
l regreso de
Fidel a la
actualidad
política ha
sido funesto.
En un
artículo
bajo su
firma en el
órgano del
Partido
Comunista
cubano,
Granma,
Fidel trató
de
anticiparse
a la reunión
de Lula con
Bush en Camp
David,
durante la
cual las dos
grandes
potencias de
las Américas
avanzarían
en el
acuerdo
inicial
sobre el
etanol. Con
su habitual
retórica
apocalíptica,
Fidel habló
de condenar
al hambre y
la sed a
tres mil
millones de
personas en
el mundo en
desarrollo.
El canciller
de Brasil,
Celso Amorín,
pronto lo
puso en su
lugar. De
paso lo
tildó de
viejito
obsoleto. Ya
Chávez había
cancelado
las once
plantas de
etanol que
supuestamente
Cuba iba a
construir en
Venezuela
con su plata.
En primer lugar, Fidel es el padre del desastre azucarero
cubano. La
producción
de azúcar en
Cuba ha
caído a
niveles de
principios
del siglo
pasado a
resultas de
su
autoritaria
e ignorante
gestión.
Cientos de
miles de
obreros
cubanos han
perdido sus
empleos y
más de cien
comunidades,
bajo el
nombre de
bateyes, han
perdido su
principal
fuente de
empleo y
servicios
sociales. Si
Cuba hubiera
estado bajo
un régimen
de
iniciativa
individual,
esto no
hubiera
ocurrido.
Pero Brasil,
además de
contar con
los recursos
naturales
requeridos,
tiene una
economía de
mercado que
ha
aprovechado
la crisis
energética
para
convertirse
en un país
de
vanguardia
tecnológica.
En segundo lugar, el cierre de cien centrales azucareros en
Cuba ha
coincidido
con la época
en que Cuba
ha pasado a
depender de
los Estados
Unidos para
el
suministro
de alimentos
a su
población.
Las tierras
liberadas
del cultivo
de caña en
Cuba se han
convertido
en campos de
marabú,
porque los
genios del
perfeccionamiento
empresarial,
del raulista
General
Ulises
Rosales del
Toro, hasta
ahora no han
logrado
desarrollar
ningún
cultivo
alterno. Por
tanto, poca
autoridad
tiene el
régimen
cubano para
decir que el
desarrollo
de la
producción
de etanol,
usando la
caña de
azúcar,
retiraría
tierras de
la
producción
de alimentos.
Cuba
sobrevive el
fracaso del
régimen
gracias a la
producción
agrícola
americana.
En tercer lugar, la realidad es que el mundo tiene que
encontrar
fuentes de
generación
de energía
renovables
porque, más
tarde o más
temprano,
las reservas
de petróleo,
gas y carbón
se agotarán.
Cuba tiene
la fortuna
de gozar de
condiciones
climáticas y
de suelos
favorables
al
desarrollo
de una de
las dos
alternativas
agrícolas de
energía
renovable
que se han
identificado
hasta ahora,
la caña de
azúcar. La
otra es el
maíz.
Brasil logró, con una política inteligente, desarrollar un
verdadero
monopolio de
la
tecnología
de la
primera y
esto se
complementa
conque los
Estados
Unidos
tienen la
del maíz.
Eso es lo
que está
detrás de la
reunión de
Lula y Bush.
Pero, la
posibilidad
de
desarrollar
el uso del
etanol es
anatema para
el monopolio
petrolero de
la OPEC. De
ahí que
Chávez, que
ya está
llegando al
límite de la
capacidad de
despilfarro
financiero
de las
riquezas
generadas
por PDVSA,
de pronto
haya
descubierto
que a él no
le conviene
el
desarrollo
del etanol.
Eso es lo
que está
detrás de
todo este
debate.
Fidel es solamente el vocero de Chávez en este lío y, como le
dijera el
canciller
brasileño
Amorín, con
la gentileza
usual de
Itamaraty,
está “anticuado”.
Además,
agrego yo,
de ser el
charlatán
que siempre
ha sido.