espués de un período de huelga que
se extendió por unos nueve meses,
cierra sus puertas un magnífico
hotel y quedan sin trabajo alrededor
de noventa trabajadores. Vale
destacar que dicha huelga se inició
durante la mejor época de mercado, o
sea, durante el tiempo de mayor
demanda de habitaciones por el flujo
de turistas a esta ciudad.
Estrategia muy bien elaborada y
pensada por el “sindicato” como
herramienta de presión sobre sus
empleadores. Como contrapartida a
esa actitud oportunista, se levantó
la moral del personal administrativo
del centro, quienes en un gesto
posiblemente heroico, determinaron
mantener en servicio el hotel con
una enorme sobrecarga de esfuerzos
físicos y mentales sobre cada uno de
sus miembros. Este personal no
escatimó horas de trabajo y se
atrincheró durante todo ese período,
sin apenas poder compartir en el
seno de sus hogares. Hablo de
hombres y mujeres comunes, simples
trabajadores interesados en mantener
viva la fuente de sus ingresos,
personas entre las que se
encontraban seres con más de veinte
años de servicio. Como pertenecían
al equipo administrativo del hotel,
ninguno de ellos formaba parte del
sindicato y fueron en varias
oportunidades, blancos de ataques
hacia sus personas y propiedades.
Todo el esfuerzo realizado por ese
pequeño grupo no pudo satisfacer las
demandas y exigencias de un mercado
tan exquisito como el de la
hotelería. Aunque se mantuvo activo
hasta el día de su cierre, la
calidad en los servicios se vio
afectada y como era de esperar,
afectó su clasificación por el
incumplimiento de ciertos parámetros
establecidos por entidades
evaluadoras en este campo.
La intransigencia de un “sindicato”
excedido en sus funciones y
demandas, encontraron una muralla de
contención en todas las
negociaciones que se llevaron a cabo
semanalmente. La oposición de una
administración valiente, dispuesta a
resistir y ponerle frenos a un grupo
con intereses ajenos de los que
dieron origen a su creación, condujo
al cierre de ese hotel que hoy deja
sin empleo a sus trabajadores. Los
que elaboraron todas esas tácticas
manipuladoras y oportunistas,
continúan disfrutando desde sus
posiciones de burócratas ideológicos
el fruto del trabajo de miles de
ingenuos trabajadores.
Sería necesario detenerse a estudiar
el convenio colectivo de trabajo
vigente desde el 29 de Junio del
2007 hasta el 30 de Junio del 2008 y
luego preguntarse, ¿hasta dónde
deseaban llegar? Indudablemente nos
encontramos ante un documento digno
de admirar, plausible, un verdadero
logro de la clase obrera solo
posible en un país democrático.
Inclusive, consideremos que sean
justas y adecuadas las demandas
presentadas para la confección del
siguiente convenio colectivo, pero
regresa nuevamente la misma
pregunta, ¿hasta dónde deseaban
llegar? Cuando llegas al final de
ese libro de 167 páginas, donde se
recogen todas las condiciones a
cumplir por empleadores y empleados,
terminas con el sabor de encontrarte
prácticamente con los papeles
invertidos.
El empleador, la persona que pone su
plata para abrir el negocio y le
ofrece empleo a otra gente
necesitada de él, se convierte
prácticamente en un esclavo o reo de
ese “sindicato”. Te quedas pasmado
cuando lees todos esos “logros”
obtenidos en las mencionadas
negociaciones, y vuelves a
preguntarte, ¿hasta dónde querían
llegar?
Indudablemente que todas esas
supuestas victorias de la “clase
trabajadora” fueron obtenidas por
debilidades de los propietarios en
su tiempo. ¡Ahhhh! Y amparadas por
una legislación solo existente en un
país “democrático” donde se juega
constantemente a la “revolución”.
Pero llegó el día donde se agotaron
todos los recursos que mantuvieran
felices a los trabajadores y la
única salida posible para ese
empleador resulta en el cierre de su
negocio y mandar a todos esos
inconformes muy bien manipulados al
carajo.
¡Perfecto! El empleador no quiere
ceder ante las demandas de sus
trabajadores y se declara la huelga.
¿La huelga comprende actos de
sabotajes en contra de la propiedad
del empleador, los autos de los
clientes hospedados, la integridad
de los trabajadores que no
participan en ella, y un poco más
lejos aún, las casas de esas
personas? ¿Estos ataques se
encuentran amparados por las leyes
que protegen las huelgas? No creo
que así sea, pero bajo esas
condiciones de presión física y
psicológica, trabajó ese reducido
grupo de personas con el fin de
mantener viva la fuente que
alimentaba a sus familias.
Durante todo este tiempo he estado
al corriente de esos acontecimientos
y muy pronto la balanza de mis
simpatías se inclinó hacia aquellos
trabajadores que tan dignamente
continuaron sus labores. ¿Estaban
todos los huelguistas de acuerdo con
los procedimientos? Por supuesto que
no, pero se encontraban obligados a
asistir para garantizar el cobro de
esa pensión pagada por el sindicato
durante el tiempo del conflicto.
Mientras un reducido grupo era
sometido a esfuerzos físicos casi
sobrehumanos por defender su puesto
de trabajo, los otros, asistían
diariamente a la entrada del hotel
en manifestaciones hostiles que
molestaban a transeúntes y
huéspedes. De nada les sirvió tanto
aire gastado para hacer sonar
corneticas, ni el dolor de los dedos
al chocar con los cueros de los
tambores con bajas temperaturas, ni
las banderitas y consignas propias
de encubiertos comunistas que se
aprovechan de las bondades y
debilidades de las democracias.
Conversando con uno de ellos pude
percatarme del nivel de manipulación
que era víctima, y lo peor, su
manifiesta ignorancia sobre el papel
que desempeñan estos sindicatos que
para nada defienden a la clase
trabajadora. Cada supuesta victoria
ayudará a enriquecer sus arcas y ese
es el verdadero propósito de esta
organización que siempre es la
primera en traicionar a la clase
obrera cuando ocurre un cambio, si
existe alguna duda pregúntenle a los
cubanos. Hoy por hoy, los sindicatos
se han convertido en un ejército
desestabilizador de cualquier
democracia, la mejor arma utilizada
por dictadores que se imponen en
nombre del “proletariado” y sus
efectos se hacen sentir en todas
partes del mundo. El Four Points de
Montreal ha cerrado sus puertas en
el día de ayer y lo hizo con la
última manifestación ridícula de
esos que gustan jugar a la
“revolución”. Lo lamento por la
gente buena que perdió sus empleos,
pero me alegro en el alma por la
decisión de sus dueños, todo tiene
un límite en la vida.