Jorge Mas Canosa


                      Nació en Santiago,  Cuba el 21 de Septiembre del 1939
                           Murió en Miami, EE.UU. el 23 de Noviembre del 1997

          

            Panegírico de Raúl Más Canosa a su hermano Jorge


     
La mayoría de las personas solo piensan en lo que mi hermano logro como patriota y como líder político pero yo quiero hablarles a ustedes de Jorge como el individuo, como el hombre que fue, como padre, como esposo, como hermano, como un hijo bueno, como un gran amigo, un católico ferviente, como un pecador; un individuo con faltas humanas, pero sobre todo como un hombre que amo la vida, que quiso tanto a su Cuba nativa como su país de adopción y vivió cada momento de su corta vida de 58 anos como si no existiera un mañana.

    
Muchos piensan que su legado mayor es la Fundación y lo que ella representa: una institución dedicada a lograr la libertad de Cuba, en lo cual no tengo ninguna duda que llevara adelante esta lucha con renovada dedicación y esfuerzo. Pero pensar en Jorge exclusivamente como una figura política seria una gran injusticia. Jorge fue y seguirá siendo mucho más que eso.

    Para mí su legado mayor  se puede palpar en su familia, su querida esposa Irma, sus tres hijos magníficos: Jorge, Juan Carlos y José Ramón,  cualquiera de ellos individualmente harían a cualquier padre sentirse extremadamente orgulloso y hasta ahora lo han bendecido con cuatro nietos maravillosos, y un quinto que esta por venir.

    Jorge logro generar una lealtad muy intensa y un amor muy fuerte entre las personas que el consideraba sus amigos. En la Biblia, Jesús nos dice -“No existe amor mayor que este: aquel que da su vida por sus amigos.”- Jorge era el tipo de persona que hubiera dado su vida por un buen amigo sin dejar de tener siempre presente su querida Cuba. Mirándolos a ustedes veo las caras de docenas, quizás cientos, de individuos que gustosamente hubieran hecho lo mismo por el, y hubieran aceptado su sufrimiento sin pensarlo dos veces. Eso, señoras y señores, es grandeza, de verdad.

    Aparte de sus amigos, Jorge logro generar hermandad y afecto en prácticamente todas las personas que lo trataron. El se sentía bien hablando lo mismo con un jefe de estado que con un empleado de sus muchas compañías. Cualquier noche podría estar en una comida de gala, y el próximo día compartía las delicias de un buen chivo o un rabo encendido con alguien que lo llevo a su oficina en una cantina.

     Les puedo decir por seguro que Jorge prefería estas cosas simples, comidas hechas en la casa por sus empleados, o por sus amigos, o su familia, más que nada.

    Anoche tuve la oportunidad de caminar las largas líneas del pueblo esperando pacientemente para ver los restos mortales de Jorge. Lo que mas me impresionó fue el número tan grande de personas mayores que han venido de todas partes y han estado esperando pacientemente para darle el último adiós.

    Las personas mayores tienen una sabiduría especial que viene con la experiencia. Ya han dado muchas vueltas y han aprendido a separar lo real de lo falso. Tienen la habilidad de ver las cosas en perspectiva tomando en cuanta tanto lo bueno como lo malo. Ver a tantos de ellos fue verdaderamente impactante. Quizás ellos reconocieron a  mi hermano por lo que realmente era: un gran hombre, un hombre imperfecto, pero un hombre genuino cuyas convicciones eran reales, cuya pasión por una Cuba libre y democrática no tenia límite.

    Leí los comentarios de muchas personas. Muchos comentaron sobre la ironía de una vida tan corta, como no pudo ver una Cuba libre, como perdió la vida a  tan temprana edad. Vamos a hablar sobre esto. En su corta vida, Jorge vivió lo que muchos solo han logrado en sueños. El era un patriota inspirado, un millonario a base de su trabajo, un padre excelente, un gran hijo y hermano, un filántropo, y un fiel ferviente de Dios. No nos lamentemos de su vida tan corta.  Demos gracias por la vida que tuvo, una vida completa, siempre acelerado, nunca mirando hacia atrás. Jorge no perdió su vida. El dio su vida. El la dio por lo que el más creyó. La restauración de la libertad y la democracia en la tierra que amo — su adorada Cuba. Y aunque no pudo ver una Cuba libre en vida, estoy seguro que lo vera desde allá arriba.  No tengo ninguna duda en mi mente que está ahora mismo en el cielo hablando con el mismo Dios y abogando por la libertad de Cuba. La ironía de la muerte de Jorge siempre servirá para la libertad eventual de Cuba. Miren de cerca en los meses venideros porque seguro que verán las barbas de Castro volverse “más-canosas”.

