
uando vi el primer video de Pánfilo colgado
en Internet y puesto también en el Foro
Naval Cubano “Faro de Recalada” por uno de
sus miembros,
mi respuesta
al tema fue muy corta: “LQQD.- Las masas
solo dicen la verdad en estado de embriaguez
o locura. Estos actos suicidas me los
encontré en muchas "pilotos" cubanas. Al día
siguiente queda ese sentimiento de
arrepentimiento y culpabilidad. Hay que
bombardear ron.”
Sabía que no
cometía ningún error al manifestarme de esa
manera, fueron muchos los años que gasté de
mi vida dirigiendo “hombres” y compartiendo
con ellos en diferentes bares, clubes,
restaurantes, cabarets y cuando el dinero
era escaso, bebí como todo buen cubano en
infinidad de “pilotos” de La Habana. Para el
que no es de nuestra tierra, se hace
necesario aclararle que es una “piloto”. Son
una especie de bares o tabernas de mala
muerte donde se expende cerveza a granel de
pésima calida. Calidad que es disminuida
también por aquellos inescrupulosos
trabajadores de esos locales, quienes con el
propósito de obtener ganancias extras la
adulteraban sin escrúpulos. Además de la
consabida borrachera que se agarra
tempranamente con la ingestión de ese
líquido casi diabólico, acción producida sin
demora cuando era recibida en estómagos y
cuerpos mal alimentados, la resaca tenía
varios efectos secundarios. Dolores de
cabeza, diarreas, sed insaciable, aliento
infernal, impotencia sexual, inapetencia,
pérdida de una parte importante del efímero
salario, discordias familiares, frustración,
depresión, sentimiento de culpabilidad,
etc., y etc.
Aún así, las
colas para lograr llenar una perga o
cualquier vasija que sirviera para acaparar
ese líquido, fácil de tragar cuando se
encontraba frío, no eran sencillas. En
ocasiones terminaban en violentas broncas
que aumentaban de tono a medida que se
observaba cómo bajaba el nivel del tanque y
la posibilidad de quedarse fuera. No debemos
pasar por alto el fuerte olor a orine
fermentado que existía en la mayoría de esos
locales, situación que ofrecía un ambiente y
atmósfera casi infernal, solo tolerada por
los cubanos. Esas famosas “pilotos” no
existieron en la república
prerrevolucionaria, fue un logro obtenido
por la clase trabajadora y su proletariado.
Hicieron acto de presencia en nuestra tierra
a finales de los sesenta o principios de los
setenta, muy probablemente después de
aquella triste y famosa “ley seca” impuesta
por el comandante de todo, cuando se propuso
aquella famosa locura de producir 10
millones de toneladas de azúcar. Pasados
unos pocos años, pude comprobar con mis ojos
el origen de aquellos bares de mala muerte.
Los historiadores andaban mareados siguiendo
la ruta de la Kon Tiki, las figuras de Nazca,
las estatuas de las isla de Pascua o, cómo
rayos subieron las piedras para construir
las pirámides de Egipto. Yo, no. Lo mío era
la curda y divertirme a cualquier precio,
pero siempre me mantuvo intrigado de dónde
coño habían sacado esa mierda que impusieron
en Cuba. Mi primer viaje a la extinta Unión
Soviética supo evacuar todas mis dudas,
aquella mierda era el resultado de tantos
años de experimentos del “proletariado”. Las
famosas “pilotos” venían de la tierra de
Lenin y era lo que el sistema ofrecía a la
clase trabajadora para relajar todo el
estrés que se produce entre los obreros
comprometidos a cumplir toda una pila de
metas que, solo se logran vencer en papeles
y los noticieros.
Los cubanos,
gente divertida y acostumbrada a los
traguitos de los fines de semana y entre
semana también, fuimos vencidos por la sed y
escasez provocada, dicen que por culpa de
los norteamericanos con su injusto bloqueo.
Existieron tiempos donde se levantó la veda
y podíamos entrar a lugares de lujo entre
comillas, pero algo atentó contra los
obreros, su ridícula paga mensual. Aquellos
lugares que abrieron sus puertas al disfrute
de los nacionales no estuvo al alcance de la
mayoría, una noche de placer en cabarets
como el Riviera, Nacional, Capri, Habana
Libre, Tropicana, etc. Muy bien podía
traducirse como la mitad del salario de un
ingeniero o cirujano, ¿y el obrero? Estaba
condenado a morir en una de esas asquerosas
“pilotos” de mala muerte.
