Llegaron de otra
granja, trataron
escapar algún
día de algo que
les molestaba y
pensaron haberse
desprendido de
su pesadilla,
pero no fue así.
El vivo tiene
sus tentáculos
extendidos por
todo el planeta,
no se ven, pero
el bobo tímido
lo sabe y le
teme. Su vida en
esta granja es
una prolongación
de aquella, el
bobo se rinde y
acepta su nueva
situación con
resignación,
coopera.
Cada vez que
ocurre un evento
importante en
nuestra isla, la
prensa
amarillista y
sensacionalista
de esta ciudad
sale a la caza
de cualquier
cubano. Tratan
de arrancarle
aunque sea una
palabra, alguna
declaración.
Frustración
deben sentir
todos esos
hombres que
cargan cámaras y
micrófonos, la
comunidad cubana
no existe, no
hay nadie y si
la encuentran es
muda. ¡Voilà!
Encontramos a
uno que habla,
debe estar loco.
Manifestarán
algunos
periodistas.
¿Habla?,
preguntan todos
a la vez.
¡Síiiiii! Grita
el que lo
descubrió.
¡Preparen
cámaras y
micrófonos!
Ordena uno de
los directores.
¡Cámara, no!
¡Cámara, no!
Casi fue una
súplica. ¡Este
no tiene rostro!
Exclamó una
periodista. Hay
que buscar otro
que nos sirva,
la televisión no
es nada sin
imágenes. Casi
al terminar el
día se
encuentran con
dos o tres
personas
dispuestas a
declarar, no
solo eso,
ofrecen sus
rostros sin
maquillajes, tal
y como son. ¿A
cuál especie
corresponden en
esta granja?
Pregunta uno de
sus habitantes.
¿Son del grupo
de los vivos o
pertenecen a los
bobos? A ninguna
de ellas,
Pancho. Esta
gente se escapó
de la granja
hace muchos
años.
En días
recientes se
llevó a efecto
una reunión en
el noreste de la
isla de
Montreal,
supuestamente se
tratarían
asuntos de
negocios. Había
sido convocada
por uno de los
cabecillas del
sindicato de
“mulas y
arrieros” de
esta ciudad.
Para el que no
entienda muy
bien, hablo de
esa gente que
lucra con el
dolor de todos
los cubanos, el
que explota las
necesidades y
sufrimientos de
nuestra gente en
la isla, el que
chupa todo el
sacrificio de
los del lado de
acá y no
encuentra
alternativas
para enviarle su
ayuda a la
familia. Pues
esa reunión se
desvió hacia
otros asuntos
que nada tienen
que ver con ese
asqueroso
negocio de
paqueticos,
maletas,
sobrecitos y
dinero en
efectivo. Allí
se mencionaron
dos nombres, el
de Máximo
Morales y el de
Esteban Casañas
Lostal. No
satisfechos con
eso, sacaron al
coliseo el
nombre del
periódico “Nueva
Prensa Libre” y
se acudió a
ciertas
peroratas que en
Cuba nos
cansamos de
escuchar.
Curiosamente,
ese grupito de
“pequeños
empresarios de
la miseria
humana”, guardan
estrecha
similitud con
aquellos
personajes de
Miami dedicados
a esos
asquerosos
menesteres.
Coinciden en el
negocio y en las
posiciones
políticas, ¿no
les resulta
extraño? A
nosotros los
cubanos, no.
Solo que unos
cuantos de los
que una vez y
por todas nos
escapamos de
aquella granja,
somos capaces de
tener rostro y
voz, la
suficiente, y no
quiero hablar de
otras partes del
cuerpo.
Es indudable que
el periódico le
va resultando
molesto al
consulado cubano
de esta ciudad,
si no los
conociéramos se
pudiera hablar
de simples
especulaciones.
Como en este
país existe esa
libertad de
expresión
prohibida en
nuestra isla, es
lógico que
sientan bastante
impotencia al no
poder limitarnos
en nuestras
expresiones.
Como tampoco
pueden
interferir
nuestras
actividades, es
razonable que
suelten a sus
perros al ruedo
para que acudan
en defensa de
ellos, sus amos.
Yo tengo la
dirección del
lugar donde se
realizó aquella
reunión, poseo
la lista con el
nombre de todos
los que
asistieron, y
sobre todo, el
nombre y
negocios al que
se dedica el
cabecilla. Estas
líneas solo
tienen una
finalidad,
alertarlos,
digamos que así
sea. No olviden
que ustedes
tienen presos a
cinco lobitos
que una vez
estuvieron
disfrazados de
ovejitas en EU.
No olviden
tampoco que
deben estar
registrados como
agentes del
consulado,
porque de no ser
así, estarían
violando las
leyes de Canadá
también. Sigan
en sus
asquerosos
negocios y
continúen
viviendo de los
bobos y los
timoratos,
gracias a ellos
se han comprado
sus casitas y
buenos carros.
No se
equivoquen, no
todos los que
estamos del lado
de acá
clasificamos
como carneros de
su granja. Hoy
me limito a esta
nota que publico
en los sitios
acostumbrados de
Internet, la
próxima vez iré
con cámara
fotográfica y
les haré un
reportaje.
Ahora, señores
del consulado y
fieles lectores
míos, ya saben a
qué atenerse.