-¡5,4,3,2,1, cámara, acción! Ahí
mismo es donde debo arremeterle un
buen zapatazo a un cabrón, ¿a cuál
de ellos?
-¡Corten, corten! No puedes
demorarte mucho, es muy simple,
agarras el zapato y se lo lanzas al
rostro de la persona cuando esté
hablando. -¡Oye, Time is Money! El
dinero, siempre el dinero, no le
había dado coco a este asunto.
-¡Okei, agarro el zapato y se lo
lanzo! Miro hacia todos lados
tratando de elegir a la posible
víctima.
-¡5,4,3,2,1, cámara, acción! Todos
se me quedan mirando, yo los miro a
todos y permanezco inmóvil. Puede
ser miedo escénico y deben
perdonarme, nunca he sido actor.
-¡Corten, corten! ¡Tienes que
lanzarlo! ¿Sabes cuánto gana ese
camarógrafo? Preguntó el director
sin lograr comprender las ideas que
viajaban por mi mente. El asunto no
es tan fácil, cualquiera lanza un
zapato, ¿y si no le doy a la persona
indicada? Por ejemplo, que apunte
para Raúl y le de a Payá, hay que
pensarlo, hay que pensarlo.
-¡Ya, ya! El asunto es levantar la
mano y tirar de un solo viaje.
-¡5,4,3,2,1, cámara, acción!
-¡Un momento, un momento! Tengo una
duda, debe ser el zapato izquierdo o
el derecho?
-¡Oye, Mongo! Cualquiera de los dos
viene igual. ¡Corten, corten!
-¡Igual, no! Yo pienso utilizar uno
de los zapatos de mi abuela.
-¡Pues, úsalo! Y si fallas con el
primer disparo, le suenas el otro.
-¡No hay otro! Mi abuela era
diabética y le amputaron una pierna
cuando vivía en el pueblo de Bollo
Manso.
-¿Cuál es el zapato disponible?
-El derecho.
-Entonces, lánzale el zapato
derecho.
-¡Coño, pero si utilizo ese zapato
la dejo descalza!
-No te preocupes, ya se conseguirá
otro.
-¡Qué, no! Hace diez años que
tuvimos ese problema. No puedo
someterla a un sacrificio similar.
-¿Diez años sin encontrar un zapato
derecho?
-¡Así mismo es! Todas las cojas eran
izquierdas y no la contemplaron en
los planes quinquenales.
-¡Chico, lo mandas a pedir a Miami!
-Eso es otro lío, mi abuela es negra
y no tiene a nadie en la comunidad.
-¿Lanzas o no lanzas el zapato?
-De verdad, yo quiero ser héroe,
pero no al costo del sacrificio de
mi abuela.
-El tiempo está corriendo, mi amigo.
¿Sabes cuánto cobra el maquillista?
-No me hables en esos términos, yo
cobro diez dólares mensuales.
-¿Y no tienes los zapatos de una
sobrina?
-¡Sí! Pero ella los cuida como oro
para cuando cumpla los quince años.
-¿Qué edad tiene ella?
-Bueno, creo que anda por los cinco.
-¡No jodas, chico! Le faltan diez
para la fiesta.
-¿Y si se enteran? Imagínate tú, el
padre pierde el derecho a optar por
el televisor Panda.
-¿Tiras el zapato o no lo tiras?
-El problema no es tan sencillo, yo
no puedo disponer del zapato de
otro.
-Y el tuyo, ¿por qué no lo lanzas?
-¿Y después? ¡Mira! No es fácil
zafarle los cordones. Yo vi en el
documental que el tipo lanzó el
primero y el presidente lo esquivó
con agilidad. No se puede negar que
el gallo tiene tremenda puntería,
tal vez estuvo practicando muchos
meses.
-Pero tú pudiste practicar.
-No es lo mismo, no es lo mismo.
