WASHINGTON, D.C.
{17 DE ABRIL DEL 2016}

Porqué la Brigada de Asalto 2506 entregó su bandera al Presidente Kennedy para su custodia temporal?

Por: Erneido A. Oliva. Mayor General (DCNG-Ret), Ex-Segundo Jefe Militar de la Invasión de Bahía de Cochinos y ex-segundo Comandante General de la Guardia Nacional del Distrito de Columbia





El 22 de diciembre del 1962
,
casi todos los miembros de la Brigada fueron liberados porque el gobierno de Estados Unidos había pagado el rescate demandado por Fidel Castro por nuestra libertad y se había ordenado nuestra salida de la isla. Antes de partir de la base aérea militar de San Antonio de los Baños, Castro tomó su tiempo para visitar privadamente a los tres líderes de la Brigada: el Dr. Manuel Artime (Jefe Civil), José Pérez San Román (Jefe Militar de la Brigada) y conmigo (Segundo Jefe Militar). Las palabras de despedida de Castro incluyeron no solo duros reproches por lo que nosotros habíamos realizado - algo que habíamos escuchado en varias oportunidades durante nuestro cautiverio - pero en esta ocasión nos amenazó de que si regresábamos de nuevo a Cuba con un arma en nuestras manos, seríamos fusilados de inmediato en el mismo lugar de nuestra captura. Nuestra partida fue retrasada por ocho horas hasta que el millón y medio de dólares en efectivo que Fidel Castro demandaba por los tres líderes de la Brigada 2506 fueran depositado en su cuenta bancaria personal en un banco en la Ciudad de Nueva York. Gracias a la intervención personal de Procurador General de Estados Unidos Robert F. Kennedy la exigencia de Castro fue satisfecha a pesar de que todos los bancos se encontraban cerrados por el fin de semana.

     Cuando finalmente aterrizamos en la base aérea militar de Homestead en la Florida, no había puesto un pie en territorio libre cuando un estadounidense se acercó a mí corriendo y me informó que alguien había llamado a un teléfono de la base y deseaba hablar urgentemente conmigo. Yo me pregunte quien pudiera estar tan ansioso de hablar conmigo porque mi esposa, Graciela, se encontraba aún en Cuba con mi pequeña hija María. Cuando llegué al lugar señalado y levanté el teléfono, al otro lado de la línea se encontraba el Procurador General y hermano del presidente, Robert F. Kennedy. Con palabras calurosas me dio la bienvenida a Estados Unidos y dijo que en los días subsiguientes discutiríamos tópicos de gran importancia para ambos.

     Dos días después, cuando Artime, San Román y yo nos reunimos con Robert Kennedy en la Ciudad de Washington, él nos proporcionó información sobre las operaciones que estaban realizando para precipitar el derrocamiento del régimen de Castro. Sus palabras nos hicieron olvidar de inmediato las amenazas de despedida del dictador y nos motivó a preparar planes para combatir de nuevo por la liberación de nuestra patria nativa. Kennedy mencionó que los planes operacionales estaban ya siendo implementados pero quería asegurarse de que nosotros, los líderes de la invasion, éramos incluidos en el proceso si así lo decidíamos. La operación, llamada "Operación Mongoose," había sido aprobada por el Presidente John F. Kennedy en noviembre del 1961, solo seis meses después de la invasión de Bahía de Cochinos. Las regulaciones de Operación Mongoose establecían dos puntos muy importantes: "(a) llevando a efecto el derrocamiento del gobierno de Castro, los Estados Unidos utilizará recursos nativos, internos y externos, pero reconoce que el éxito final requeriría una intervención decisiva de EE.UU. (b) Al mismo tiempo que se identifican los recursos nativos, estos serán utilizados para preparar y justificar la intervención, y más tarde facilitarla y apoyarla."

