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“”” LA MUERTE DEL SECRETARIO DEL
PARTIDO “””
Esteban Casañas Lostal
Desde
Montreal |
-Ya no vas a joder a más nadie, hijo de
puta.
Después de esa frase expresada a toda
voz, se escucharon dos potentes
detonaciones que estremecieron el lobby
del predio de transporte. ¡Miren aquel
agujero! Esa es la bala que le atravesó
el brazo, la otra le penetró el abdomen.
Varios de los que estaban presentes
salieron corriendo fuera del edificio,
cuando llegamos hasta el elevador, el
hombre no ofreció resistencia, entregó
la pistola y alzó los brazos. Lazarito y
yo permanecimos mudos mientras
escuchábamos todo lo referente a ese
acontecimiento tan penoso. Cada uno de
nosotros se mantenía aferrado a dos
botellas de ron, las llevamos con la
intención de celebrar la despedida de
aquel pequeño grupo que salía dentro de
unos minutos hacia el aeropuerto de
Luanda. Nosotros pertenecíamos a ese
equipo que llegó a este país con el
compromiso de permanecer en él durante
seis meses, ellos reclamaron regresar a
Cuba una vez vencido su tiempo. La
compañía de navegación angolana ANGONAVE,
nos pidió que extendiéramos hasta un año
ese período, se fueron un poco más allá
en aquella solicitud. El sindicato de
abordo y la tripulación, expresaron sus
deseos de que fuéramos contratados por
más tiempo y entre los ofrecimientos que
nos hicieron, se manejó la posibilidad
de darnos una casa para traer a la
familia. En ese punto de las
negociaciones el rechazo fue rotundo, no
queríamos involucrar a la familia en una
aventura cada vez más peligrosa.
-¿Quiénes se llevaron a Gabriel? No
recuerdo cuál de los dos hizo la
pregunta sin poder ocultar el
nerviosismo.
-Vinieron de la policía angolana y
militares cubanos, después que salieron
del edificio no sé el rumbo que hayan
tomado.
-¿Y estaba vivo aún? Preguntó Lazarito
mientras observaba que no habían
limpiado muy bien el área, quedaban
huellas de la sangre derramada.
-Estaba inconsciente, pero sí, se
encontraba vivo aún. Allá arriba está el
resto del grupo, deben partir dentro de
unos minutos para el aeropuerto. ¿Quieren
subir a visitarlos? Debo registrarlos en
el libro de visitas.
-No, yo creo que vamos a regresar al
barco, el ambiente no está para
despedidas. Lazarito se mantuvo en
silencio durante una buena parte del
trayecto, creo que se sintió invadido
por un miedo injustificado o los nervios
lo traicionaron.
-No vale la pena despedirnos de ese
grupo, ellos tienen parte de
responsabilidad en este acontecimiento
que se pudo evitar desde hace varios
días. No hacía falta que se lo repitiera,
pero en estos casos ocurre algo similar
a lo que sucede en las funerarias, se
repiten hasta el cansancio pasajes que
todos conocen del difunto como un deber
u obligación que todos deben cumplir.
-Tú sabes bien la mariconada que ese
viejo le hizo a Gabriel, pero no fue él
solo, todos levantaron la mano para
aprobar semejante infamia. ¿Era un
borracho? No cabe la menor duda que lo
era, pero si no hubiera sido por él ese
barco no se movía de Angola. Tú sabes
bien que Mendoza es zurdo como jefe de
máquinas, y no solo eso, se ha metido
estos seis meses con ese trauma sufrido
por la muerte de su hermano, y llora
quete llora. Con lagrimitas no se
resuelven los problemas de un barco, el
mismo Gabriel pudo plantarse en tres y
dos y solicitar que le mandaran un jefe
de máquinas. ¡Tú lo sabes bien! Es muy
rico meterse todo el tiempo llorando y
que otro haga tu trabajo. ¡Ahhh! Pero a
la hora de cobrar los billetes por
gastos de representación se le secaban
las lágrimas, ¿a qué no le pasaba un
solo centavo a Gabriel? Eso tú lo sabes
perfectamente porque eres el que paga. ¡Coño,
Lazarito! Mendoza también participó en
esa mariconada, y lo peor del caso, el
único que no es militante en toda esa
sucia jugada es precisamente Gabriel. Él
me escuchaba y no aportaba nada,
consumíamos cuadras sin darnos cuenta de
la distancia que nos separaba del puerto.
