l gobierno del
presidente Calderón
acaba de firmar un
deplorable tratado
emigratorio con su
homólogo de La Habana,
donde entre otras cosas
señaladas por las
informaciones, han
logrado la aceptación de
la repatriación de
cubanos que arriben a
ese país no solo por
mar. En ese “acuerdo
pleno” que se firmará
dentro de unos días, se
habla también de
intercambio de
“informaciones”. Vale
también preguntarse a
qué tipo de información
hacen referencia y si el
gobierno de México se
convertirá en una sede
de los CDR o en una
dependencia de la
Seguridad del Estado
cubano. Algo que no nos
sorprendería conociendo
los antecedentes de ese
rancio odio hacia todo
lo que de una manera u
otra tenga algún vínculo
con los Estados Unidos,
y el escape de los
cubanos hacia el norte
se encuentra muy
estrechamente vinculado
a ese sentimiento.
Todos los países tienen
el derecho a defender
sus fronteras y hacer
respetar sus leyes
migratorias, esas
regulaciones se
encuentran amparadas por
leyes internacionales
reconocidas en cuanto
foro existe en este
mundo. Sin embargo, ha
sido precisamente el
gobierno mexicano quien
más haya apelado las
decisiones del gobierno
norteamericano cuando
hace uso de ese derecho.
De todos es conocida las
innumerables protestas
realizadas en diferentes
eventos ante la
construcción de la
muralla que se realiza
en la frontera de ese
país con los Estados
Unidos.
La invasión constante de
informaciones saturadas
de manipulaciones
políticas sobre las
cruzadas que se realizan
contra indocumentados
mexicanos, son recibidas
diariamente a través de
periódicos, emisoras de
televisión y radio
operadas por compañías
mexicanas que, radican
precisamente en
territorio yanqui sin
ser objeto de censuras u
otras medidas
represivas. No solo la
prensa se ha encargado
de realizar infinidad de
manipulaciones en este
aspecto, aparecieron
innumerables
organizaciones que
enmascaradas como
protectoras de los
ilegales, han realizado
con la libertad que solo
ofrece la democracia,
todo tipo de actividades
políticas en detrimento
de esta sociedad que
tanto odian y
paradójicamente todos
desean disfrutar.
Ejemplos sobran y
constan en los
documentales filmados
sobre marchas y
concentraciones donde
“supuestamente” se
abogaba por los
“derechos” de los
indocumentados y eran
enarboladas banderas que
no guardaban relación
alguna con las causas
que motivaron esas
movilizaciones.
La actitud de la
comunidad cubana en los
Estados Unidos se puso
de manifiesto a través
de los medios de prensa
que ellos poseen y sin
temor a equivocarme,
pudiera afirmar que
siempre se ha proyectado
de forma solidaria a
favor de esas personas
que llegan a este país
en busca del futuro que
le son negadas en sus
tierras.
Los gobiernos de turno
en México se han
mantenido a la
vanguardia en estas
reclamaciones realizadas
a favor de sus
nacionales, es plausible
desde un punto de vista,
pero detestable cuando
se sabe perfectamente el
papel de proxeneta que
vienen realizando desde
décadas. Han sido
gobiernos que no han
sabido garantizar un
estándar de vida
mínimamente humano a su
población, obligándolos
a emigrar aún al costo
de sus vidas. Es ingenuo
pensar que esas defensas
son honestas y no
encaminadas a garantizar
el flujo de dinero que
existe desde el norte,
cantidad que supera a
muchas de sus industrias
actuales.
La actitud hipócrita y
pendeja del actual
gobierno mexicano al
firmar ese acuerdo con
una de las peores
tiranías vividas en
nuestra tierra, no
solamente pone freno y
rechaza al cubano que
emigra desesperado por
razones económicas, pone
en peligro y entrega a
sus verdugos a los que
por razones políticas
deban escapar de la
isla. Todo país tiene
derecho a defender sus
leyes y soberanía, pero
en el caso de México no
se justificaba ese acto
vil y cobarde, sabiendo
que la mayoría de los
cubanos que usaban su
territorio era de forma
transitoria y temporal.
Es un acto de suprema
hipocresía manifestar
preocupación por la vida
de los cubanos, cuando
se defiende el derecho
de los mexicanos a morir
atravesando desiertos.
Espero que la posición
traidora asumida por el
gobierno mexicano, no
afecte los sentimientos
de solidaridad y
hermandad que siempre
han existido entre
nuestros pueblos. Tarde
o temprano llegará el
día que nuestro pueblo
no se vea en la
necesidad de abandonar
su tierra y viva dentro
de ella como se merece,
ese día, con todas las
razones que amparan a un
pueblo vilmente
traicionado por sus
vecinos, ese día se
despertará y dará la
respuesta apropiada.