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nombre es Erneido Andrés Oliva, soy un general
retirado de origen cubano. Me siento orgulloso de haber
sido uno de los pocos militares en el mundo que inició
cuatro veces su carrera militar y ostentó el rango
de segundo teniente cuatro veces, en cuatro estructuras
militares distintas. Dos años después de graduarme
de la Escuela de Cadetes de Cuba, me nombraron profesor
de artillería de esa academia militar. Más
tarde, fui seleccionado Graduado de Honor en dos cursos
consecutivos en la Escuela de las Americas de EE.UU. situada
entonces en la República de Panamá (galardón
nunca antes obtenido por otro oficial latinoamericano) y
nombrado instructor de esa escuela internacional estadounidense.
Después del “triunfo” de la revolución
cubana, deserté del Ejército Revolucionario
Cubano, trabajé en el clandestinaje y comandé
tropas invasoras. Desafortunadamente, al fracazar en mi
intento de liberar a Cuba, fui capturado y encarcelado como
prisionero de guerra en una tétrica prisión
de la isla. Lo que me llevó a todos esos infortunios
en mi temprana carrera militar, no fue la falta de capacidad
professional o deslealtad al juramento que hiciera una vez
a la Patria nativa, fue la llegada a mi país de un
falso profeta, un rebelde comunista disfrazado de libertador
que traicionó a su pueblo y se autotituló
presidente vitalicio.
Estados
Unidos de América, me proporcionó la oportunidad
de comenzar por cuarta vez mi carrera militar. Después
de desempeñar funciones en el ejército activo,
la reserva y la Guardia Nacional de este
país, fui ascendido al grado de mayor
general de la Guardia Nacional del Distrito de Columbia
(Washington, D.C.). Sin embargo, ni mi pueblo, ni
los ex-miembros de las Fuerzas Armadas Constitucionales
de Cuba, tuvieron mi suerte. Cientos de mis ex-compañeros
de
armas, respetuosos de la Constitución,
como lo son los militares venezolanos, fueron fusilados
injusta y friamente, sin haber sido juzgados por tribunales
competentes. Miles cumplieron largos años de prisión,
indefensos y acusados de crímenes no cometidos, Otros
trataron de cruzar en improvisados botes el Estrecho
de
la Florida --muchos murieron en la travesía. Cientos
lograron sus objetivos de alcanzar tierras de libertad--
pero la inmensa mayoría que permaneció en
la isla cautiva, terminaron o están terminando sus
vidas olvidados y menospreciados por los que se convirtieron
en ateos, vengativos y los únicos lemas que vociferaban,
al igual que lo hacen ahora los llamados movimientos bolivarianos,
eran los de "PAREDÓN" y "PATRIA O
MUERTE". Menos afortunado que yo también
lo fue un pueblo entero, que ha permanecido esclavizado
por casi medio siglo sin que ningún país "amigo"
u organización internacional esté dispuesto
a proporcionale la ayuda que necesitan para liberarse del
opresor, o por lo menos exclamen, ¡BASTA YA!, a un
tirano comunista que ha permanecido en el poder por casi
medio siglo.
Mis experiencias me obligan urgirle
a los miembros de las Fuerzas Armadas Venezolanas que tomen
acciones inmediatas dentro del marco institucional y democrático,
y no permitan que el país se vea arrastrado
al mismo abismo que llevó a Cuba un farsante, como
lo está haciendo ahora en Venezuela, otro autotitulado
"salvador de la patria y defensor de los pobres".
o
hace mucho tiempo, el ex-teniente coronel golpista que
hoy ostenta la presidencia, Hugo Chávez Frías,
dijo a su pueblo que anhelaba que ellos pudieran navegar
por un "mar de felicidad" como por el que navegaba
Cuba. ¡Que idiotez! Exclamé cuando leí
sus palabras. Sólo una cabeza calenturienta pudiera
imaginarse que el pueblo cubano es feliz. Muchos años
atrás, en el 1959 para ser exacto, un falso Mesías
cubano exclamó iracundo: "¿Armas para
qué?" para después convertir toda la
isla en un
arsenal. “Respeto para la Constitución"
para inmediatamente después pisotearla y crear una
comunista. "Elecciones libres", para nunca someterse
a la votación
popular. Sólo hay que mirar hacia la pequeña
isla caribena y ver los resultados de la labor del déspota
criollo: pobreza, desolación, alcoholismo, drogas,
desempleo, prostitución, fanatismo, diaria violación
de los derechos humanos e institucionales, fusilamientos,
prisión para el que disiente de la línea del
partido, discriminación, trabajo esclavo, deseo frenético
de cada ciudadano de huir a cualquier precio, aún
arriesgando su propia vida. ¿Es ése el "mar
de felicidad" que los militares venezolanos, como el
Presidente Chavez, anhelan para la Patria de Bolivar? ¿Es
ese el futuro que desean para sus hijos y hermanos? Estoy
convencido que no. Y también convencido que aún
están a tiempo de evitarlo.
