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Fidel desmintió a Lula
Dr. Ernesto F. Betancourt
Desde Washington, D.C. |

a visita de Lula a Cuba era un acontecimiento que se había programado por largo tiempo. Después de dos posposiciones, era imprescindible que todo saliera bien. Pero como está pasando una y otra vez con los planes de la izquierda latinoamericana, las cosas se han enredado. El politiquero brasileño trató de congraciarse con Fidel, lamiéndole las botas, al decir que su salud era ¨impecable¨ y que en las dos horas y media que habían hablado, ¨Fidel habló dos horas y él solamente media hora¨.
Además, agregó que Fidel estaba muy lúcido y que quedó con la impresión de que estaba listo para volver a dar liderazgo político en Cuba y en el mundo. Esas declaraciones babosas de don Lula, quien es líder sindical y no médico, quedaron sepultadas por las explicaciones que dio Fidel de que su salud le negaba la ¨capacidad física¨ para hacer campaña en su distrito electoral en las elecciones del domingo 20 de enero para diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Por ahora, según aclaró el propio Fidel, solamente podía escribir ya que no tenía la estamina para hablar.
Si Lula no lo sabe, lo que dudo, el carisma es incompatible con la mala salud. Cualquiera que haya seguido la trayectoria de Fidel sabe que su capacidad de hablar por horas a grandes auditorios es una de las bases de su liderazgo político. Y es el propio Fidel quien dice que ya no puede hablar por horas porque carece de la capacidad física para hacerlo. Esto sale de Cuba en momentos en que se filtra que Fidel atraviesa crisis depresivas en las que sufre ataques de llanto. ¿A quién creer? ¿A Lula, quien salió contento de que Fidel no le tiró de las orejas por sus desvíos etanólicos con Bush? Por cierto, que después del descubrimiento de inmensos depósitos de petróleo en las costas de Brasil por Petrobrás, el caballero Lula ha hecho mutis en su propaganda del etanol.
Pero los intereses privados envueltos en la inmensa inversión en la producción de etanol de azúcar en Brasil no pueden ser ignorados tan fácilmente.
Es de notar que, entre los acuerdos comerciales firmados durante esta visita de Lula a Cuba, en el caso de la exploración petrolera en la costa Norte de la Isla, lo único que se acordó es que Petrobrás estudiará dónde pudiera hacer su parte de la exploración.
Como ya Petrobrás ha hecho investigaciones en Cuba y cerró sus operaciones después de gastar 18 millones de dólares en perforaciones estériles, pudiera ser que esta es una de las tantas maneras diplomáticas de decir que no. Los brasileños son muy suaves en su diplomacia y la realidad es que las técnicas de perforación en aguas profundas que hay que utilizar en Cuba posiblemente sean propiedad de los socios americanos de Petrobrás, los cuáles, de momento, estarían impedidos de ayudar a Cuba con esa tecnología por el embargo.
Al mismo tiempo, viene la noticia de que la General Motors ha comprado una empresa productora de etanol y ya ha sacado un Chevrolet Malibú con una planta propulsora más eficiente que la tradicional.
En la primaria de Michigan, Romney venció a McCain ofreciendo restaurar el empleo en el estado. Este ha sido muy afectado por la pérdida de competitividad de los fabricantes tradicionales de autos americanos, más que nada porque, con la arrogancia que los caracteriza, han insistido en seguir ofreciendo autos ineficientes en el consumo de energía. Máxime cuando el Congreso de Estados Unidos acaba de pasar una ley de energía encaminada a reducir la dependencia del país en petróleo importado, la que, por primera vez en muchos años, aumenta el millaje promedio requerido de las líneas de autos.
En una década, la planta automotriz americana puede haber cambiado radicalmente, creando un mercado muy favorable para la industria azucarera cubana si se reorienta a la producción conjunta de etanol y azúcar, como ha hecho Brasil. Para ello hace falta que Cuba se deshaga de las obsesiones anti-azúcar que han llevado a Fidel, con la ayuda de ignorantes como el actual Ministro del Azúcar, General Ulises Rosales del Toro, a desmantelar la capacidad productiva cubana en una industria cuyos mercados ofrecen una segura expansión.
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