    No lamenten que su vida haya terminado y el tirano este todavía en la tierra. Recuerden las palabras de San Agustín: “La fe mantiene este principio y debemos de creer en el: ni el alma ni el cuerpo sufren la aniquilación completa.  Los malvados serán resucitados de nuevo para un castigo sin imaginación, los buenos resucitaran para una vida eterna.” Para todos ustedes que han sufrido con nosotros este periodo tan difícil: acepten el sufrimiento con regocijo. Recuerden los Romanos Capitulo V que nos dicen: “Regocijémonos en nuestro sufrimiento porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia,  perseverancia de carácter y carácter de esperanza. Y la esperanza no nos decepciona a nosotros, porque dios ha vertido su amor en nuestros corazones a través del Espíritu Santo, el cual ha sido dado por el.”

    ADELANTE, ADELANTE, ADELANTE—con el poder y la fuerza del Espíritu Santo de nuestro lado. Déjenme decirles unas cuantas cosas sobre la muerte de Jorge, porque se ha dicho que hasta el día que uno muera, nadie puede estar seguro de su coraje. Si ese es el caso, les aseguro que la muerte de Jorge, como su vida, fue llena de coraje. El mantuvo su enfermedad siempre en secreto, no queriendo preocuparnos a nosotros, y ciertamente, no queriendo afectar el trabajo de la Fundación. El atendía las necesidades de otros, inclusive las mías aunque tuviese con un dolor muy grande y muriendo lentamente.

    Yo recuerdo un momento particular, sentado en un cuarto de su casa, cuando menciono su dolor y su sacrificio y me dijo a mi: “Con todo lo que Dios me ha dado, yo acepto este dolor voluntariamente y lo ofrezco como un sacrificio para El.”  Jorge fue un buen católico hasta el final y con el conocimiento pleno de que, aunque es bueno para el hombre ganar el mundo, de que le sirve si pierde el valor de uno mismo.

    Yo hable anteriormente del valor humano de Jorge. Era evidente aun en su muerte que el mantenía la habilidad para generar calor humano y afecto en todos. En sus últimas horas,  a medida que su corazón iba fallando y mientras nosotros mirábamos el monitor, veíamos como su pulso bajaba y de pronto subía hasta 75, 80 pulsaciones por minuto. Su enfermera Elizabeth, quien estuvo a su lado todo el tiempo y que esta aquí con nosotros hoy, me dijo: “Cuantas gentes quisiera tener un corazón como este.”

    Elizabeth, si tu supieras solo la mitad de esto—el corazón que ese hombre tenia! Cuando murió, su jardinero Israel vino a su funeral y le dije: “Yo no puedo ayudarte mas, pero alguien seguramente lo hará”.

    Yo se que mi hermano tuvo algunos críticos. Algunos lo culpaban por lo que hizo o dejo de hacer pero yo no creo que nadie puede dudar de su sinceridad o patriotismo. Y para terminar, quiero dejarlos con algo para que ustedes lo recuerden, unas palabras que dijo un famoso patriota americano a principios del siglo, en el año 1910, un Presidente con el nombre de Teddy Roosevelt.  El escribió: “No es la critica lo que cuenta, ni como el hombre pudo haber hecho las cosas mejor. El crédito pertenece al hombre que esta en la arena, con la cara llena de polvo, sudor y fango, que lucha valientemente, que falla una y otra vez. No hay ningún esfuerzo sin errores y defectos. El que se esfuerza a si mismo para lograr una causa justa, el que conoce de los grandes entusiasmos y las grandes devociones, que se gasta a si mismo en una causa valida, este conocerá al final el triunfo de su trabajo y en el peor de los casos, si falla fallara en grande, de manera que su lugar nunca estará con las almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota.”

     Adiós, querido hermano, yo te diría que descanses en paz, pero sé que estas allá arriba luchando por todos nosotros.  Te quiero.