Las Fuerzas Armadas
de Venezuela se han distinguido desde hace más de
40 años por su respeto a la Constitución.
Pero esa Constitución está siendo violada,
mancillada diariamente por el Presidente de la República.
Esa es la razón por la que varios oficiales y soldados
se declararon en desobediencia y manifiestaron su
inquebrantable decisión en la Plaza Francia de Altamira
en Caracas, donde se les unió el pueblo venezolano
y juntos, demandaron la renuncia del Presidente de la República.
Los militares venezolanos son los
únicos que pueden poner fin a la implementación
de un régimen "socialista" al estilo cubano
y prevenir que Venezuela sufra la misma suerte de Cuba.
Ellos son los que tienen que erguirse ahora y rechazar energicamente
las ingerencias de fuerzas terroristas internacionales,
que con el disfraz de "asesores" militares, médicos,
maestros y entrenadores, tratan de manipular a las fuerzas
armadas venezolanas.
ilitares venezolanos
¡despierten! Escuchen el llamado del Presidente de la Confederación
de Trabajadores de Venezuela Carlos Ortega, quien desde
la clandestinidad (para evitar ser eliminado fisicamente),
dijo que sólo falta un pronunciamiento militar para
sacar al presidente del poder. Ortega enfatizó
que no estaba hablando de una rebelión
militar, sino de la restitución del orden democrático.
Escuchen también el clamor de vuestro pueblo que
gime por vuestra ayuda. Eviten que la familia venezolana
sea dividida. Las instituciones armadas que los militares
venezolanos veneran y juraron solemnemente defender están
siendo mancilladas y utilizadas como instrumentos para amedrentar
al pueblo y subyugar la nación. Más tarde
o más temprano, cada uno de los militares venezolanos
se verá forzado a unirse a los honorables militares
de Altamira, a retirarse, o silenciosamente dejar el servicio
activo. Cuando eso suceda, se formarán largas
líneas de ambiciosos que atraidos por el poder, los
cantos de sirenas, y la corrupción, tratarán
de ocupar las posiciones vacantes.
Militares venezolanos,
este es el momento de actuar en una forma decidida, pacífica
y coordinada. Las instituciones militares son aún
respetadas por el pueblo y dentro del marco de la
constitucionalidad, los miembros del ejército, la
guardia nacional, la marina y la aviación, pueden
pedirle al presidente lo mismo que le suplicaron su esposa
e hijos, que se asome a la ventana para que vea y oiga la
desesperación de su pueblo. Los militares venezolanos
pueden abrirle los ojos al presidente y hacerle ver que
el pueblo está masivamente en las calles pidiendo
a gritos su renuncia. Hacerle entender que con los cuatro
millones de firmas recientemente recogidas, el pueblo ha
reafirmado su demanda. Que evite más derramamiento
de sangre, y que si no quiere humillarse con una renuncia,
que por lo menos permita el comienzo de un proceso electoral
que traiga consigo un nuevo presidente, y a su vez la paz,
felicidad y democracia que el pueblo venezolano está
corajudamente demandando.
Erneido Andrés Oliva es un mayor general
retirado de la Guardia Nacional del Distrito de Columbia
(Washington, D.C.) donde fungió por seis años
como Ayudante General y Segundo Comandante General. Durante
la invasión de Bahía de Cochinos, Oliva desempeñó
el cargo de segundo jefe militar de la Brigada de Asalto
2506. En la actualidad, el general retirado es Presidente
del Consejo Militar Cubano Americano (CAMCO).
E-Mail
Address:
CAMCOCUBA@AOL.COM
Website:
http://www.camcocuba.org
CAMCO
Phone: (703)
569-4119
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