Pánfilo o
Juan Carlos González Marco, antiguo marino
mercante cubano, es el prototipo de persona
que acudía asiduamente a estas trampas
etílicas donde, después de la segunda “perga”,
nos librábamos un poco de las ataduras
políticas y dábamos rienda suelta a la
lengua con el borracho afán de librar o
arreglar al mundo. Casi siempre el escenario
de nuestra geografía o preocupaciones se
limitaba al reducido espacio de nuestras
fronteras. En medio de nuestra embriaguez,
nos sentíamos los hombres más liberales,
valientes, combativos, reformistas,
inconformes, críticos, rebeldes, etc. Nos
sentíamos “hombres” y por encima de esa
condición o calidad humana, nos sentíamos
libres. Nuestra libertad duraba el mismo
tiempo que nuestras borracheras, tiempo
durante el cual nos cagábamos en la madre de
“patillas” y todo su comité central.
¡Caballeros, están pitcheando duro!
¡Caballeros, aflojen! ¡Caballeros, nos
estamos ensuciando! ¡Caballeros, las paredes
tienen oídos! ¡Caballeros, voy quemando, no
estoy pa’esa tragedia! Siempre aparecía uno
menos borracho o cuerdo que ponía fin a esas
manifestaciones rebeldes o libertarias, que
aparecían por obra y gracia de la
espontaneidad o el alcohol. Se vaciaba el
tanque y todos partíamos hacia nuestras
casas con la perga de cerveza caliente en
las manos, un cubo, una cazuela, y hasta los
más populares y jodedores con un “tibor”.
¡Ño, la cagué!
Era tu primer pensamiento cuando te
levantabas en la mañana. Entonces, tu mente
se ocupaba en tratar de recordar todas las
“mierdas” que habías hablado la noche
anterior, y muy importante, ¿quiénes
formaban parte del grupo? Esa tortura
psicológica mantenía vigencia hasta la
llegada del primer socio con una invitación
a sonarte un cañangazo en la “piloto”.
Llegabas con tu carga de preocupaciones o
miedos que solo eran superadas hasta ingerir
la segunda perga. Después, se te llenaban
los huevos de alcohol y regresabas a
convertirte en el hombre valiente de la
última borrachera. Como quiera que sea,
puedes presumir de haber sido un hombre
valiente y contestarlo dentro del círculo de
borrachos donde te mueves.
Pánfilo, el
marino cubano más famoso de toda nuestra
historia naval. Tribuna que hoy por hoy solo
comparte con la bloguera Yoanis Sánchez,
disfruta de esa fama gracias a sus
borracheras, muy diferente a la lograda por
la bloguera cubana. Ha sido muy locuaz,
simpático, espontáneo, sincero, conciso,
valiente (tomando en consideración lo antes
expuesto) Pánfilo ha sido un hombre que se
atreve a manifestar sin rodeos, un estado de
ánimo o situación nacional de una forma tan
directa y natural que, es capaz de
arrebatarle las cámaras a la famosa bloguera
cubana.
Sin perder
mucho tiempo, la figura de ese simpático
borrachito cubano, recorre el infinito
espacio de Internet y se va más allá de sus
fronteras. Le roba los minutos y segundos
destinados a artistas famosas en la
televisión o la radio. Una voz casi salvaje
estremece las bocinas de radios, televisores
y computadoras. ¡Lo que hace falta es jama!
Grita Pánfilo en su borrachera y esa frase
lo hace famoso. No mentía, es verdad, el
pueblo cubano se muere de hambre, pero nadie
se atreve a manifestarlo en estado de
sobriedad. Como era de esperar, aquella
simpatía despertada por su inesperada
participación en el primer video, muy bien
pudo ser explotada por los medios de prensa,
políticos, y por qué no, por todos aquellos
que nos vimos representados en sus
manifestaciones y que nunca tuvimos valor de
expresarlas. Pánfilo fue tomado de bandera
por todas las partes sin que él lo supiera,
solo se dio por enterado cuando fue sometido
a interrogatorios y amenazas.
¿Qué dijo,
por Dios? ¿Qué dijo, que no fuera cierto?
¿Tan grave es como para meterlo preso? Aquí,
nos cagamos en la madre de la Reina Isabel,
le decimos tarrúa a Hilary Clinton, dientuza
a la mujer de Obama, pendejo a Zapatero,
mono a Chávez, burro a Evo Morales,
descarada a la presidenta argentina,
semental al cura de Paraguay, hijoputa a
Fidel y su hermano, ladrón y borracho a
Ortega, yegua a Insulza, ratón a Zelaya,
friqui al presidente de Francia, oportunista
al médico de la salsa y no pasa nada. ¿Preso
por decir que en Cuba no hay jama? ¡Por Dios!
Si ese infeliz borracho solo ha manifestado
la verdad. ¡Ojalá que un día todo el pueblo
se emborrache! Porque en Cuba, solo los
borrachos dicen la verdad. Alzo mi copa por
Pánfilo, el marino más famoso de nuestra
flota.
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.