
AS ELECCIONES EN NICARAGUA EL DÍA 5 DE NOVIEMBRE
refutaron las predicciones en la prensa y las
encuestas que daban por ganador al líder sandinista.
Al momento de escribir estas líneas todavía no hay
resultados definitivos. Puede que gane Ortega en
primera vuelta o puede que tenga que ir a segunda
vuelta. Si va a segunda vuelta, hay consenso de que
Ortega queda. Así que hablemos de si gana en la
primera.
El nica de a pie se da cuenta de que Ortega, a pesar del
visaje de demócrata con que se vistió para estas
elecciones, es aliado de Castro y Chávez. O sea, se
inclinaba a una alianza hostil al gobierno americano.
Ahora, las declaraciones de la Secretaria de Estado
han puesto la reacción estadounidense en una
posición contingente: Todo dependerá de cómo se
conduzca el nuevo gobierno.
Por tanto, si Ortega gana en la primera vuelta,
tendrá ante sí una tremenda coyuntura. Puede
abandonar la línea razonable y aliarse abiertamente
con Castro y Chávez. O, puede ser consistente con la
imagen razonable y sumarse a la línea moderada que
han seguido Lula en Brasil o la izquierda chilena.
Eso no creo que le caiga bien a Hugo Chávez, o al
moribundo Castro. Chávez ha ofrecido petróleo barato
a los alcaldes Sandinistas como una manera de
sobornar al partido de Ortega para que se incorpore
a la revolución bolivariana. Pero el hecho cierto es
que el acceso al mercado americano, la ayuda
económica y las remesas representan mucho más que la
ayuda que puede ofrecer Chávez. La oferta planteada
por Condy Rice no es para ser desestimada a la
ligera. De la decisión de Ortega dependería el
bienestar del pueblo nicaragüense.
De hecho, un Ortega razonable se sumaría a las
derrotas sufridas por Chávez en el hemisferio.
Ollanta Humala en Perú, Rafael Correa en Ecuador y
Andrés Manuel López Obrador en México, todos
apoyados por Chávez, acabaron siendo derrotados.
Ahora, sería una decisión de Daniel Ortega en
Nicaragua, la que constituiría la derrota de Chávez.
A todo esto se suma la enfermedad de Fidel, mentor
político de Chávez y Evo Morales, en Bolivia. Ambos,
están muy desconsolados porque su mentor intelectual
no les puede decir lo que tienen que hacer. A los
títeres se les muere el titiritero.
Las elecciones en Venezuela son el 3 de
diciembre. Hugo Chávez montó su campaña electoral
creyendo que iba a poder repetir lo que hizo con el
referendo o las elecciones parlamentarias. Pero la
oposición venezolana parece haber aprendido su
lección. Ahora se han unido alrededor de un
candidato único, Manuel Rosales, ex-Gobernador del
Estado de Zulia, la fuente de la riqueza petrolera
de Venezuela. En las encuestas, Chávez está
perdiendo apoyo por días. La manifestación reciente
en Caracas revela que Rosales ha movilizado el apoyo
popular. Y la desesperada amenaza de cortar los
envíos de petróleo a EEUU, para generar
antiamericanismo, es un arma de doble filo.
El aparatoso fracaso de Chávez en Naciones
Unidas, combinado con las derrotas de uno tras otro
de los líderes nacionales que se sumaron a su tren
de extrema izquierda, debilitan su imagen ante el
pueblo venezolano. En su momento, la gente humilde,
que ahora lo apoya, va a demandar explicaciones
sobre el despilfarro de miles de millones de dólares
en comprar influencia internacional. Esa riqueza es
del pueblo venezolano, y no de Chávez. En definitiva,
al pueblo venezolano le importa un bledo los No
Alineados y el asiento en el Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas. Los humildes de Venezuela se
preguntarán, ¿comprar influencia internacional para
qué?