-¡No jodas! Está el tiro al blanco
desde hace muchos siglos. Muy bien
pudieron crear el zapato al blanco.
-¡Claro! Para los árabes eso es muy
fácil, ¿Y si no te devuelven el
zapato?
-¡Coño! Pero no vas a estar pensando
en la devolución de un tareco cuando
piensas realizar un acto heroico.
-¡El zapato, men! Olvídate de toda
acción suicida, no es sencilla
sabiendo que no vas a recuperar el
zapato.
-¿Quieres ser héroe o no?
-¡Claro que lo quiero!
-Entonces, ¡lanza el cabrón zapato y
no jodas!
-¡lo voy a lanzar, lo voy a lanzar!
-¡5,4,3,2,1, cámara, acción! Todo el
mundo permaneció concentrado en mis
acciones, se encontraban pendientes
de mis movimientos. Me incliné e
hice lo imposible por desprenderme
del zapato, pero no pude soltar el
nudo formado en sus cordones.
-¡Corten, corten! Busquen a otro,
este tipo está apendejado. ¡Oh! Me
ofendí al escuchar aquellas
palabras, no hay nada más ofensivo
que llamarle pendejo a un cubano.
-¡Tampoco así, tampoco así! Traté de
ocultar mi nerviosismo y vergüenza.
-¿Lanzas el zapato o no lo lanzas?
-Hay que averiguar a cómo cobran la
libra las mulas que llegan de Miami.
-Cubrimos los gastos, ¿lanzas el
zapato?
-¿Y si doy en el rostro equivocado?
-¡No pasa nada, vivimos en
democracia!
-¡No va, no va! Ya han engañado a
mucha gente con ese cuento.
-¿Cuál cuento?
-Ahora mismo, imagínate tú que
apunte para Mariela Castro y le de
el zapatazo a Yoani. Bueno, que no
sea así. Supón que apunte para Yoani
y suene a Mariela.
-¿Disparas o no disparas?
-Yo voy a disparar el zapatazo.
-¿Quieres convertirte en héroe?
-¡Yo soy un héroe!
-¡5,4,3,2,1, cámara, acción!
-Y si apunto para Mariela y le doy a
Yoani, ¿me van a publicar?
-¡Oiga, aquí hay democracia!
-¡No me convence, no me convence! Ya
me está pasando.
-¿Por escribir contra Yoanis?
-¡No! Por hacerlo contra Mariela.
-Pero ella es la hija de un
dictador.
-¡Olvida eso! Así somos los cubanos.
-No los entiendo.
-Ni yo tampoco.
-¿Tiras el zapato o no?
-Lo tiro.
-¡5,4,3,2,1, cámara, acción! Me
inspiro y lleno de valor, pienso en
mis abuelos y la época republicana,
veo en mi mente aquellas protestas
contra Machado y se me enciende la
sangre, me inclino en el asiento y
busco los cordones. Pienso, pienso,
pienso en esas fracciones de
segundos. Llega la imagen de mi
padre desfilando por la escalinata
de la universidad de La Habana
cuando el batistato, lo veo, lo veo,
mis venas están a punto de reventar
mientras busco los cordones.
-¡Corten, cojones, corten! No puedes
tomar tanto tiempo para lanzar un
zapato, ¿quieres ser héroe o no?
-Lo quiero, lo quiero, no imaginas
cuántos años llevo pensando en eso.
-Entonces, acaba de lanzar el
zapato.
-Lo lanzo, voy a lanzarlo.
-Perfecto, ¡5,4,3,2,1, cámara,
acción!
-No puedo, no puedo. Estoy usando
botas y son de zipper, no usan
cordón.
-¡Pues, lanza las botas!
-No es igual, no es igual. Siempre
se ha hablado de un par de tenis con
cordones, nadie podrá ser héroe si
lanza un par de botas con zipper.
Además, son muy caras.
-¡Corten, corten! Busquen a otro
tipo, esta gente es muy conflictiva.