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RETORNA LA IGLESIA COLABORACIONISTA
Dr. Ernesto F. Betancourt
Desde Washington, D.C.
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an a
cerrar
la
revista
Vitral y
el
Centro
de
Formación
Cívica y
Religiosa
de la
Diócesis
de Pinar
del Río.
No se
sabe lo
que será
de
Dagoberto
Valdés.
Parece
que la
jerarquía
de la
Iglesia
Católica
ha
decidido
repetir
el error
que
cometieron
sus
predecesores
cuando
la
colonia.
Traicionan
a los
muchos
católicos
cubanos
que han
dado su
vida o
sufrido
cárcel
por su
oposición
a la
tiranía
comunista
que
traidoramente
impuso
Fidel al
pueblo
cubano
La
Jerarquía
eclesiástica
en la
época de
la
colonia
respondía
a la
metrópolis.
Las
provincias
de las
órdenes
religiosas
españolas
eran las
que
controlaban
a la
Iglesia
en Cuba.
Eso no
se
remedió
hasta
precisamente
la época
en que
Fidel
llegó al
poder.
Fui
alumno
de la
Academia
de la
Salle,
sita en
la
avenida
Carlos
III, en
los años
treinta,
y no
tuve un
solo
profesor
cubano.
Todos
eran
franceses
o
mejicanos.
Precisamente,
en los
años
cuarenta
y
cincuenta
es que
la
Iglesia
cubana
empieza
a
liberarse
de ese
dominio
de la
jerarquía
española.
Es esa
Iglesia
cubana
la que
resiste
la
comunización
de Cuba
por
Fidel.
Pero la
semilla
del
colaboracionismo
estaba
sembrada.
Uno de los promotores centrales de ese colaboracionismo ha
sido
Monseñor
Carlos
Manuel
de
Céspedes,
cuya
conducta
deshonra
la
memoria
del
hombre
cuyo
nombre
lleva.
Ha
habido
Obispos
como
Pedro
Meurice,
de
Santiago
de Cuba,
y José
Siro
González
Bacallao,
de Pinar
del Río,
que han
lidereado
la
posición
opuesta.
Todos
recordamos
la
valiente
exposición
que
hiciera
el
Obispo
Meurice,
en
presencia
de Raúl
Castro,
durante
la
visita
de Juan
Pablo
II.
Parece
que el
Cardenal
Ortega y
el nuevo
Obispo
de Pinar
del Río,
Jorge
Enrique
Serpa
Pérez,
han
decidido
seguir
la línea
del
colaboracionismo.
Por eso
no es de
extrañar
que
Monseñor
Céspedes
haya
estado
pronto a
justificar
la nueva
línea.
El
anticomunismo
y el no
tener
miedo
que
predicara
Juan
Pablo II
durante
su
visita
han sido
abandonados.
Los que me conocen saben que no soy nada religioso. Pero
tampoco
soy
antireligioso.
Cuando
se creó
Radio
Martí,
fui yo
quién
resistió
la
presión
de la
VOA para
no
trasmitir
la misa.
Me
siento
cómodo
en el
clima de
tolerancia
que
siempre
ha
prevalecido
entre
los
cubanos.
Creo que
los
valores
cristianos,
que son
parte de
nuestra
tradición
cultural,
deben
ser
preservados.
Sobretodo
en esta
etapa de
crisis
moral
que
atravesamos.
Y esa
tradición
cristiana
en Cuba
es
esencialmente
católica.
La gente
acude a
la
religión
cuando
se
siente
amenazada
y, en
estos
momentos,
en que
Raúl y
sus
testaferros
aumentan
la
represión,
la fe
religiosa
es un
baluarte
que
nutre
las
esperanzas
de
muchos.
Por eso
no
entiendo
la
decisión
de la
Jerarquía
cubana.
Es una pena que la Jerarquía de la Iglesia Católica haya
optado
por
capitular
y
regresar
al
colaboracionismo
en estos
momentos
críticos.
Cuba
será
libre de
nuevo.
Lo único
que,
como
cuando
la
independencia,
la
Jerarquía
eclesiástica
católica
habrá
perdido
la
oportunidad
de dar
liderazgo
al
pueblo
cubano.
Ese
liderazgo,
en
cuanto
al
catolicismo
cubano,
quedará
en manos
de
Oswaldo
Payá, el
Movimiento
Cristiano
Liberación
y los
que
respaldan
el
Proyecto
Valera.
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