-Yo recuerdo que al mediodía ese hombre
estuvo sentado varias horas a la entrada
del edificio, la mayor parte del grupo
había salido de compras a la tienda que
le vende a la gente que finaliza la
misión. Uno de ellos no salió ese día,
es bien bajito y de ojos claros. Contaba
muy emocionado aquel cubano cuya misión
internacionalista consistía en montar
guardias en el lobby del edificio.
-Ese es Naranjo, el primer electricista.
Lo interrumpí con la intención de
ahorrarle esfuerzos y detalles
innecesarios.
-¡Ese mismo! Ahora recuerdo su nombre,
me dijo que estuvo conversando con el
que disparó y lo notó muy alterado, como
loco.
-¡Claro que debía estar así! ¿Te
imaginas que el día antes de la salida
para Cuba, el partido te llame a firmar
una mala evaluación política? Tal vez no
tengas idea de lo que eso significa en
nuestro caso, pero puedes tener la
seguridad de que puedes ser expulsado de
la marina.
-Bueno, según me contó ese Naranjo, el
de la pistola le dijo que se iba a fumar
a Gabriel y a Mendoza.
-¿Y qué hizo Naranjo?
-Para serte franco, me parece que se
apendejó, lo noté cuando me lo contaba.
-¡Pero, coño! Si hubiera llamado a las
autoridades evitaría ese acontecimiento
tan penoso, ¿por qué no lo hizo?
-¡Vaya usted a saber! Eso sí, me dijo
que esperaría al grupo unas cuadras
abajo para alertarlos de la situación.
Bueno, según las declaraciones que le
tomaron, él alertó a todos los del grupo
y frenaron en seco, no quisieron llegar
al predio. ¡Ahhh! Pero la reacción de
Collazo fue diferente, se la dio de
bravucón y manifestó que Gabriel era un
pendejo que no le haría nada.
-Pues le salieron mal los cálculos,
ahora hay dos familias desgraciadas por
las mariconadas escritas en un papelito.
-Sinceramente, no te entiendo muy bien.
-¡Mire, compadre! Ellos se reunieron y a
petición de Collazo le redactaron la
mencionada evaluación a Gabriel. Como no
estuvo de acuerdo, apeló las decisiones
del mencionado mamotreto, ¿cuál tú crees
que fue la respuesta de Collazo? Le dijo
que debía apelar al comité regional del
partido en Luanda, ya sabes que eso es
perdedera de tiempo. El comité regional
se limpiaría las manos enviando el caso
al comité municipal, luego pasaría al
provincial y así continuaría ese viaje
infinito entre gentes que no desean
darte la cara después de haber cometido
un acto de cobardía como ese. Tú conoces
perfectamente bien la mecánica de
funcionamiento del partido, te piden la
cabeza en un proceso inquisitorio donde
todos levantan la mano y luego nadie
quiere darte el rostro.
-¡Coño! Pero esa no es razón para
meterle un tiro a nadie.
-No existe si Gabriel no se hubiera
pasado varios días solicitando una
reunión con el núcleo del partido en el
barco, pero todos son unos pendejos que
temieron enfrentarlo. ¡No te asombres!
Es un método que se aplica como regla en
la vida del partido en todo el país. ¡Seamos
sensatos! ¿Tú crees sinceramente que
unas pocas horas serían suficientes para
vencer todos esos obstáculos? Te hablo
del orden establecido para esas
apelaciones y el peloteo burocrático que
se produce en el proceso, porque aunque
estemos en el continente africano, no
olvides que todos los vicios del sistema
de la isla han sido trasladados hacia
acá.
