
que se prolongó por dos semanas en esta
ciudad. ¿Ya te acordaste? Hasta estos
instantes no había escrito nada sobre el
paso de ustedes por el restaurante, yo sé el
precio que se paga por ello. Hoy no dejas
opción, y no es por tu canción concebida
para mover el culo, no estamos hablando de
arte, sabes que nos referimos a una
mercancía política. ¡Coño! Si le pagaras el
salario justo que se merecen todos tus
músicos y el coro de muñecones, ellos no
tendrían la necesidad de jinetear en
Montreal, Suecia o España. ¡Dejémonos de
bobería! Todas las puticas que fueron al
restaurante con tus muchachos y les pagaron
sus comidas eran clientes mías.
…“Dice que se
siente bien, que Miami es la locura, pero le
falta La Habana, el chisme y la sabrosura.
Dice que tiene dinero, el carro que ella
soñó, pero no encuentra en Miami, lo que en
La Habana dejó”, afirma la letra, en la que
el novio abandonado muestra poca compasión y
se burla de la chica con un “tú llorando en
Miami, yo gozando en La Habana”, el
estribillo de la canción...
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.