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En su discurso, dos días después, Raúl no
se molestó en hacer una sola referencia a los
cambios a que aspiran los cubanos. Se limitó,
antes de hacer desfilar la obsoleta chatarra
militar de las FAR, a hacer comentarios
derogatorios sobre la política exterior de EEUU,
y a ofrecer negociar la rendición de Bush, ahora
que ganaron los demócratas
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homenaje que la Fundación Guayasamín montara
para el medio muerto Fidel ha sido desastroso.
Para empezar, sólo vinieron personajes políticos
de segunda línea como Rodrigo Borja,
expresidente de Ecuador, René Preval,
expresidente de Haití, y Daniel Ortega,
presidente electo de Nicaragua. Ni Lula, ni
Kirchner, ni la Bachelet se molestaron en
asistir. Evo Morales, camino de la expresidencia
de Bolivia, es el único presidente en funciones
que asistió a los festejos. Chávez estaba muy
ocupado con su reelección--que logró--para
distraerse con una visita a ver, lo que él mismo
llamó, el jonrón de la reaparición de Fidel.
Sólo, que Fidel, siguiendo el consejo de sus
familiares y ante la realidad de su deterioro
físico, no apareció en ninguna de las ceremonias.
El heredero del trono feudal castrista, el hermanísimo Raúl,
al fin se molestó en honrar con su presencia el
último evento organizado por la Fundación
Guayasamín, además del desfile militar. Después
del desaire de no ir a la sesión de apertura en
el teatro Karl Marx, pero sí asistir ese mismo
día al homenaje al canta-autor Silvio Rodríguez,
su asistencia era indispensable para evitar una
ofensa mayor a los invitados extranjeros. El
líder Talibán, Pérez Roque, debe haber estado
desesperado. Sin poder presentar ni una momia de
Fidel, estos groseros desaires de Raúl erodaban
aún más la débil posición exterior cubana, como
demostró el fracaso que tuvo Chávez en Naciones
Unidas a pesar del apoyo de los No Alineados
presididos por Cuba.
Por su parte, Lage fue al aeropuerto a recibir a Evo. Se
rumora que a Fidel no lo dejan hablar porque
está incoherente. Pobre Evo, vino a buscar
asesoramiento para salir del tremendo lío en que
se ha metido en Bolivia y se encuentra conque su
“abuelito”, como le dice él, está incoherente. ¿Qué
desilusión? Ante esa cruel realidad, Lage
declaró que hay Fidel para rato. Tranquilos. Es
una expresión de lo que ansía Lage, no de lo que
va a pasar. En ausencia de Fidel, todos, no tan
sólo Evo y Hugo, se sienten huérfanos.
En lo interno, hay que ver lo que dijo Ramirito en su
discurso en Santiago de Cuba, aparte de llamar a
Raúl “cancerbero de la Revolución.” De nuevo
reiteró la continuidad del régimen comunista.
Eso, en momentos en que el cubano de a pie lo
que quiere es que se resuelvan los problemas
prácticos que confronta de falta de todo. Lo
cual se debe precisamente al fracaso del régimen
comunista que heredan de Fidel. En lo externo,
Ramirito apeló al antiamericanismo estéril. En
su discurso, dos días después, Raúl no se
molestó en hacer una sola referencia a los
cambios a que aspiran los cubanos. Se limitó,
antes de hacer desfilar la obsoleta chatarra
militar de las FAR, a hacer comentarios
derogatorios sobre la política exterior de EEUU,
y a ofrecer negociar la rendición de Bush, ahora
que ganaron los demócratas. Esta gente está
osificada. No ofrecen ningún futuro. Al
contrario. Viven en el pasado, que trajo el
fracaso presente.
Al mismo tiempo, han montado una clara ofensiva
propagandística. El llamado Arco Progresista
(AP) entregó a la Sección de Intereses un pedido
al Congreso demócrata para que cambie la
política exterior respecto a Cuba. Parece no
saben que, por mandato constitucional, la
política exterior de Estados Unidos es
responsabilidad del Presidente y no del Congreso.
El Nuevo Herald, confirmando que está infiltrado
por la inteligencia cubana, lanzó otro ataque a
Radio Martí. Phil Peters, desde el Lexington
Institute, y Julia Sweig, desde el Council on
Foreign Relations, siguen su propaganda pro-régimen.
Olvídense. Con Fidel fuera del juego, el
castrismo llega a su fin.