-Tienes algo de razón y no quiero
comprometerme con opiniones que puedan
utilizarse como agravantes o atenuantes
del caso, yo estoy fuera de ese potaje y
la misión mía es mantener el orden en
este edificio.
-El herido no es un santico tampoco, ha
sido durante toda su trayectoria como
marino uno de los tipos más extremistas
de la flota, yo navegué con él a bordo
de la motonave Habana y no ha cambiado
absolutamente nada. Se ha pasado seis
meses en este buque sin recibir un solo
telegrama para la tripulación, ¿sabes en
qué gastaba su tiempo? En leer novelitas
tira-tiros, eso sí, cobraba la misma
cantidad de divisas que nosotros y es un
excelente pacotillero. ¡Hay que tener un
poquito de vergüenza! Gabriel es el tipo
con mayor cantidad de defectos entre
nosotros, ¡pero, carajo!, era el
individuo que llevaba y traía al buque
mientras Mendoza se las pasaba en sus
lloriqueos.
-Aún así, creo que está duro eso de
meterle dos balazos.
-Está duro, no te lo niego, pero tienes
que meterte en el pellejo de Gabriel. No
es fácil llegar a Cuba y que te lancen
al anonimato por una puta evaluación
firmada por un conjunto de pendejos. ¿Haz
pensado en eso? ¿Qué lancen por la borda
toda una vida dedicada a una profesión?
Así tuvo que sentirse Gabriel esos días
que lo mantuvieron acorralado y no
quisieron darle la cara. Desde hace
mucho tiempo yo sabía de la posesión de
esa pistola, incluso, me la ofreció
cuando se disponía regresar a Cuba y yo
la rechacé. Lazarito y yo hablamos
repetidamente con él para que abandonara
todos los planes que fue elaborando esos
días hasta llegar a obsesionarlo. No
pudimos lograrlo, pero ese accidente
pudo evitarse y dos familias no se
encontrarían actualmente en desgracias.
Esa noche no dormimos, nuestras
reacciones fueron similares a las que
ocurren en un funeral. Abrimos las
botellas en mi camarote y bebimos hasta
el amanecer. Recorrimos cada una de las
horas que antecedieron al suceso
tratando de regresar el tiempo y
desarrollar la acción apropiada que
evitara el fatal desenlace.
-Hace falta que se encarguen de visitar
a Gabriel a la prisión y le lleven
alimentos, cigarros y algo para leer, es
la orientación que me dieron en la
embajada cubana. Nos dijo el capitán
Calero esa mañana, su rostro mostraba
las huellas de una mala noche, no se
preocupó cuando encontró una botella
vacía sobre la mesa y la otra a un
tercio del fondo. El cenicero estaba
desbordado de colillas al lado de un
platillo con varias aceitunas y
pedacitos de queso.
-¿Está vivo? Le pregunté sin apartar la
vista de sus ojos.
-Lo está, pero se ha complicado en la
operación. Por suerte, su hijo médico se
ha involucrado en el asunto y hace lo
imposible por salvarlo.
-¿Dónde se encuentra Gabriel?
-Tomen el bote salvavidas y vayan hasta
el espigón pesquero que se encuentra al
lado de la refinería Petrangol,
amárrenlo allí y pregunten por la
prisión, solo deben caminar unas cuadras.
Traten de que la noticia no trascienda a
la tripulación, vamos a mantener el
secreto. Tuve deseos de decirle que sí,
que tenía razón, era feo decirle a los
angolanos que nos estábamos matando
entre nosotros mismos.
Cuando atracamos en el espigón
mencionado vimos a varios barcos
pesqueros cubanos abandonados,
pertenecían a la flota del Mariel. Nos
resultó fácil llegar hasta la prisión
siguiendo las indicaciones de Calero,
era deprimente el lugar y el trato
recibido en la entrada poco se
diferenciaba de las prisiones en la isla.
