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CUBA
Y LA DERROTA REPUBLICANA
Dr. Ernesto F. Betancourt
Desde Washington, D.C.
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<<< Los demócratas,
encabezados por Carter y Clinton, promueven soluciones
estilo Martin Luther King o Mahatma Gandhi. Esas son las
soluciones que han prevalecido entre la llamada
disidencia en Cuba: soluciones sin violencia. Pero, la
sangre ha sido el lubricante de nuestra historia.
Nuestro himno llama “Al combate corred bayameses”
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os próximos
dos años son claves para el futuro de Cuba.
La era de Fidel llega a su fin, no importa cuantos
juegos televisados hagan con el cuerpo moribundo del
personaje. La delegación interina de poder a Raúl no ha
podido aguantar la presión de los rumores de la muerte
del máximo líder. No moverse es síntoma de parálisis, no
de estabilidad. La situación mundial es muy dinámica y
Cuba, sin Fidel, queda marginada. La cumbre de
Montevideo es un ejemplo. Si, en vez de Carlos Lage,
hubiera ido Fidel ¿hubieran Chávez y Lula dejado
plantado a Tabaré Váquez? Es dudoso.
Fidel tenía que salir o todo se les desintegraba. Y salió,
pero con ojos de perrito asustado, con voz de ultratumba
y caminando titubeante. Está más muerto que vivo. Nada
carismático. Pérez Roque dijo un día que se recuperaba
lentamente y, unos días después, que lo hacía
aceleradamente, ¿en qué quedamos? A Chávez se le escapó
el ruego a Fidel de que no se podía morir. Lo necesitan.
El y Evo Morales lo van a necesitar siempre. Como dije
antes, son títeres a quienes se les muere el titiritero.
En eso, viene la derrota republicana, o la victoria demócrata,
como gusten. Hay quienes ya se preparan para enterrar a
Bush. Pero el hecho es que el hombre seguirá ocupando la
presidencia por dos años más. Por mucho odio que le
tengan a Bush, esa es una realidad incontestable. A
partir de enero del 2007, Nancy Pelosi y Harry Reid,
encabezarán, como líderes demócratas, las dos cámaras
legislativas. Pero Bush seguirá siendo el Presidente,
con todos los poderes del cargo. Así son las reglas del
juego. Ni la Pelosi, ni Reid perdieron su tiempo
reuniéndose con John Kerry.
Donald Rumsfeld tuvo que renunciar en el Pentágono. Ya se ha
iniciado el debate sobre si el resultado de la elección
hubiera sido el mismo, si lo hubiera hecho antes. Como
dice el dicho, la victoria tiene muchos padres y la
derrota es huérfana. A mí, Rumsfeld me cae bien. Pero
el Pentágono y sus generales son muy buenos para ganar
batallas, pero no tienen la más ligera idea de cómo
crear una democracia. Además, hay serias dudas si
eso es posible en una sociedad musulmana, regida por la
Sharía, donde no hay separación de poderes. Irak pudiera
ser un desastre para EE.UU., ya sean demócratas o
republicanos los que ocupen el poder. Como ciudadano
americano, deseo de todo corazón el mayor éxito a Robert
Gates y su equipo. Pero soy muy pesimista.
En cuanto a Cuba, la cosa no cambia. Fidel y Raúl planeaban
que el Pentágono los ayudara a consolidar la sucesión
del régimen. Esa era la misión principal de la espía Ana
Belén Montes y sus cómplices. Después de la debacle
de Irak, nadie tomará en serio una fórmula promovida por
generales influenciados por una espía castrista. Y
Bush nunca les dio cancha. A todo lo largo, ha demandado
una transición a la libertad y el mercado.
Los demócratas, encabezados por Carter y Clinton, promueven
soluciones estilo Martin Luther King o Mahatma Gandhi.
Esas son las soluciones que han prevalecido entre la
llamada disidencia en Cuba: soluciones sin violencia.
Pero, la sangre ha sido el lubricante de nuestra
historia. Nuestro himno llama “Al combate corred
bayameses”.
Muchos militares jóvenes arriesgaron sus vidas durante la
etapa del internacionalismo. Medio millón sirvió en
Africa. ¿Para qué? ¿Para entronizar la oligarquía de
generales corruptos, incapaces e ineficientes de Raúl?
¿Para causar la falta de transporte, vivienda, comida y
medicinas que sufre el pueblo? ¡No, esos militares
juraron servir a Cuba, no a Raúl! Y, por eso, hace falta
una transición, no una sucesión.
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