Apelando a los
recursos de la
memoria y sin un
orden
cronológico,
podemos rescatar
varias de esas
situaciones
donde se pone de
manifiesto el
desprecio que
siente por los
pueblos. Cuando
el derrumbe del
muro de Berlín
anunciaba la
caída de todo un
imperio, La
Habana se
apresuró en
mandar una
delegación a
Bucarest con el
mismo objetivo,
apoyar a uno de
los dictadores
más crueles
conocidos en la
historia de
Rumanía. Jorge
Risquet fue el
embajador de
aquel mensaje de
“solidaridad”,
poco tiempo
después,
Ceausescu y su
despreciable
esposa caían
abatidos con
decenas de balas
en el cuerpo.
Vale destacar
que las
relaciones con
este país nunca
disfrutaron de
las excelentes
muestras de
simpatías
demostradas al
resto del campo
socialista, pero
en esos
instantes iban
rodando cabezas
y el dictador
rumano se
mantenía en el
poder, Castro
temía quedarse
sin amigos.
Cuando la
matanza en la
plaza de
Tiananmen en
Beijing, Castro
envió uno de sus
acostumbrados
mensajes de
solidaridad y
felicitaba al
gobierno chino
por la hazaña
realizada, el
mundo sin
embargo,
condenaba ese
crimen. Castro
brindó su apoyo
a la dictadura
militar de
Argentina cuando
la guerra de las
Malvinas,
régimen al que
no solo
condenaba,
muchos de sus
opositores eran
preparados en la
capital cubana
para realizar
acciones
“revolucionarias”,
otros las llaman
terroristas. La
Habana sacrificó
hombres para
defender a
Mengistu Haile
Marian, derrochó
recursos con
igual propósito
en el caso de
Noriega en
Panamá. Castro
no perdió un
solo minuto para
suspender la
ayuda que se
enviaba a
Nicaragua cuando
su títere Daniel
Ortega perdió
las elecciones
ante la
Chamorro, ¿no se
ayudaba al
pueblo
nicaragüense? La
lista de
asesinos que
ocuparon la
plaza de
dictadores o
presidentes
apoyados por La
Habana es
interminable,
muchos de ellos
condecorados con
la máxima orden
existente en la
isla, seres que
han sido
sepultado por
sus pueblos y la
historia.
Un solo dictador
ha gozado las
antipatías del
gobierno cubano,
sobre él cayó
todo el peso de
cuanto medio de
información
existe en el
mundo. Pinochet
destruyó el
proyecto
elaborado en La
Habana de
perpetuar a un
nuevo dictador
en el poder,
porque esa era
una de las
finalidades
soñadas en la
capital cubana,
no nos
engañemos. Si
buscáramos en la
memoria la
relación de
movimientos
terroristas que
han bañado en
sangre sus
países y el
apoyo
incondicional
del régimen
cubano, podemos
llegar a la
conclusión de
que nunca ha
sido interés de
ese régimen
defender a los
pueblos. No hay
que ir tan
lejos, los
sacrificios
innecesarios a
los que han sido
sometidos los
cubanos, es la
mejor muestra.
¿Se encuentra el
gobierno cubano
del lado
equivocado? Por
supuesto que no
y lo manifiestan
con descaro a
través de toda
su historia.
Ellos se
encuentran en el
lado correcto,
el lugar que
corresponde a
los enemigos de
cualquier
pueblo.