Una vez dentro, nos dirigimos hacia dos
blancos que se encontraban sentados
junto a un árbol, eran cubanos también y
resultaron ser tripulantes del buque
“Sierra Maestra”, estaban detenidos y a
la espera de juicio. Nos contaron que
durante una de esas borracheras que
produce el ron barato, les dio por salir
del puerto en un auto recién importado
por el gobierno para la celebración del
Congreso del MPLA. Mala borrachera que
los condujo a la violación de varios
artículos penados por la ley, mal lugar
para caer preso también, al menos se
encontraban sueltos en el patio.
-¿Saben algo de un tripulante del buque
angolano que se encuentra detenido aquí?
Les preguntamos sin perder mucho del
limitado tiempo que nos ofrecieron para
aquella visita.
-Se encuentra incomunicado, pero pueden
gritarles desde aquí, él está encerrado
en una de aquellas ventanitas del
segundo piso. Contestó el más viejo de
los dos, un hombre que andaba por los
cincuenta años.
-1,2,3 ¡Gabriel, Gabriel! Gritamos
Lazarito y yo. Las ventanitas tendrían
unos cuarenta centímetros de ancho por
sesenta de alto y bloqueadas por gruesos
barrotes de acero. Varios rostros se
asomaron por ellas y solo eran posibles
de adivinar su presencia cuando abrían
la boca. Entre esas ventanas se asomó el
rostro pálido de Gabriel, resultaba muy
fácil identificarlo.
-Te dejamos con estos muchachos algo de
comida, cigarros y unas revistas. Le
grité cuando hubo algo de silencio entre
los gritos de visitantes y presos.
-¿Ese hombre está vivo? Nos preguntó y
su voz nos llegó cargada de angustia,
dolor y arrepentimiento.
-Sí, está vivo, no te preocupes. Le
grité.
-¡Ese hombre no se puede morir! Aquella
voz tuvo un eco extraído de las
profundidades de una tumba.
-¡No se va a morir, quédate tranquilo!
Vamos a regresar en estos días. La
promesa la cumplimos diariamente durante
una semana, el buque tuvo que partir
nuevamente hacia Europa.
-¿Es verdad que Gabriel mató a Collazo?
Me sorprendió la pregunta de Pedro un
año después de aquel desafortunado
acontecimiento. Era un caboverdiano que
sustituyó la ausencia de Lazarito y
llegó a convertirse en otro de esos
hermanos que uno selecciona por los
azares de la vida.
-¿Quién te dijo? Le pregunté si
reponerme del asombro por la emboscada
inesperada.
-Acabo de hablar con un abogado que está
tratando esos problemas que ya conoces
de mi hijo y me hizo el cuento, ¿es
verdad?
-Es verdad, mi hermano.
-Eres un filho da puta bueno para
mantener un secreto.
-Hace un año de esto y espero me
comprendas, no podía decírtelo, incluso
ahora podía haberlo negado.
-¿Y por qué lo mató?
-Por ser un grandísimo filho da puta, no
te imaginas quem caralho era ese Collazo.
-¿Está enterrado aquí como los otros
cubanos?
-¡No, Pedro! Su hijo es médico en este
país, le puso un suero al cadáver de su
padre y lo trasladó a Cuba, su familia
pudo velarlo allá.
Gabriel fue juzgado por las leyes
angolanas, éstas eran mucho más suaves
que las cubanas. Cumplió una parte de su
condena en Angola y la otra en la isla.
Varios años después y caminando por la
calle Obispo, vi por la acera contraria
a Gabriel, él pudo verme también, ambos
evitamos el encuentro. Me enteré que
vivía con otro nombre y al verlo me
llegaron aquellas palabras suyas
gritadas antes de apretar el gatillo:
“Ya no vas a joder a más nadie, hijo de
puta.”
Y si tenéis por
rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero
comprobad que el trono que erigiera en
vuestro interior ha sido antes destruido. Jalil Gibrán.
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