     Durante los días que siguieron a nuestra reunión con Robert Kennedy, los tres líderes de la Brigada pasamos largas horas, en Washington y Miami, discutiendo los planes que nos habían presentado. Finalmente llegamos a la unánime conclusión de que por el bien de nuestra patria teníamos que olvidarnos de nuestras amargas experiencias con el Presidente Kennedy y la falta del apoyo aéreo prometido y que teníamos que aceptar la nueva oportunidad que se nos ofrecía. Nosotros también acordamos unanimemente seguir los consejos de uno de nuestros nuevos asesores norteamericanos y no compartir esa información con nadie, ni siquiera con nuestra familia y amigos más cercanos de la brigada.

    Para demostrar al Presidente nuestra firme decisión de cooperar, así como también hacerle saber de nuestra disposición de combatir de nuevo por la liberación de Cuba, Artime propuso que hiciéramos un gesto simbólico y presentáramos públicamente la bandera de la Brigada al Presidente Kennedy. También decidimos que yo hiciera la presentación después de que San Román concluyera sus breves palabras de bienvenida. Cuando informamos al Procurador General de nuestra decisión, funcionarios de la Casa Blanca comenzaron inmediatamente a preparar los planes que culminaron en una extraordinaria ceremonia en el Orange Bowl de Miami, la que fue presenciada por todos los miembros de la Brigada y miles de cubanos exiliados. Fue durante ese evento histórico que le entregué la bandera al Presidente diciendo: "Señor Presidente, los hombres de la Brigada de Asalto 2506 le hacemos entrega de nuestra bandera, nosotros se la entregamos para su custodia temporal”. El Presidente entonces desdobló la bandera, hizo una pausa de unos segundos, y con voz emocionada declaró: "Comandante, le aseguro a ustedes que esta bandera será devuelta a esta Brigada en una Habana Libre".

    Durante las semanas siguientes, varios funcionarios del gobierno, y en especial Robert Kennedy, nos informaron que la "Operación Mongoose" no estaba obteniendo los resultados previstos y que estaba siendo reemplazada por otra nueva operación encubierta. Se nos aseguró que los nuevos esfuerzos eran considerados de alta prioridad y que la administración estaba comprometida con la liberación de Cuba. También nos enteramos que cientos de Americanos y exiliados cubanos se encontraban en aquellos momentos implementando los nuevos planes y que decenas de operaciones psicológicas y paramilitares se estaban realizando contra el régimen de La Habana. Nosotros estábamos convencidos de que en esa oportunidad, el resultado sería una victoria definitiva.

    A fines de enero del 1963, Artime y yo nos reunimos de nuevo con Robert Kennedy, esta vez en su residencia de McLean, Virginia. Kennedy comentó que nosotros lucíamos completamente recuperados del duro tiempo pasado en las prisiones e indicó que había llegado la hora que nos uniéramos a las operaciones del gobierno contra Castro. A Artime, afirmó, se le proporcionaría todos los fondos necesarios para que comenzara operaciones paramilitares desde otros países, y a mí se me permitiría, dentro de las Fuerzas armadas estadounidenses, entrenar y organizar las fuerzas convencionales necesarias para lograr la meta establecida por el Presidente. Dos meses más tarde, Artime partió hacia Nicaragua con cientos de cubanos exiliados. Yo me dirigí a Fort Benning, Georgia, con 207 oficiales de la Brigada de Asalto 2506 que habían recibido unos días atrás sus comisiones como oficiales del ejército, la fuerza aérea y la marina de EE.UU. Otros 500 miembros de la Brigada fueron asignados al Fuerte Jackson, Georgia, donde se unieron a miles de cubanos voluntarios que se habían alistado durante la crisis de los cohetes de Octubre del año anterior.

    En una conferencia de prensa en enero, el Presidente había anunciado el ingreso en el ejército de los miembros de la Brigada y mi nombramiento como Representante de todos los cubano-americanos que se habían alistado en las Fuerzas Armadas de EE.UU. Todos estos increíbles eventos se desarrollaron con una velocidad increíble después de lo que muchos creyeron fue un firme compromiso firmado por el Presidente de Estados Unidos y el Primer Ministro de la Unión Soviética, después de la crisis de los cohetes, de no invadir militarmente a Cuba. A través de los años, muchos han mantenido firmemente este criterio. Académicos, periodistas, historiadores y algunos cubanos exiliados han culpado a John F. Kennedy por cancelar todas las operaciones contra Castro después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos. Yo puedo asegurar, como testigo presencial y participante, de que no fue así. Robert Kennedy, con la anuencia de su hermano, continuó decididamente con sus planes para lllevar a Cuba libertad y democracia.

    Como el resto del país, el asesinato del Presidente el 22 de Noviembre del 1963 fue un tremendo golpe para mí. Me encontraba en Fort Sill, Oklahoma, trabajando con otro oficial cubano asignado a esa base militar en planes para organizar una brigada de infantería dentro del ejército de EE.UU., cuando escuché la trágica noticia. Los oficiales de la Brigada se encontraban en esos momentos dispersos en varias bases militares de EE.UU. Yo no pude imaginarme en aquellos instantes que el asesinato vil del Presiente, aquella tragedia nacional, tendría una repercusión tan grande e inmediata  en nuestros planes y que todos nuestros esfuerzos y sueños por ver a una Cuba Libre iban a desvanecerse inmediatamente. El 14 de enero del 1964, fue el nuevo Presidente Lyndon B. Johnson personalmente quien en la Casa Blanca, en presencia de Robert Kennedy, me informó de su decisión de terminar inmediatamente todas las acciones militares contra Cuba. Yo tuve que trasmitir personalmente la devastadora noticia a los miembros de la Brigada que ostentaban el uniforme militar estadounidense. Realmente Castro fue el único que se benefició del acto criminal acontecido en Dallas.

     En un libro titulado "Inner Circles", fue el ex-Secretario de Estado y general del ejército estadounidense Alexander M. Haig el primero en hacer referencia de mi participación en Operación Mongoose. Durante la operación, Haig era un teniente coronel Asistente del Secretario del Ejército Cyrus Vance. Haig coordinaba conmigo los planes del Pentágono hacia Cuba. En su libro, el general dice: "Fue una declaración extraordinaria (las palabras del Presidente en el Orange Bowl) proviniendo de un hombre que había abandonado a la Brigada cuando él era el único que podía haberla salvado. Sin duda, él pensaba hacer lo que estaba diciendo…"  "La Operación Mongoose fue autorizada por el Presidente Kennedy a raíz de la invasión de Bahía de Cochinos…Muchos de los que estaban presentes en el Orange Bowl aquella noche tenían que haber tenido conocimiento de su existencia. El pueblo Americano estaba ignorante de esto…" "Treinta incursiones en Cuba…fueron aprobadas durante un período de tres meses que comenzó en noviembre del 1963, los últimos tres meses de la presidencia de Kennedy. Con la aprobación de Vance y el asesoramiento de Erneido Oliva, entre otros, yo procesaba las decisiones, entregándoselas a un representante de la CIA para que fueran ejecutadas por sus operativos en el terreno."

     Finalmente, confío sinceramente que los miembros de la Brigada 2506 y el público en general comprendan que la culpa por los 55 años de dictadura en Cuba no debe recaer exclusivamente sobre los hombros de John F. Kennedy.  Diez presidentes, Demócratas y Republicanos, lo siguieron (he tenido el honor de reunirme y conversar sobre Cuba con siete de ellos) sin embargo, después de las promesas politicas formuladas en Miami y otras ciudades durante sus campa
ñas electorales, para obtener el voto de los cubanos, ninguno hizo nada nada, absolutamente nada,  para ayudarnos en la liberacion de Cuba. Es una realidad ineludible que nuestra derrota en las playas cubanas consolidó el régimen de Fidel Castro. Pero también tenemos que admitir que el Presidente Kennedy mostro su deseo de continuar apoyándonos para derrocar al tirano. Yo he creido firmemente, hasta el día de hoy, que el Presidente que nos falló en Giron estaba realmente arrepentido por no habernos respaldado en las playas cubanas y trató de  rectificar su gran error histórico  ayudándonos nuevamente en nuestros esfuerzos para liberar a Cuba de la tiranía castro- comunista.


http://historynewsnetwork.org/article/123702


http://articles.sun-sentinel.com/2005-02-17/news/0502160707_1_pigs-invasion-cuban-castro